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Capítulo 8 "Esposas, sean sujetas"

“Esposas, sujétese cada una a su esposo
como corresponde a quienes pertenecen al Señor”.
Colosenses 3:18 

El principio de sumisión es probablemente uno de los principios de la Biblia menos tomados en cuenta y de los más odiados, sin duda, por muchas razones. Primero, creo que es una falta de comprensión de este principio o una falta de entendimiento. Aquellos que más se acercaron a interpretarlo, no lo habían cumplido en sus vidas, y, sin saberlo, desviaron a otras mujeres diciéndoles lo que ellas querían escuchar, en lugar de ayudarlas a conocer la verdad. Yo, personalmente, creo que hay mujeres, como yo, que están realmente hambrientas por la verdad, “y conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Juan 8:32 NTV). Yo creo que si ha llegado hasta este punto en este libro “Mujer Sabia” ha probado que es la verdad lo que usted busca.

Por lo tanto, tuve el privilegio, reto y oposición para el “predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza. Llegará el tiempo en que la gente no escuchara mas la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras de mitos” (2 Timoteo 2:2-4).

Otra de las razones por lo que la sumisión es un tema difícil y odiado, es que creo fielmente que se le teme al hecho que otro ser humano pueda abusar o hacer un mal uso de su autoridad sobre una mujer o un niño, quienes son débiles o más vulnerables. Esta es realmente una situación extraña, pues la sumisión es el vehículo para que sean exaltados aquellos que han decidido caminar con la verdad en lugar a resistirse a ella. “Pues aquellos que se exaltan a si mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados” (Juan 14:11 NTV). Para mí, el entender realmente la verdad, tuve que pasar por esos momentos  de sumisión en circunstancias bien difíciles. Y esta es siempre la manera de Dios para revelarnos lo más escondido y las más poderosas verdades, así como la manera en la que El confirma que ¡sí!, ¡Su Palabra es verdad!

Finalmente, ser sujetas y sumisas es un obstáculo y una batalla difícil porque constantemente somos bombardeados con el concepto de que merecemos ser libres para hacer todo lo que queremos, como si eso fuera lo que nos hace feliz. Y, como resultado, hemos sido testigos de tantos desamores y desencantos: hogares despedazados y vidas rotas. Por esa falta de sumisión y falsa libertad es por lo que muchos esposos y esposas dejan a sus conyugues y a sus familias, sin importarles la felicidad de todos por la felicidad de ellos mismos.

El ser sumisas o sujetas es muy parecido a ser obedientes. Dios advierte a los hijos que deben honrar a sus padres por medio de la obediencia, ellos no lo hacen porque no quieren obedecer. Las escrituras dicen lo siguiente, “Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor, pues esto es lo correcto. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con una promesa), te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra” (Efesios 6: 1-3 NTV). Tome en cuenta que este es el primer mandamiento que tiene una promesa cuando se obedece, “te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra”. Creo que mucha de la rebelión de los hijos es que no ven en sus madres una sujeción a sus esposos(o a alguna figura de autoridad en su vida).

He visto los frutos de ver a mis hijos respetar y someterse a la autoridad (buena y mala), y a causa de esto he sido testigo que ellos, también, se rinden al favor de Dios en sus vidas, y a Su mano. “Sus descendientes serán reconocidos y honrados entre las naciones. Todo el mundo se dará cuenta de que es un pueblo que al que el Señor ha bendecido” (Isaías 61:9).  Y déjeme asegurarle algo, no es lo que yo les digo a mis hijos, pero es algo que ellos mismos han visto y seguirán presenciado en mi vida. Lo que digo tiene pequeños efectos en los niños (o en otros que nos conocen), es como nosotros vivimos lo que tiene más efecto, más que todo cuando hemos vivido momentos especialmente difíciles que retan lo que nosotros creemos, que realmente terminan afectando a las personas que nos observan.

Si honrando a nuestros padres (y a todas las autoridades) generan favor y bendiciones, concluimos con que haciendo lo contrario, no honrando a nuestros padres (la rebelión a la autoridad) tenemos penosas consecuencias, y lo vemos en este versículo, “Supongamos que un hombre tiene un hijo terco y rebelde, que no quiere obedecer ni a su padre ni a su madre, a pesar de que ellos lo disciplinan. En un caso así, el padre y la madre tendrán que llevarlo ante los ancianos mientras estén juzgando en las puertas de la ciudad... Entonces todos los hombres de esa ciudad lo matarán a pedradas. De ese modo limpiarás esa maldad que hay en medio de ti, y todo Israel se enterará y tendrá miedo” (Deuteronomio 21: 18-21). La razón por la que habría que apedrear es para remover lo vil y toda la influencia de un hijo desobediente o rebelde. Creo que esto traería la atención a una nación si usara este método, aun si no, el versículo nos alerta lo serio que es para los ojos de Dios la rebelión.

Volviendo a la sumisión y a ser sujetas(que se define como estar bajo la autoridad de otro), si usted es como yo, no tenía ni la más remota idea de que una esposa debía de estar bajo la autoridad de su esposo. Una vez más veamos, “…Mi pueblo irá al destierro… porque no me conoce….” (Isaías 5:13). Siempre fui instruida y también testigo de que el matrimonio era como una sociedad. Yo solo podía ver un forcejeo para el que estaba a cargo, ya sea el esposo o la esposa, dejando que ganara el mejor o que tomara el cargo. En mi casa, la que ganaba siempre en la guerra de la autoridad, era mi madre.  Sin embargo, al final veía que era ella misma la que terminaba perdiendo, y al mismo tiempo eran sus hijas las que terminaban sufriendo las consecuencias.  Sino fuera por la Gracia de Dios, ese legado hubiese pasado a mi generación, y yo a mis hijos(y así a la siguiente generación), si no hubiera buscado a Dios para conocer la verdad, la cual nos ayudó a sobrepasar esto.  Entonces qué cree ahora: ¿es la sumisión en el matrimonio (y todo nivel de autoridad) aplicable hoy en día donde se encuentra uso indebido y abuso?  Aquí hay varios versículos que nos deben ayudar con el área de autoridad y si estamos o no dispuestos a someternos.  “Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él” (Rom. 13:1).  Entre más oscuro o pecaminoso sea el tiempo y/o la situación, mayor será la gloria de Dios.  Jesús dijo, “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo. No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento.  Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido” (Mt. 5:16–18).

Es emocionante mirar que cada vez hay más y más mujeres que buscan conocer la verdad, que puede ser por la multitud de familias que se están derrumbando a nuestro alrededor, especialmente cuando es la suya propia.  Ya sea que esté casada o no, o como yo, divorciada; entender los beneficios de la sumisión (y ser sumisa) es algo que nosotras como mujeres no nos debemos de esconder, sino que al contrario debemos abrazar; no por nuestro bien sino por el bien de todas las mujeres y por los hijos que serán destruidos si continuamos corriendo y escondiéndonos. 

Lo que necesitamos aprender y entender es ser sumisas y sujetas a quien y cuando.  Mientras lo haga, verá que será para usted, como lo fue para mí, la experiencia más liberante – no solamente libertad, ¡sino que resulta en beneficios increíbles que acompañan una enorme bendición para usted, sus hijos, nietos, y todas las mujeres en su vida!  Hoy comineza con usted.  Sumisión y ser sujetas no es nada de temer.  Si Dios estableció esta cadena de autoridad, tiene que ser para nuestro bien.  Es sólo cuando somos ignorantes de ello (como lo fui yo), rehusamos aprenderlo (mirando lo que la Biblia realmente dice y no la interpretación de alguien de lo que él o ella piensa que dice), o le tememos (porque tememos que significa que estamos perdiendo algo, o peor aún, que nos estamos poniendo, o a aquellos a quienes amamos, en peligro) que la sumisión nos puede hacer daño. 

Por lo tanto, si puede controlar sus temores, y confiar que Dios quiere bendecirla y no maldecirla, entonces abra su mente y su corazón y pídale al Espíritu Santo que le ayude a abrazar el principio de sumisión.  Aquí era donde yo me encontraba cuando escribí este capítulo.  Cada vez que que me retaban sobre lo que yo enseñaba sobre sumisión, regresaba una y otra vez a buscar la verdad.  Cada vez, en vez de disipar lo que ya estaba escrito, sólo me ayudaba a fortalecer el principio que las esposas deben ser sujetas a sus propios maridos, fuera él cristiano o no, o ni siquiera un buen hombre.  Es por eso, querida lectora soltera, que debe escoger sabiamente: buscar al Señor por un hombre que busque más al Señor que lo que la quiera a usted.  Así que vamos a entender lo que Dios nos dijo sobre sumisión y la bendición de ser sumisa.

Una mujer llamó un día y preguntó, “Qué tan lejos espera Dios que una mujer vaya en cuanto a someterse a su esposo?”  ¿Qué tal es esto para la verdad?  Yo sé, por los años que llevo ministrando a otras mujeres que la mayoría de las mujeres rechazan someterse en nada a sus esposos– no es algo que pueda considerar irrazonable para nada.  Las mujeres solamente quieren tomar sus propias decisiones en cada área de sus vidas, especialmente en sus hogares y matrimonios, ¡y no quieren a nadie diciéndole qué hacer!  Esto forma 99.9 porciento lo que las mujeres tratan en su día a día en cuanto a sumisión.  Es una cuestión de la “carne”, no una cuestión de “¿Qué tan lejos espera Dios que una mujer vaya en cuanto a someterse a su esposo?”  La mayoría de las mujeres están renuentes en ni siquiera tomar el primer paso para mantener paz y armonía en sus hogares al someterse y morir una pequeña muerte a la carne al hacer lo que sus esposos le pidan que hagan y dejarlos dirigir. 

Lo que las mujeres realmente están buscando (cuando me preguntan o hablan del concepto de qué tan lejos ellas deben someterse a sus esposos) es la ruta de escape para retirarse de la sumisión por completo.  Sin embargo, ese tipo de acto peligroso e irrazonable sí existen.  Sin embargo, en vez de liberarnos de someternos comprueban que Su palabra es verdadera y se puede confiar en ella.  Yo lo sé.  En mi propio matrimonio tuve que enfrentar algunas decisiones sobre sumisión pero estaba decidida de encontrar la verdad en vez de buscar una salida, que fue donde encontré esta verdad maravillosa.  “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (1 Cor. 10:13).

¿No le encanta este versículo?  Primero, El nos dice que esta tentación de “querer escapar” es común, pero la verdad máxima es que nuestra ruta de escape es para ser capaz de resistirla – no ser librada de ella.

Así que si está lista, déjeme encaminarle por el mismo viaje por el cual el Señor me llevó mientras yo buscaba las Escrituras por Sus respuestas.  Yo no estaba interesada en encontrar la opinión de alguien más, sino en solo saber la verdad.  Yo quería saber exactamente lo que Dios había dicho.  Primero, miremos a los dos ejemplos de sumisión que Dios específicamente le pide a las mujeres que sigamos – solamente hay dos: Jesús y Sara.

Jesús

Sigue Sus pasos.  “Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia” (1 Pedro 2:21-23).

Sométase de la misma manera.  Después de la Primera Carta de Pedro 2 nos dice que “sigan sus pasos”; el capítulo 3 inmediatamente comienza con, “Así mismo.” Nos dice que “Así mismo” como Jesús se sometió a Dios, Su Padre Celestial, las esposas deben someterse a sus esposos.  Esto no lo estoy diciendo yo; es lo que dice Dios en Su Palabra.  Para que comprenda esto, si está luchando con esto, es sabio que lo lea en su propia Biblia, comenzando con la Primera Carta de Pedro 2 hasta Primera Carta de Pedro 3:6.

Cristo es la cabeza de TODO hombre.  Nosotros sabemos y entendemos que Dios Padre está sobre Jesús, aún as, ¿cómo estamos seguras de que nuestro esposo (salvo o no) está sobre nosotras?  Aquí está lo que dice, “Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo” (1 Cor. 11:3).

Muchas de nosotras estamos de acuerdo que a lo mejor, seguramente, debemos someternos o ser sujetas a nuestros esposos, ¡pero ciertamente no, si ellos están en pecado o si nos están pidiendo pecar!

Desobediencia a la Palabra.  Dios se aseguró de cubrir el área de la desobediencia de un esposo y lo que una mujer debe hacer en esa situación.  Aquí está lo que El dice, “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1-2  -Biblia de las Américas).

Ah, y como le estoy animando a que lea de su propia Biblia, si usa la versión King James, este mismo versículo dice “que puedan ser ganados por la conversación de sus esposas.”  Si es como yo, entonces se puede relacionar con lo que pensé, “Esto es maravilloso.  ¡Le puedo hablar a mi esposo sobre cuando él está mal y discutir sus errores!”  Bueno, ¿adivine qué?  Yo realmente estaba en busca de la verdad, así que el Señor me guió a buscar la palabra “conversación” en mi libro de concordancias, ¡y descubrí que significa mi “actitud,” no hablando!  En otras palabras, mi esposo sería ganado a hacer lo correcto, no por lo que yo le dijera, sino por la actitud correcta.  ¡Dios me dijo que la actitud correcta era ser casta y respetuosa no importando lo que estuviera haciendo él!  Lo que me sorprendió aún más fue el versículo que se encuentra más adelante en Primera de Pedro.  Decía que si obedecía a mi esposo como Sara obedeció a su esposo, Abraham, entonces yo podría ser como ella.  Este es el seguno ejemplo de sumisión que Dios específicamente pide a las mujeres seguir.  La próxima es Sara.

Sara

Lo llamaba su señor.  Aquí está el versículo sobre Sara, “Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor” (1 Pedro 3:6).

Somos como Sara si: 1) obedecemos a nuestros esposos como ella hizo, y 2)si lo hacemos si vivimos “sin ningún temor.”  ¿De qué deberíamos tener miedo? Bueno, ¿qué le pidió su esposo Abraham a Sara que le causaría temor?

En Génesis 12:11-13 y también en Genésis 20:2, ¡vemos cómo Abram (luego Abraham) le pidió a Sarai que mintiera! ¡A pecar!  Sin embargo, no terminó ahí, con una mentira – esta mentira llevó a un pecado mayor.  Abraham le dijo a Sara que dijera que ella era su hermana, ¡permitiéndole a que otro hombre la tomara como esposa!  Ella obedeció a su esposo.  ¡Eso es sumisión!!  ¡No hay muchas mujeres que hayan sido llamadas a este tipo de sumisión!

Pudiéramos descartarlo si esta fuera la única parte de las Escrituras en relación a la sumisión de una esposa con su esposo.  Sin embargo, esta no es la única Escritura sobre la sumisión de la esposa a su esposo.  Encontré que las Escrituras tienen mucho más que decir sobre el tema y confirma que Sara estuvo en lo correcto al someterse a su esposo en todo.

Someterse en todo.  Esta escritura explica que su relación con su esposo debe ser la misma que la relación de Cristo con la iglesia.  “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.  Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.  Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo” (Efesios 5:22-24).  ¿No es triste que muchas iglesias no se someten a Cristo y a Sus enseñanzas, y de la misma manera, así también muchas mujeres no se someten a sus esposos?  ¿Hay alguna correlación?  ¿Es aquí donde la raíz de la rebelión comienza?

Santas mujeres.  ¿Dónde estaba mi esperanza cuando me sometía a mi esposo en lo que me esforzaba en ser una “mujer santa”, y de dónde vendría mi esperanza?   “Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo” (1 Pedro 3:5).  Si está casada (o cuando estuvo casada) su esperanza y confianza debe estar en Dios.  No debemos confiar en el hombre o autoridad, ¡sino en Dios solamente!  ¿Cómo podemos confiar en Dios si nuestra autoridad nos hace daño?  Las Escrituras dicen, “Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación” (Rom. 13:3).  ¿Cómo puede decir la Escritura esto cuando nosotros sabemos que muchas veces la autoridad sobre nosotros no está al tanto de nosostros, no nos cuida, y hasta nos ha abusado?

Bueno, como debemos someternos como Sara y como Jesús, entonces miremos cómo Sara se sometió a su esposo.  La respuesta es que Sara y Jesús confiaban totalmente en Dios. “Así dice el Señor:  «¡Maldito el hombre que confía en el hombre!  ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor!  Será como una zarza en el desierto: no se dará cuenta cuando llegue el bien.  Morará en la sequedad del desierto, en tierras de sal, donde nadie habita.  »Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él.  Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes.  En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.»” (Jer. 17:5–8).

¡Sara no estaba confiando en su esposo, Abraham, ya que era él quien era doblemente responsable por la posición comprometedora con el Faraón!  Ella solamente confiaba en Dios simple y completamente. Lo mismo ocurre con Jesús.  Cuando El fue abusado y sufría dice, “Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia…!” (1 Pedro 2:23).  Si Jesús hubiera resistido el mal, o luchado contra el mal. ¿dónde estaríamos?  El no sólo se sometió al mal para que nosotros fuéramos liberados del pecado por Su muerte y resurrección, sino para que también tuviéramos un ejemplo a seguir, “Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos” (1 Pedro 2:21).

Una vez las mujeres se dan cuenta lo que Dios realmente dijo sobre la sumisión, ellas tratan de escaparse con “Pero yo me casé con el hombre equivocado.”  Si yo hubiera sido Sara, ciertamente yo hubiera pensado esto mismo.  Yo le di esa excusa a Dios y a otras personas también.  Sin embargo, Dios me mostró que yo pudiera perder mi tiempo pensando “que tal si…” o descansando en este versículo, “Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él” (Rom. 13:1).

Nuestro Padre sabía con quien se casaría usted y con quien me casaría yo antes de la fundación de la tierra.  El promete usarlo para nuestro bien, si dejamos de pensar en “que tal si” y nos concentráramos en el propósito de Dios si estamos sufriendo por un error.  “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer” (Heb. 5:8).  “ Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito(Rom. 8:28).  Todas las cosas significa exactamente eso – Dios usará para nuestro bien aun nuestros errores cuando lo amamos y buscamos descubrir Su propósito para los eventos adversos en nuestras vidas.

Cuando miré el ejemplo de Cristo y Su sumisión a autoridad, pude ver que Su situación era muy similar a la mía.  Jesús estaba lideando con hombres irrazonables quienes le denigraban, le causaban sufrimiento, y lo amenzaban.  “Criados, sométanse con todo respeto a sus amos, no sólo a los buenos y comprensivos sino también a los insoportables…  Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia” (1 Pedro 2:18, 23).  “Si el gobernante se enoja contigo, no renuncies a tu cargo [o muestres un espíritu oponente]. Para los grandes errores, un gran remedio: la paciencia” (Eclesiastés 10:4, TLA).  Dios claramente nos dice que no importa como seamos tratados por aquellos en autoridad sobre nosotros, nosotros debemos ser respetuosas y sumisas si queremos Su máximo favor y bendición.  Esto puede ser difícil para algunas de ustedes digerir, pero Sus senderos son los que llevan al único camino para los justos a seguir y escoger otro camino no nos llevará a la libertad sino que nos lleva a más sufrimiento.  “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte” (Prov. 14:12).

Y ya que estamos discutiendo no resistir la maldad en la relación matrimonial, usted sabía que la primera palabra del Señor cuando El comenzó Su ministerio, claramente nos enseñó que no debemos resistir la maldad de nadie.  Sin embargo, muchos cristianos no viven así.  Más adelante, en Sus beatitudes, dijo “Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa.  Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos” (Mt. 5:39–41).

Como esto es tan difícil de vivir, las bendiciones son enormes cuando lo haga.  Tuve el privilegio de aplicar algunos de estos pricipios cuando mi esposo se divorció de mí la segunda vez, y como resultado, le he presentado a Jesús a muchas más personas que jamás hubiera soñado.

¡Blasfemar la Palabra de Dios! Cuando estamos casadas, ¿por qué es tan importante someternos a nuestros esposos?  ¡Es porque cuando no lo hacemos nuestras acciones blasfeman a Dios! “A las ancianas… deben enseñar … a las jóvenes a amar a sus esposos… a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios” (Tito 2:5)

Como conviene en el Señor. “Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18).  Lo más difícil de entender para una mujer es que se nos pide mirar más allá de nuestro esposo terrenal y darnos cuenta que nuestras acciones, actitudes, y cómo respondemos no tiene nada que ver con el hombre que está parado frente a nosotras, sino que tiene todo que ver con Dios y como nos sentimos hacia El.

Es similar a lo que le digo a mis hijos menores cuando son desobedientes o le faltan el respeto a sus hermanos mayores quienes los están cuidando mientras estoy fuera o viajando extensamente, “ Si no los obedecen y respetan, entonces no me obedecen y respetan a mí porque ellos están tomando mi lugar porque yo no estoy ahí.”  Yo sé que mis hijos mayores no son tan pacientes o maduros como yo, pero sin embargo, mis hijos menores deben obedecerlos y respetarlos por su propia seguridad y bienestar.  

La mujer fue engañada.  La razón más importante por la que debemos estar bajo la autoridad de nuestros esposos para nuestra protección.  “La mujer debe aprender con serenidad, con toda sumisión.  No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él; debe mantenerse ecuánime.  Porque primero fue formado Adán, y Eva después.  Además, no fue Adán el engañado, sino la mujer; y ella, una vez engañada, incurrió en pecado Pero la mujer se salvará siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad” (1 Tim. 2:11–15).

Para aquellas de ustedes que al igual que yo no permanecen casadas o divorciadas, entonces nuestra protección es nuestro Esposo celestial, Jesús, que es el Esposo de la esposa abandonada, lastimada, y rechazada.  “No temas, porque no serás avergonzada.  No te turbes, porque no serás humillada.  Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez.  Porque el que te hizo es tu esposo; su nombre es el Señor Todopoderoso.  Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!  El Señor te llamará como a esposa abandonada; como a mujer angustiada de espíritu, como a esposa que se casó joven tan sólo para ser rechazada —dice tu Dios—” (Isa. 54:4–6).

Por los tiempos en que vivimos, muchas de nosotras tenemos dificultad aceptando el concepto de sumisión.  Sin embargo, querida hermana en Cristo, no hay nada que Dios nos ordene a hacer que no sea para nuestro bienestar.  Ser sumisas a la autoridad nos protegerá de toda decepción y nuestra destrucción (y aquellos a quienes amamos).

Testimonio

Es con el permiso de mi antiguo esposo (cuando estábamos casados) que comparto este testimonio de sumisión con ustedes.  Es mi esperanza que este ejemplo la deje en paz de una vez por toda, su temor a someterse a su esposo.  Espero que mi testimonio le muestre que Dios la protegerá cuando usted tome una postura extrema al someterse a su esposo, aunque él sea desobediente a la Palabra.  Señoras, la sumisión se aplica hoy día.

Una noche estábamos con algunos socios de negocio, él me dijo que íbamos a un club nocturno donde había bailarinas nudistas.  Entonces, se movió hacia mi cara y dijo, “Entonce, ¿estás lista a someterte?”  El había resuelto que yo fuera con él, así que acepté.  Cuando salió a comprar las entradas, entré al baño y oré “en voz alta” como nunca había orado antes.  Inmediatamente, ¡Dios llegó!  Nos cruzamos con uno de sus amigos quien nos preguntó que a donde íbamos.  Cuando mi esposo le dijo, este hombre se volvió loco diciéndole a mi esposo lo horrible que era ese lugar y que no me llevara.  Pude haber caminado en el aire – mi fe en Dios volaba.

Sin desanimarse, sacó entradas para otra (un poco menos obscena) presentación.  Mi fe estaba fuerte; ¡yo sabía que Dios me libraría!  Mientras más nos acercábamos a nuestro destino, seguía mirando e imaginando como Dios iba a detener a mi esposo.  Sin embargo, me quedé espantada cuando entramos, nos sentamos, y él ordenó bebidas.  Solo para que entiendan la magnitud de esta sumisión, ¡la mujer adúltera de mi esposo se sentó al lado de mi esposo en nuestra mesa, que se encontraba justo al lado del escenario!  Lágrimas llenaron mis ojos cuando comenzó la presentación, no porque mi esposo me hubiera traido, sino porque sentí que Dios me había abandonado. 

Señoras, Dios es tan fiel, y podemos confiar en El.  Cuando bajaron las luces justo después del primer número (que de hecho, yo NI siquiera lo pude mirar por mis lágrimas), mi esposo a su vez me miró y me dijo, “¡Corre!  ¡Sal de aquí!”  ¡Nuevamente me sometí y corrí! “Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo” (1 Cor. 6:18).  Pronto mi esposo se encontró conmigo con lágrimas en sus ojos.  El dijo, “No puedo creer que te hice esto.  Lo lamento tanto.  Nunca más volveré a pedirte que te sometas así.  Estoy avergonzado conmigo mismo.”  El nunca lo hizo.  

Señoras, Dios tiene una bendición para nosotras cada vez que confiamos y demostramos nuestra fe solamente en El!  Frecuentemente, Dios nos libra, ¡pero a veces debemos pasar por la “prueba de fuego” para entonces recibir nuestra recompensa!  Dios es fiel; ¡podemos confiar en El aunque nuestros esposos pongan nuestra sumisión a prueba!

Preguntas Contestadas por las Escrituras

¿Qué es sumisión o ser sujeto?  Es obedecer sin una palabra, especialmente cuando su esposo está desobedeciendo la Palabra de Dios (1 Pedro 3:1).  No es regresando con una injuria o amenzándolo.  Primera de Pedro 3:9 dice, “No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan…”

¿Se aplica la sumisión hoy?  “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Heb. 13:8).  En Mateo 5:18, Jesús dice, “Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido.”

¿Cómo Puedo Hacer lo que Dios Pide?

¿Cómo es posible que yo pueda hacer todo lo que el Señor me pide hacer como esposa en el mundo de hoy? – ¡Solamente por gracia!  ¿Cómo recibe gracia? – Humillándose a sí misma.  En Santiago 4:6 dice, «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.»  Sí, contrario a las opiniones del mundo, las mujeres son más débiles que los hombres.  “En cuanto a ustedes, los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Reconozcan que ellas no tienen la fuerza de ustedes…” (1 Pedro 3:7-TLA)

¡Demos gracias a Dios por la protección que El nos da cuando le obedecemos y somos sumisas con nuestros esposos: terrenal o celestial!  En lugar de luchar para salir de la autoridad protectiva de nuestra autoridad, ¡adoremos al Señor por crearnos mujeres, y comencemos a aprender a aplicar las bendiciones de ser Su novia!

Sumisión.  Para ayudarnos a “dejar ir” nuestros miedos sobre la sumisión, puede ayudarle mirar más de cerca el ejemplo de Sara.  Me han acusado de enseñar “sumisión hacia el pecado.”  Aunque esa frase casi suena Bíblica, es absolutamente ficticia.  El significado detrás de estas palabras ciertamente se encuentra en la vida de Sara.  Le puedo decir honestamente que ha sido una jornada cuidadosa buscando mucho por la verdad.  Dios dice, “busquen, y encontrarán” (Mt. 7:7) y “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente” (Stgo. 1:5)

Muchos cristianos y líderes religiosos no estaban de acuerdo con mis enseñanzas sobre sumisión, pero su oposición realmente me ayudó, me animaron a buscar y a encontrar la verdad.  Entre más escrudriñaba la Palabra, y entre más seguía lo que aprendía con obediencia radical, más podía enseñar sumisión con audacia. 

Señoras, encontré que la falta de sumisión está a la raíz de la existencia de la mujer contenciosa.  No es cuando, ni a que usted se somete; es el “espíritu de rebelión” que existirá si usted no confía en Dios completamente con los resultados de su sumisión.

Las bendiciones vedaderas vienen de confiar en Dios, no en confiar en el liderazgo de  nuestros esposos, porque “El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor” (Prov. 16:9).  Usted y yo necesitamos “Confiar en el Señor” y no confiar “en el hombre!  ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza” (Jer. 17:5).  Debemos estar dispuestas a buscar la verdad en la Palabra de Dios.  Personalmente, yo vivo lo que escribo, y mis testimonios atestiguan la verdad de las Escrituras.  También he visto los muchos “frutos malos” que vinieron de aquellos que se opusieron a la sumisión completa.  “Por sus frutos los conocerán…” (Mt. 7:16).  Sumisión selecta no es sumisión – es rebelión, ¡y rebelión es brujería!  “La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría” (1 Sam. 15:23).

¡Cualquier mujer que se protege a sí misma demostrando un espíritu de desobediencia nunca tendrá la protección completa ni mirará las bendiciones verdaderas que Dios tiene intención de darle a ella!

¿Se Sometió Sara al Pecado?

¿La obediencia de Sara la sometió al pecado?  No, Sara no pecó.  Fue Abraham, quien era la autoridad de Sara, quien pecó.  Cuando él le pidió que dijera una media-mentira (por supuesto, una media-mentira es una mentira como quiera, y por lo tanto, un pecado), Sara obedeció, y como resultado de su obediencia a su esposo, Dios la protegió.

Como ya dije, es importante para las mujeres entender la orden que se nos dio como mujeres.  “Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor” (1 Pedro 3:6).

Debemos buscar la verdad en la Palabra de Dios para que nosotras, como mujeres, lleguemos al conocimiento de la verdad, “…Así son los que van de casa en casa cautivando a mujeres débiles cargadas de pecados, que se dejan llevar de toda clase de pasiones.  Ellas siempre están aprendiendo, pero nunca logran conocer la verdad” (2 Tim. 3:6-7).

No debemos hacer debate con la Escritura.  Debemos estar “siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto” (1 Pedro 3:15-16).  También debemos recordar “manteniendo la conciencia limpia, para que los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo, se avergüencen de sus calumnias.  Si es la voluntad de Dios, es preferible sufrir por hacer el bien que por hacer el mal” (1 Pedro 3:16-17).

Discusiones inútiles.  Si otros tratan de enseñarle o decirle algo contrario a las Escrituras, sólo recuerde, “Si alguien enseña falsas doctrinas, apartándose de la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo y de la doctrina que se ciñe a la verdadera religión, es un obstinado que nada entiende. Ese tal padece del afán enfermizo de provocar discusiones inútiles que generan envidias, discordias, insultos, suspicacias y altercados entre personas de mente depravada, carentes de la verdad” (1 Tim. 6:3-6).

Todos nosotros debemos tener cuidado de obedecer la Palabra de Dios, y por nuestro ejemplo, enseñe a otros lo que El nos ordena.  “Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo a ustedes, que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley” (Mt. 5:19–20).  Esto incluye nuestras hijas, nuera, hermanas, y madre, al igual que sus amigas, cristianas o no.

Escribas y fariseos.  Jesús se refería a los fariseos como hombres ciegos, hipócritas, hijos del diablo, tratando de agarrar o atrapar a Jesús en lo que El decía.  El también dijo que los fariseos estorbaban el potencial de los creyentes, pervertían las Escrituras, se justificaban por sí mismos antes los hombres, eran justos exteriormente, y ciegos a las cosas espirituales.  Los escribas eran expertos en asuntos legales.  El se refería a ellos como hombres rectos exteriormente, que enseñaban sin autoridad, e interrogaban a Jesús en Su autoridad.  Jesús los expuso, los condenó, y los llamó hipócritas.  (Las referencias de arriba son de NAS Biblical Cyclopedia Index).  Que nuestras vidas no sean como las de los escribas y fariseos.  Que nuestros corazones estén abiertos mientras buscamos la Verdad.

Sus propios deseos.  Usted fácilmente puede encontrar a alguien que le dirá lo que usted quiere escuchar.  “Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos”  (2 Tim. 4:3-4).  ¿Estamos viviendo en el tiempo donde las mujeres no soportarán la sana doctrina?  ¿Se volverá usted a los mitos?

Si usted quiere conocer la Verdad, camine conmigo una vez más para buscar la Palabra en lo que se refiere a la obediencia de Sara. 

El Ejemplo de la Obediencia de Sara

Para contester la pregunta “¿Qué tanto debe una mujer someterse a su esposo?,” solamente tenemos que mirar a la vida de una mujer, de quien la Palabra de Dios dice que es nuestro ejemplo de sumisión, Sara (1 Pedro 3:6).  Miremos muy detenidamente todas las referencias a Sara y su relación con su esposo, Abraham. 

¡La Biblia hace referencia sobre Sara 59 veces!  En todas esas referencias sólo hay tres en las que Abraham le pide a ella que haga algo.  Recuerde, ella debe ser nuestro ejemplo de obediencia hacia nuestros esposos.

En Génesis 12:11, Abram le dice a Saray lo bella que es y que cuando entren a Egipto ella debe decirle a los egipcios que ella es su hermana para que él pueda vivir.  Esta era media-verdad ya que ella era su “media hermana.”  Luego se señala que a Abram fue “tratado bien” por consideración a ella (Saray).  ¿Pecó ella al mentir o es inocente porque la autoridad sobre ella le dijo que mintiera?  Ella era inocente.

Cuando estaba por entrar a Egipto, le dijo a su esposa Saray: “Yo sé que eres una mujer muy hermosa.” Entonces, en Génesis 12:17, “…Pero por causa de Saray, la esposa de Abram, el Señor castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.”  Luego dice que “debido a Saray” faraón le preguntó a Abram (no a Saray) por qué él le había hecho eso.  En el final hacen a Abram responsable.  Faraón entonces envía a Abram y a su esposa, Saray, los despide con todas sus pertenencias.  Entonces en Génesis 17:15-21, la Palabra nos dice que Saray sería la “madre de muchas naciones” y “reyes vendrían de ella.”  Así nuevamente, Abram es responsable por lo que le dice a su esposa que haga, y Saray es bendecida por su obediencia.

Ahora, en Génesis 18:6-15, vemos a Abraham preguntándole a Sara (Dios le ha dado nuevos nombres ahora) a que fuera e hiciera tortas para los visitantes.  Encontramos que Sara nuevamente obedece a su esposo y hace las tortas.

Créalo o no, en Génesis 20:2-18, hay una cuenta donde Abraham miente, “Abraham decía que Sara, su esposa, era su hermana. Entonces Abimélec, rey de Guerar, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa.”  Esta vez Sara no tuvo que mentir. El Señor la libró de eso.  Sin embargo, ¡a ella la toman como esposa de otro hombre!  Entonces, en el versículo 5, vemos al rey suplicarle a Dios por su vida.  En el versículo 6, vemos la protección del Señor sobre Sara cuando El le dice al rey, “por eso no te permití tocarla.”  La Palabra de Dios nos dice “que (Sara) obedecía a Abraham y lo llamaba su señor” y que debemos vivir “sin ningún temor” no importa lo que nuestros esposos nos pidan hacer.  Dios protegió a Sara, ¡y El nos protegerá también!!

Para comprobar más que nosotras no somos responsables cuando obedecemos a nuestros esposos, no importa lo que nos pidan que hagamos, miramos en el versículo 9 que cuando el rey le echa la culpa a alguien, el culpa a Abraham.  “Entonces Abimélec llamó a Abraham y le reclamó: —¡Qué nos has hecho!…¡Lo que me has hecho no tiene nombre!”  En el versículo 12, Abraham explica su media-mentira (que todavía es pecado).  Entonces, en el versículo 13 Abraham aclara a Sara de cualquier cosa malhecha.  Le confiesa al rey que fue su idea engañarlo.  “Yo le dije a mi esposa: “Te pido que me hagas este favor: Dondequiera que vayamos, di siempre que soy tu hermano.”  Ahora fíjese nuevamente en el versículo 16, Dios bendice a Sara.  El rey le dice a Sara que él le ha dado a su hermano 1,000 piezas de plata para demostrar que ella ha sido aclarada de cualquier cosa malhecha.  Nuevamente Sara es exaltada en su inocencia como lo dice en el versículo 18, “porque a causa de lo ocurrido con Sara, la esposa de Abraham, el Señor había hecho que todas las mujeres en la casa de Abimélec quedaran estériles.”  Cuando obedecemos como lo hizo Sara, estaremos protegidas, aclaradas de cualquier cosa que nos hayan pedido que hiciéramos, ¡y bendecidas!

El próximo versículo, Génesis 21:1 dice, “Tal como el Señor lo había dicho, se ocupó de Sara y cumplió con la promesa que le había hecho.”  Dios probó la obediencia de Sara para descubrir si ella era digna para ser la madre de la Promesa y de muchas naciones.  Podemos estar seguras que Dios probará nuestros corazones también. 

Las bendicinoes de Dios para Sara no se acabaron en Génesis 21:12, “Pero Dios le dijo a Abraham: «Hazle caso a Sara…”  Dios le dice a Abraham que hiciera todo lo que Sara le pidiera que hiciera con Agar ya que Sara está angustiada por la actitud de Agar.  A pesar de que Sara se adelantó a Dios enviando a Agar con Abraham para apurarse a Su promesa para ella, ¡Dios lo hizo bien!  Encontramos la evidencia en Génesis 21:14 cuando Abraham despide a Agar con Ismael.

Obedecer

En las Escrituras hay ocho palabra diferentes para obedecer.  Tres son en hebreo del Antiguo Testamento, y cinco son del griego en el Nuevo Testamento.  Sólo la palabra Hupaku (5219 en el Strong’s Concordance), pronunciada jup a ku o, se usa con las mujeres en relación a obedecer a sus esposos.  La definición de esta palabra obedecer es: escuchar, estar bajo como una subordinada, escuchar atentamente; como consecuencia prestarle atención a alguien o amoldarse a una autoridad u orden; oír con atención, ser obediente, obedecer.  Esta palabra para obedecer se encuentra en Primera de Pedro 3:6 cuando se les ordena a las mujeres a obedecer, como Sara hizo con Abraham.  También se encuentra:

Romanos 6:17 donde dice que somos esclavos y obedecemos de corazón (vea Gen. 21:1);

Primera de Pedro 1:22 donde dice nuevamente que debemos obedecer de corazón;

Y Hebreos 11:7 donde Abraham debía obedecer al irse de Caná (vea Gen. 12:5).

Algunos, que han discutido mi fuerte postura en someterse a nuestros esposos, han usado otras referencias en las Escrituras para probar que no debemos obedecer como Sara obedeció.  Sin embargo, están usando una palabra diferente, como la palabra PEITHO (3982) pie tho que significa convencer por argumentos, pacificar, o persuadir.  Sin embargo, esta palabra no se usa en la relación entre una esposa y su esposo. 

Además, está la palabra PEITHARCHEO (3980), pie thar ke o, que significa persuadir por un gobernante (magistrado).  Esta se encuentra en Hechos 5:29, cuando Pedro y los apóstoles contestaron y dijeron, “—¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!”  Nuevamente, esta palabra para obedecer no se usa en la relación de esposo y esposa. 

Una cuarta palabra para obedecer es SHAMA (8085) que significa oír, considerar, o discernir.  Esta palabra para obedecer es usada en referencia a Daniel cuando hace una apelación para no comer la comida se la mesa del rey.  Muchos han animado a las mujeres a usar esta palabra obedecer para apelar a sus esposos; sin embargo, la Palabra de Dios no utiliza ninguan de estas palabras para obedecer con referencia a la relación entre esposo y esposa. 

Repasemos

Hemos caminado juntas a través de la Palabra para encontrar la Verdad en cuanto a someternos a nuestros esposos.  Así que repasemos lo que hemos aprendido:

  1. La única mujer en las Escrituras que se usa como ejemplo de obediencia para las mujeres a seguir es Sara. Dios protegió a Sara porque ella se sometió “como al Señor” obedeciendo a su esposo y confiando en El para su protección (Efesios 5:22). 
  2. Solo hay tres referencias en las Escrituras que hablan sobre Abraham y cuando le pide a Sara que haga algo: preparar tortas, a “medio-mentir” diciendo que ella es su hermana, e ir por una segunda vez como una esposa de faraón.
  3. Abraham fue el único que rindió cuentas por todas las cosas que Sara hizo cuando ella le obedecía.
  4. Después de su obediencia la segunda vez, Dios “tomó cuenta” y bendijo a Sara con Su promesa de un hijo en su vejez.
  5. Aquí hay cinco referencias que muestran que Abraham (y Sara) fueron bendecidos y protegidos a causa de Sara:
  6. En Génesis 12:16, “Gracias a ella trataron muy bien a Abram.”

 

    • En Génesis 20:6 dice, “por eso [Dios] no te permití
    • En Génesis 20:14-15, regresaron a la esposa de Abraham junto con regalos de ovejas, bueyes, sirvientes y sirvientas. ¡También le permitieron a él establecerse en la tierra del rey donde fuera que él quisiera y le dieron mil piezas de plata para “aclarar a Sara”!
    • En Génesis 20:18, los vientres de todas las mujeres en la casa de Abimélec quedaron estériles “a causa de lo ocurrido con Sara”.
    • En Génesis 21:12, Agar fue expulsada con Ismael porque Dios le dijo a Abraham que escuchara a Sara e hiciera cualquier cosa que ella le pidiera respecto a Agar.

    7. Abraham debió haber protegido a Sara; de todas maneras, Dios protegió a Sara porque ella le obedeció a El al someterse a su esposo, Abraham.

Por lo tanto, nosotras no debemos temer ser sumisas porque tenemos la protección de Dios.  “Los que temen al Señor, confíen en él; él es su ayuda y su escudo” (Salmo 115:11).

Ahora lo único que se interpone con la sumisión es un espíritu rebelde.  “La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría.  Y como tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado…” (1 Sam. 15:23).  Una vez comencemos a someternos de corazón y eliminemos la rebelión de nuestras acciones y actitudes, los padecimientos vendrán “para nuestra prueba.”  Es aquí donde encontramos que Dios está esperando para ayudarnos, “Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias” (Salmo 34:17).

Eva y la Caída

Hemos estudiado la vida de Sara para ver verdadera sumisión en acción.  Vimos en su vida bendición y protección, ambas.  Sabemos que Sara es exaltada en el libro Primero de Pedro por su sumisión radical a su esposo Abraham.  Pero para traernos más comprensión, sería provechoso estudiar la vida de Eva para que podamos deducir más sabiduría.

¿Qué principios de sumisión violó Eva que la llevó a “La Caída”?

Dudó a Dios y cuestionó Su Palabra.  “Así que le preguntó a la mujer: —¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?” (Gen. 3:1).  Si solamente hubiera sabido que “Toda palabra de Dios es digna de crédito; Dios protege a los que en él buscan refugio” (Prov. 30:5).  ¡Si Eva hubiera conocido y aplicado este versículo nos hubiera ahorrado mucho dolor a todas nosotras!

Añadiendo a Su Palabra.  “—Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—.  Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán.” (Gen. 3:2-3).  Ella le añadió que no podían ni tocarlo.  Cuando le añadimos a la Palabra de Dios violamos las Escrituras y nos tiende una trampa para pecar.  “No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y te exponga como a un mentiroso” (Prov. 30:6).

Escuchando la voz de Satanás.  “Pero la serpiente le dijo a la mujer: —¡No es cierto, no van a morir!  Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios,  conocedores del bien y del mal.”  Nunca debemos olvidar que Satanás es un metiroso.  “Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!” (Jn. 8:44)

Mirar al mal.  “La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió…” (Gen. 3:6).   ¿Qué debió haber hecho ella?  “que se aparte del mal y haga el bien” (1 Pedro 3:11)  Aprendamos de su error y, en lugar de eso, hagamos como hizo Job… “Yo había convenido con mis ojos…” (Job 31:1).  Jesús nos dijo lo importante que son nuestros ojos para nuestro futuro, “Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y arrójalo. Más te vale entrar tuerto en la vida que con dos ojos ser arrojado al fuego del infierno” (Mt. 18:9).

Causando a otro caer.  “Luego [ella] le dio a su esposo, y también él comió.  En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera” (Gen. 3:1–7).  “Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano” (Rom. 14:13).  “Más vale no comer carne ni beber vino, ni hacer nada que haga caer a tu hermano” (Rom. 14:21).

Tentado por sus propios malos deseos.  ¿Tuvo la culpa Eva cuando Adán pecó?  “Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Los tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!  Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cuello…” (Lc. 17:1–2).  Sin embargo, “…cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen” (Stgo. 1:14).  Hay un balance perfecto aquí.  Si nosotras somos la causa por la cual nuestros esposos caen o pecan, nosotras somos las responsables.  Por otro lado, nuestros esposos son responsables al Señor por su propio pecado.  Y mientras estamos en el tema, recuerde que si su esposo va encaminado al pecado, ¡sálgase del camino!  (Salmo 1:1)  Además, ¡nos dicen que no debemos decirle una palabra a él sobre eso! (1 Pedro 3:1)

Las Consecuencias

La primera consecuencia fue decepción.  “—La serpiente me engañó, y comí —contestó ella” (Gen. 3:13).  “Además, no fue Adán el engañado, sino la mujer; y ella, una vez engañada, incurrió en pecado” (1 Tim. 2:14).

La maldición.  A la mujer, El le dijo, “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor.  Desearás a tu marido, y él te dominará” (Gen. 3:12–16).  En inglés aparece la palabra “sin embargo”.  La definición de “sin embargo” es importante.  Significa: pero, aunque, no obstante.  Su “maldición” no es que su marido la domine.  Déjeme parafrasear.  Lo que está diciendo es “Ya que pecaste, voy a multiplicar grandemente el dolor de parto, en dolor traerás hijos al mundo; sin embargo, no obstante, pero, te protegeré poniendo a tu esposo sobre ti para que no seas engañada de nuevo.”  Dios pudo ver que la mujer necesitaría una protección especial en contra de la decepción.  Nosotras las mujeres tendemos a tomar decisiones basadas en como nos sentimos, porque parece que somos el “corazón” de la relación del “solo cuerpo” en el matrimonio.

Su protección.  Por lo tanto, tenemos protección mientras permanecemos bajo la autoridad de nuestros esposos o nuestro Esposo (si no estamos casadas).  “La mujer debe aprender con serenidad, con toda sumisión.  No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él; debe mantenerse ecuánime.  Porque primero fue formado Adán, y Eva después.  Además, no fue Adán el engañado, sino la mujer; y ella, una vez engañada, incurrió en pecado” (1 Tim. 2:11–14).

Uno en Cristo Jesús.  Ahora cuando se nos dice que debemos someternos a un hombre, este hombre no es a cualquier hombre, ni es a cada hombre.  Debemos someternos a nuestros esposos.  También debemos ser sujetas a los hombres (y mujeres) que están sobre todo hombre y mujer, tales como los jefes o la policía, etc.  Muchos cristianos se han tropezado en esta área en cuanto a las mujeres le enseñan a los hombres.  Cuando una mujer recibe el llamado a enseñar, su esposo no debe ser su pupilo.  Jesús vino para que pudiéramos vivir bajo gracia; no seamos legalistas.  “Así que no importa si son judíos o no lo son, si son esclavos o libres, o si son hombres o mujeres. Si están unidos a Jesucristo, todos son iguales” (Gal. 3:28).

Solamente una nota:  El término “ayuda idónea” es de la Biblia King James.  “Ayuda adecuada” es de las Biblias NAS y NIV.  “Ayuda comparable” es de NKJV y “ayuda apropiada (adecuada, adaptada, complementaria) para él” es de la versión Amplificada.  (Gen. 2:18).

Nuestra segunda protección.  Nuestros esposos son nuestra mayor protección; sin embargo, la Biblia le dice a las mujeres que tenemos protección adicional.  “Pero la mujer se salvará siendo madre y permaneciendo (confiando) con sensatez en la fe, el amor y la santidad” (1 Tim. 2:11–15).  La palabra confiar es de la Biblia NAS.  En el KJV la palabra “salvada” se traduce de la palabra sozo, que significa: salvar, proteger, o sanar o mantener seguro.  Nuevamente, mientras aprendimos a cómo necesitábamos obedecer a nuestros esposos sin temor (1 Pedro 3:6) también debemos continuar siendo madres en fe.  Fe, tal y como la conocemos, es lo opuesto de temor.  (Vea “El fruto de su vientre” cual escribí mientras buscaba al Señor por más sabiduría en cuanto a este tipo de protección.)

Otro resultado interesante al Eva comer la fruta fue que Dios le dijo que su “deseo” sería para su esposo.  Esta palabra deseo se traduce de la palabra tshuwqah (8669), que se define como : alargar, una añoranza, un deseo, y se deriva de la palabra shuwq (7783), que se define como correr tras algo.  Sabemos que hay muchas más mujeres que creen y buscan la restauración para sus matrimonios fracasados o matrimonios caídos y por sus esposos infieles que el número de esposos buscan a sus esposas y matrimonios.  Yo creo que la mayoría de las mujeres, su búsqueda por sus esposos y matrimonios está arraigado en este deseo que Dios puso ahí.  No es de que sean ingenuas o estúpidas o sean codependientes como tanto acusan a las mujeres de ser cuando ellas buscan restauración en un matrimonio sin esperanza.

Adán culpó a su esposa.  Si usted se pregunta por qué su esposo la culpa, ¡ha sido de esta manera desde el principio de la creación del hombre!  “Él respondió: —La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí” (Gen. 3:12).  A nuestros esposos se les advierte que “Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas” (Col. 3:19).  También, “Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos” (Heb. 12:15).

Por la tendencia de los esposos de echarle la culpa a sus esposas, Dios nos ha dado protección al darnos algunos principios a seguir: “Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras,  al observar su conducta íntegra y respetuosa… la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios” (1 Pedro 3:1–2, 4). Las esposas deben tomar los consejos que se encuentran en las Escrituras que se confirma con la sabiduría que se encuentra en Eclesiastés: “No te apresures a salir de su presencia. No defiendas una mala causa, porque lo que él quiere hacer, lo hace” (Eclesiastés 8:3).

Su error.  Entonces El le dijo a Adán, “Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer …”(Gen. 3:17).  ¿Por qué era la desobediencia de él y la decepción de ella?  ¡La última vez que el mandamiento de no comer de la fruta prohibida es mencionado fue cuatro versículos antes de que Eva fuera creada!  Sin embargo, ella no se sometió a la autoridad de su esposo cuando ella comió del fruto prohibido.  No obstante, ella no desobedeció el mandamiento de Dios directamente porque le fue dado a Adán antes de que Eva fuera creada.  Es por esto que el pecado se trasmite de Adán y no de Eva.  Eva no pecó adrede;¡ ella fue engañada!  Adán sabía lo que estaba haciendo cuando tomó la fruta de ella y se la comió.  Su caída fue el escuchar a su esposa.  También vemos que se trasmitió a Abraham cuando Sara le pidió que tomara a Agar para cumplir la promesa de un hijo por parte de Dios. “Abram aceptó la propuesta que le hizo Saray” (Gen. 16:2).  Pregúntese a usted misma si usted ha sido la “voz” de tentación con su esposo para hacer el mal.  Yo sé que fui culpable de esto mismo hasta que el Señor me mostró la verdad.  ¡Esta es una manera maravillosa de tumbar su propia casa, señoras!

Su maldición.  “Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás” (Gen. 3:17–19).  ¿Está “trabajando penosamente” tomando su castigo de trabajo como si fuera su maldición?  La maldición de trabajos penosos se supone que sea para su esposo.  (Vea “La Marcha de su Hogar” para que sea aliviada del “sudor” que usted nunca tuvo la intención de soportar.)  Ahora miremos a algunas esposas en la Biblia para obtener una persepción de su papel como esposa.  Miraremos ambos buenos y malos ejemplos.  Primero, Abigail.

Abigail

¿Qué sabemos de Abigail? “Su esposa, Abigaíl, era una mujer bella e inteligente…”(1 Sam. 25:3).

Le faltaba discreción. Encontraremos, mientras estudiamos las Escrituras, que Abigail aunque inteligente y bella, le faltaba discreción.  “Como argolla de oro en hocico de cerdo es la mujer bella pero indiscreta” (Prov. 11:22).  “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza” (Prov. 31:30).

El testimonio de Abigail. Comineza en Primera de Samuel 25 cuando aprendemos sobre su situación.  Una banda de hombres fielmente habían protegido las inmensas manadas de ovejas y cabras de su esposo; ni un animal faltaba.  Cuando los hombres escucharon que el esposo de Abigail esquilaba las ovejas, David envió un grupo de diez para sugerir que él le daría una recompensa por el trabajo que habían hecho, que era de costumbre.  Nabal (el esposo de Abigail) se mofó de ellos y de su líder y les reclamó que él no estaba obligado a pagarle de ninguna manera.  Esto enojó a David y él planificó matar a Nabal y todos los hombres de su casa.  Cuando Abigail escuchó sobre el plan de David, ella tomó cinco ovejas y grandes cantitades de comida y se adelantó a encontrarse con David.  Muchos predicadores han usado a Abigail como un ejemplo para nosotros a seguir.  Sin embargo, ella violó las Escrituras. 

¿Qué principios violó Abigail? La violación de varios principios de las Escrituras por parte de Abigail finalmente causó la muerte de su esposo.  Además esto hizo también que la tomaran como "solo una" de las muchas esposas de David.

El esposo es la cabeza de la esposa.  Una de las primeras oraciones que miramos es, “Pero a Nabal, su esposo, no le dijo nada de esto” (1 Sam. 25:19).  Abigail no le dio a su esposo la posición apropiada en su matrimonio y tomó la situación en sus propias manos.  Ella violó el prinicipio “Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo” (Ef. 5:23).  Ella debió haberle permitido a su esposo que fuera el “salvador” en esta situación.  “La rebeldía es… la arrogancia, como el pecado de la idolatría” (1 Sam. 15:23).  La rebeldía se define como: no someterse a la autoridad, sublevación, oposición a la autoridad abiertamente, y terco desafío de control.  Tantas mujeres caen presa de ser las salvadoras en sus familias, que destruye a su esposo, su familia y hogar. 

Debemos someternos a aquellos que son irrazonables.  Ella justificó su interferencia mirando las acciones de su esposo: “Nabal… era insolente y de mala conducta…” (1 Sam. 25:3).  No debemos excusar nuestra rebelión por las acciones de nuestras autoridades – la Palabra de Dios es clara. “…sométanse con todo respeto a sus amos, no sólo a los buenos y comprensivos sino también a los insoportables” (1 Pedro 2:18).  “El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina” (Prov. 13:3).

Ella trajo condenación a sí misma.  “Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo” (Rom. 13:1–2).   Cuando ella estuvo preocupada que habría peligro, ella debió haber reportado sus preocupaciones, con gentileza y muy respetuosamente, a su esposo.  Es así como dejamos las cosas en manos de Dios.  “Los labios de los sabios esparcen conocimiento; el corazón de los necios ni piensa en ello”  (Prov. 15:7).  “El justo es guía de su prójimo, pero el camino del malvado lleva a la perdición” (Prov. 12:26).  Si Nabal hubiera insistido en su terquedad, ella en vez de clamar a David por misericordia, hubiera clamado a Dios.

Ella se entrometió en una disputa que no le pertenecía.  Al tomar control de la situación, ella estaba limitando las posibilidades que Dios tenía para tratar con su esposo y la situación.  “Meterse en pleitos ajenos es como agarrar a un perro por las orejas” (Prov. 26:17).

Ella violó los principios de Primera de Pedro 3.  Yo sé que Abigail nació antes de que se escribiera Primera de Pedro.  Sin embargo, su violación comprueba que no debemos mirar a Abigail como la heroína otros afirman que ella es.  Abigail no honró a su esposo, ella no lo ganó “sin una palabra” y ella no lo llamó señor (como hizo Sara con Abraham).  Ella lo llamó “necio”.  Si Abigail hubiera honrado a su esposo, Dios la hubiera protegido como El hizo con Sara.  “Gracias a ella [el faraón] trataron muy bien a Abram. Le dieron ovejas, vacas, esclavos y esclavas, asnos y asnas, y camellos”  (Gen. 12:16).  También, “Tal como el Señor lo había dicho, se ocupó de Sara y cumplió con la promesa que le había hecho” (Gen. 20:18–21:1).

Ella era carcoma en sus huesos.  Abigail no solamente interferió con la autoridad de su esposo, sino que ella lo avergonzó también.  “No haga usted [David] caso de ese grosero de Nabal, pues le hace honor a su nombre, que significa “necio”. La necedad lo acompaña por todas partes…”(1 Sam. 25:25).  “La mujer ejemplar es corona de su esposo; la desvergonzada es carcoma en los huesos” (Prov. 12:4).  Ella llamó a David su “señor” y llamó a su esposo “grosero.”  La locura se define como disparate en lo que se dice o hace.

Ella era orgullosa.  Ella dejó saber que ella hubiera lideado con la situación de una manera diferente de como lo hizo su esposo.  Abigail fue motivada pos su orgullo: “Yo, por mi parte, no vi a los mensajeros que usted, mi señor, envió” (1 Sam. 25:25).  Sin embargo, no era su posición hacerlo.  Su posición debió haber sido hacerle “bien, no de mal, todos los días de su vida” (Prov. 31:12) a su esposo.  “Su esposo confía plenamente en ella y no necesita de ganancias mal habidas” (Prov. 31:11).

La vergüenza mató a su esposo.  La violación de principios Bíblicos de Abigail ultimadamente causaron la muerte de su esposo.  “su esposa le contó [Nabal] lo sucedido. Al oírlo, Nabal sufrió un ataque al corazón y quedó paralizado. Unos diez días después, el Señor hirió a Nabal, y así murió” (1 Sam. 25:36–38).  “La angustia abate el corazón del hombre…”(Prov. 12:25).  “…pero el que habla sabiamente
sabe sanar la herida” (Prov. 12:18, TLA).

Su esposo murió de un corazón roto.  Las consecuencias de las acciones de Abigail es que su esposo murió al escuchar la traición de su esposa.  Ella creyó que ella era mejor para lidear con la situación peligrosa. 

Las consecuencias.  Ella “aparentaba” tener éxito en sus tramas, pero al final ella recogió lo que había sembrado.  “El Señor derriba la casa de los soberbios…” (Prov. 15:25).

Abigail perdió su protección.  Ella perdió la protección que Dios había colocado sobre ella, así que, “Cuando los criados llegaron a Carmel, hablaron con Abigaíl y le dijeron: —David nos ha enviado para pedirle a usted que se case con él” (1 Sam. 25:40).  El casamiento con David fue todo menos una bendición.  Ella vivió en exilo con David junto con su primera esposa en Filistea (1 Sam. 27:3).  Ella (y la primera esposa de David) fueron capturadas por los amalecitas por un tiempo breve (1 Sam. 30:5).  Más adelante fue una de seis esposas de David, y más adelante aun en Jerusalén fue solamente una de muchas esposas (2 Sam. 5:13). No gracias.

Sabemos por las Escrituras lo miserable que era Lea con su matrimonio porque ella sabía cuanto su esposo amaba a Raquel (Gen. 29).  ¿Alguna de nosotras se podría imaginar ser solamente una de seis esposas?  Sabemos sobre David y Batsebá, y no olvidemos que él tuvo otras esposas en ese tiempo.  Yo sé que cuando mi esposo estuvo con solo una mujer, ¡casi me muero la primera vez que pasó!  Mi pregunta para aquellos que dicen que Abigail fue bendecida al ser la esposa de David es esta: “¿Quisiera que su esposo se acostara con cinco otras mujeres, aunque él fuera ‘trigueño y buen mozo’?”  (Vea 1 Samuel 17:42)

Su vergüenza se la pasó a su hijo.  El hijo único de Abigail no se menciona en las Escrituras hasta mucho después.  Aunque él debió haber sido el príncipe para la corona después de la muerte se Amón.  Obviamente, ella tuvo remordimientos sobre su vida cuando cambió el nombre de su hijo de Chileab, que significa “restricción del padre” a Daniel que significa “Dios es mi [Abigail] Juez” (1 Cron. 3:1).  (Nombres son muy significativos en la Biblia.  Mire los nombres de los hijos de Lea y Raquel en Génesis 29 y 30)

Su falta de prudencia.  Si Abigail solo hubiera permanecido callada Dios se hubiera podido mover a su favor.  “Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca” (Prov. 17:28).   “…la esposa inteligente es un don del Señor” (Prov. 19:14).   Usted se puede estar preguntando lo que Dios pudo haber hecho por ella, o a lo mejor, que hubiera podido hacer El por usted su hubiera estado casada con un hombre que actua tontamente.  “En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado” (Prov. 21:1). Dios es fiel y más que capaz de cambiar el corazón aun de su esposo.   “¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor!” (Jer. 17:5).  ¿Y usted?  ¿Tomará los asuntos en sus propias manos cuando mira el peligro acercarse a usted y a su familia?  ¿Confiará en Dios permitiendo que su esposo sea el salvador de su familia?

Saray

La voz de Saray.  “Saray le dijo a Abram: —El Señor me ha hecho estéril. Por lo tanto, ve y acuéstate con mi esclava Agar. Tal vez por medio de ella podré tener hijos. Abram aceptó la propuesta que le hizo Saray” (Gen. 16:2).  “El que refrena su boca y su lengua se libra de muchas angustias” (Prov. 21:23).  El error de Saray comenzó una guerra que continúa en el Medio Oriente entre judíos y musulmanes, ¡hasta el día de hoy!

Moverse delante de Dios.  “Entonces ella tomó a Agar, la esclava egipcia, y se la entregó a Abram como mujer. Esto ocurrió cuando ya hacía diez años que Abram vivía en Canaán. Abram tuvo relaciones con Agar, y ella concibió un hijo. Al darse cuenta Agar de que estaba embarazada, comenzó a mirar con desprecio a su dueña” (Gen. 16:3–4).  Cada vez que nos adelantamos a Dios, y un “Ismael” se concibe, despreciamos lo que hemos creado en nuestro apuro. 

Mal por mal e insulto por insulto.  “Entonces Saray le dijo a Abram: —¡Tú tienes la culpa de mi afrenta! Yo puse a mi esclava en tus brazos, y ahora que se ve embarazada me mira con desprecio. ¡Que el Señor juzgue entre tú y yo!  —Tu esclava está en tus manos —contestó Abram—; haz con ella lo que bien te parezca. Y de tal manera comenzó Saray a maltratar a Agar, que ésta huyó al desierto” (Gen. 16:5–6).  Ahora, aquí vemos a Saray moverse en una nueva violación.  Primera de Pedro 3:9 dice: “No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.”  Cuando ella fue a su esposo con quejidos sobre el desastre en el que se encontraba, él le animó a que entrara en la carne.  Cuando usted tenga un problema, no corra a nadie - ¡corra al Señor!  Recuerde, “El que mucho habla, mucho yerra (Prov. 10:19).

Sara cometió muchos errores; sin embargo, Sara, según nos dicen, es nuestro ejemplo de una esposa sumisa: “Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor. Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo” (1 Pedro 3:5-6).  Dios es bueno.  Sara cometió muchos errores, pero Dios le dio vuelta a cada situación en cuanto ella comenzó a agradarle al Señor.  Yo también cometí muchos errores.  Yo no tenía ni idea lo que una esposa tenía que hacer, decir, o ser.  Cuando comencé a seguir al Señor y Su Palabra, El le dio vuelta a todo, ¡y El me elevó a mí!  El lo hará por usted también.  Entre más siga Sus instrucciones con un corazón puro, ¡más bendiciones derramará sobre usted!

La Esposa de Job

¿La ayuda idónea de Job?  “Su esposa le reprochó: —¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! Job le respondió: —Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos también recibir lo malo? ” (Job 2:9-10).  Pobre Job, lo perdió todo, y está cubierto de tumores dolorosos, pero tener a su “ayuda idónea” tentarlo a pecar con su boca, ¡eso es demasiado!  Me recuerda cuando yo tuve a mi primer hijo en el hospital.  Yo estaba decidida a hacerlo “naturalmente” sin ninguna medicina.  Sin embargo, a cada momento estaba la enfermera preguntándome si quería algo para el dolor.  Me sentía que estaba gateando por el desierto mientras alguien me seguía preguntando si quería un vaso de agua fresca.  Sentía que le quería dar una puñalada.  No lo hice, al menos.  ¡Esta era la “vieja Erin” a quien mi esposo dejó!  ¡Alabado sea Dios!  ¡El me ha cambiado!

Job sabía que lo que su esposa estaba diciendo era absurdo.  “La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada” (Prov. 10:31).  Que pena para Job que Dios le quitó todo excepto a su esposa.  ¡Obviamente Dios tiene un sentido de humor!  “El que atiende a la palabra, prospera. (Prov. 16:20).  Job prestó atención a lo que él decía, y fue bendecido.  “Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará (Matt. 12:37).  ¿No es curioso que la esposa de Job nunca la presentan por nombre?  No obstante, nosotros sí la conocemos por su comentario absurdo.  Esta no es la manera en que a mí me gustaría que me recordaran – ¿y a usted?  En lugar de eso…

Obedezcamos como lo hizo Sara sin ser asustadas por ningún temor

Compromiso personal de someterme a mi esposo como al Señor. “Basado en lo que acabo de aprender de la Palabra de Dios, entrego mi voluntad y deseo de todo corazón ser capaz de obedecer mi esposo terrenal o Esposo celestial para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.”

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Como "Asímismo las ancianas ... enseñen lo que es bueno, para que INSTRUYAN a las jóvenes ..." (Tito 2: 3) Tendrá la oportunidad de hablar con las mujeres más jóvenes que todavía están solteras como parte de su ministerio ".