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Capítulo 8 "Esposas, sean sujetas"

“Mujeres, estén sujetas a sus maridos,
como conviene en el Señor.
Colosenses 3:18

Una mujer llamó un día y preguntó, “¿Qué tan lejos espera Dios que una mujer vaya en cuanto a someterse a su esposo?” Tal vez esté haciéndose la misma pregunta o tal vez realmente no quiera saber porque siente que está anticuado, desactualizado o no se aplica hoy.

En mi propio matrimonio, enfrenté algunas decisiones serias de sumisión. Déjeme encaminarle por el mismo viaje por el cual el Señor me llevó mientras yo buscaba en las Escrituras Sus respuestas. Primero, miremos los dos ejemplos de sumisión que Dios pide específicamente a las mujeres que sigamos:

Jesús

Sigue Sus pasos. “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos… y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia” (1 Pe. 2:21-23).

Sométase de la misma manera. Después de la Primera Carta de Pedro 2 nos dice que “sigan sus pasos”; el capítulo 3 inmediatamente comienza con, “Así mismo” nos dice que “Así mismo” las esposas deben someterse a sus esposos como Jesús se sometió a Dios, Su Padre Celestial. Jesús se sometió a la autoridad de Dios Padre y nosotras debemos someternos a la autoridad de nuestros esposos.

Cristo es la cabeza de TODO hombre. Cabemos y entendemos que Dios Padre está sobre Jesús, aún así, ¿cómo estamos seguras de que nuestro esposo (salvo o no) está sobre nosotras? “Pero quiero que sepan que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios” (1Co. 11:3).

Desobediencia a la Palabra. Ahora que estamos seguras de que Dios les está hablando a las esposas, ¿qué manda Él? “Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar ellos su conducta casta y respetuosa” (1Pe. 3:1-2).

Si usa la versión RVA, este mismo versículo dice “sean ganados sin palabra por la conversación de sus mujeres”. Pensé: “¡Esto es genial!; ¡puedo hablarle a mi esposo sobre todos sus errores!” Bueno, ¿adivine qué? Fui a mi concordancia y busqué la palabra “conversación ¡y descubrí que significa mi “actitud”, ¡no hablar! Lo que me sorprendió aún más fue un verso en 1 Pedro. Este decía que Sara obedeció a su esposo Abraham y yo podría llegar a ser como ella.

Sara

Lo llamaba su señor. Aquí está el versículo sobre Sara, “Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y ustedes han llegado a ser hijas de ella, si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarlas” (1 Pe. 3:6).

Podemos llegar a ser como Sara: 1) obedeciendo a nuestros esposos como ella hizo, y 2) al hacerlo “sin ningún temor” ¿De qué deberíamos tener miedo? Bueno, ¿qué le pidió su esposo Abraham a Sara que le causaría temor?

En Génesis 12:11-13 y también en Génesis 20:2, ¡vemos cómo Abram (luego Abraham) ¡le pidió a Saraí que mintiera! ¡que pecara! Abraham le dijo a Sara que dijera que ella era su hermana, ¡permitiendo que otro hombre la tomara como esposa! Ella obedeció a su esposo. ¡¡Eso es sumisión!! ¡No hay muchas mujeres que hayan sido llamadas a este tipo de sumisión!

Pudiéramos descartarla si esta fuera la única parte de las Escrituras con relación a la sumisión de una esposa con su esposo. Sin embargo, esta no es la única Escritura sobre la sumisión de la esposa a su esposo.  Descubriremos que las Escrituras tienen mucho más que decir sobre el tema.

Someterse en todo. Esta escritura explica que su relación con su esposo debe ser la misma que la relación de Cristo con la iglesia. “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo” (Ef. 5:22-24). ¿No es triste que muchas iglesias no se someten a Cristo y a Sus enseñanzas, y de la misma manera, muchas mujeres no se someten a sus esposos? ¿Hay alguna correlación?

Esperaban en el Señor. ¿Dónde está mi esperanza cuando me someto a mi esposo en lo que me esfuerzo en ser una “mujer santa?” “Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1Pe. 3:5). Nuestra esperanza y confianza debe estar en Dios. (Vea la lección 5 “Ganado sin una palabra”, porque “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento...” (Os. 4:6)).

¿Cómo podemos confiar en Dios si nuestra autoridad nos hace daño? Las Escrituras dicen, “Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella” (Rom. 13:3). ¿Cómo puede decir la Escritura esto cuando nosotras sabemos que muchas veces la autoridad sobre nosotras no está al tanto de nosotras, ni nos cuida? ¿Cómo se las arregló Sara para someterse a su esposo? Sara confiaba totalmente en Dios. No confiaba en su esposo. ¡Abraham fue el responsable dos veces de su posición comprometida con el faraón! Ella confió simple y completamente en Dios. “Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor” (Jr. 17:7). “Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón” (Jr. 17:5).

Muchas mujeres han pensado: “me casé con el hombre equivocado”. Sara, ciertamente debió haber pensado lo mismo. Yo también pensé eso. Podemos pasar nuestros días pensando “¿y si ...?” En cambio, descansemos en este versículo: “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas” (Rom. 13:1). Nuestro Padre sabía con quien se casaría usted y con quien me casaría yo antes de la fundación de la tierra. El promete usarlo para nuestro bien, si dejamos de pensar en “que tal si” y nos concentramos en el propósito de Dios para nuestro sufrimiento. “Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció” (Hb. 5:8). (Consulte la lección 10, “Diversas pruebas”, porque “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento...” (Os. 4:6)).

Cuando miré el ejemplo de Cristo y Su sumisión, pude ver que Su situación era muy similar a la mía.  Jesús estaba lidiando con hombres irracionales que lo insultaban, le causaban sufrimiento, y lo amenazaban. “Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables… y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia” (1Pe. 2:18, 23). “Si el ánimo del gobernante se exalta contra ti, no abandones tu puesto [o muestres un espíritu de resistencia]; porque la serenidad apacigua grandes ofensas” (Eclesiastés 10:4 RVA-2015). Dios claramente nos dice que no importa el trato que estemos recibiendo, debemos ser respetuosas y sumisas.

¡Blasfemar la Palabra de Dios! ¿Por qué es tan importante someternos a nuestros esposos? ¡Es porque cuando no lo hacemos nuestras acciones blasfeman a Dios! “Las ancianas...Que enseñen lo bueno... para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos...a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tt. 2:3-5).

Como conviene en el Señor. ¿Cómo debemos actuar con nuestros esposos? ¡Como conviene en el Señor! “Mujeres, estén sujetas a sus maridos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18). ¿La forma en que actúa con su esposo se ajusta al Señor? En otras palabras, ¿actuaría de la misma manera con el Señor si Él estuviera parado en el lugar de su esposo? Un pensamiento para reaccionar, ¿no?

La mujer fue engañada. La razón más importante por la que debemos estar bajo la autoridad de nuestros esposos es para nuestra protección. “La mujer debe aprender con serenidad, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él; debe mantenerse ecuánime. Porque primero fue formado Adán, y Eva después. Además, no fue Adán el engañado, sino la mujer; y ella, una vez engañada, incurrió en pecado. Pero la mujer se salvará siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad” (1 Tim. 2:11–15 NVI).

Por los tiempos en que vivimos, muchas de nosotras tenemos dificultad aceptando el concepto de sumisión. Sin embargo, querida hermana en Cristo, no hay nada que Dios nos ordene a hacer que no sea para nuestro bienestar. Ser sumisas a la autoridad nos protegerá del engaño, lo que provocará nuestra destrucción.

Ahora que hemos revisado las Escrituras, respondamos algunas otras preguntas que pueda tener, utilizando la Sabiduría de Dios...

Testimonio

Es con el permiso de mi esposo, Dan, que comparto este testimonio de sumisión con usted. Tenemos la esperanza de que esto acabe, de una vez por todas, con el temor de someterse a su esposo. Esperamos que nuestro testimonio le muestre que hay protección cuando toma una posición extrema al someterse a su esposo, incluso cuando él es desobediente a la Palabra. Señoras, la sumisión es aplicable hoy día.

Mi esposo estaba en ese tiempo desviado y en adulterio. Odiaba y se burlaba de mi sumisión al Señor y a él. Una noche estábamos con algunos socios de negocio, él me dijo que íbamos a un club nocturno donde había bailarinas nudistas. Entonces, se movió hacia mi cara y dijo: “Bueno, ¿te vas a someter?” Él había resuelto que yo fuera con él, así que acepté. Cuando salió a comprar las entradas, entré al baño y oré “en voz alta” como nunca había orado antes. Inmediatamente, ¡Dios llegó! Nos cruzamos con uno de sus amigos quien nos preguntó que a donde íbamos. Cuando mi esposo le dijo, este hombre se volvió loco diciéndole a mi esposo lo horrible que era y que no me llevara. Podría haber caminado en el aire –¡mi fe en Dios se estaba elevando!

Sin desanimarse, sacó entradas para otra (un poco menos obscena) presentación. Mi fe estaba fuerte; ¡yo sabía que Dios me libraría! Mientras más nos acercábamos a nuestro destino, seguía mirando e imaginando como Dios iba a detener a mi esposo. Sin embargo, me quedé espantada cuando entramos, nos sentamos, y él ordenó bebidas. Solo para que entiendan la magnitud de esta sumisión, ¡la mujer adúltera de mi esposo se sentó al lado de mi esposo en nuestra mesa, que se encontraba justo al lado del escenario! Lágrimas llenaron mis ojos cuando comenzó la presentación, no porque mi esposo me hubiera traído, sino porque sentí que Dios me había abandonado. 

Señoras, Dios es tan fiel, y podemos confiar en Él. Cuando bajaron las luces justo después del primer número (que, de hecho, yo NI siquiera lo pude mirar por mis lágrimas), mi esposo a su vez me miró y me dijo, “¡Corre! ¡Sal de aquí!” ¡Nuevamente me sometí y corrí! Pronto mi esposo se encontró conmigo con lágrimas en sus ojos. Él dijo, “No puedo creer que te hice esto. Lo lamento tanto. Nunca más volveré a pedirte que te sometas así. Estoy avergonzado conmigo mismo”.

Él nunca lo hizo. De hecho, incluso antes de que fuéramos restaurados, él asumió el trabajo de mi protector de la inmoralidad del mundo. ¡Señoras, Dios tiene una bendición para nosotras cada vez que confiamos y demostramos nuestra fe solamente en Él! Frecuentemente, Dios nos libra, ¡pero a veces debemos pasar por la “prueba de fuego” para entonces recibir nuestra recompensa!  Dios es fiel; ¡podemos confiar en Él, aunque nuestros esposos pongan nuestra sumisión a prueba!

Preguntas contestadas por las Escrituras

¿Qué es sumisión o ser sujeta? Es obedecer sin una palabra, especialmente cuando su esposo está desobedeciendo la Palabra de Dios (1Pe. 3:1). No es regresando con una injuria o amenazándolo. Primera de Pedro 3:9 dice “no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo…”

¿Se aplica la sumisión hoy? “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hb. 13:8).  En Mateo 5:18, Jesús dice, “Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla”.

¿Pero no debería usar el “amor firme”?

El amor, se nos dice en 1 Corintios 13, es gentil y amable, no firme.

En 1Tim. 2:12 dice que una mujer no debe ejercer autoridad sobre un hombre.

En 1Pe. 2:23 ¡Jesús no pronunció amenazas cuando sufrió, ¡y Él dice que debemos seguir Sus pasos!

En 2Tim. 4:4 dice que en los últimos días nos volveremos a los mitos. Usar “amor firme” con nuestros esposos es un mito ya que la palabra “firme” no se encuentra en la descripción del amor en 1Co. 13. ¡Puede ser difícil para nosotras cuando respondemos a nuestros esposos con amor, incluso cuando no son amables!

En 2Tim. 4:3 también dice que acumularemos maestros que estén de acuerdo con nuestros propios deseos. Se siente bien para nuestra carne dar ultimátums y confrontar a los demás. Pero el Espíritu y la carne se oponen entre sí, “... de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen” (Ga. 5:17). (Para obtener más información sobre el amor firme, lea de nuevo la lección 3, “Suave y Apacible”).

¿Cómo puedo hacer lo que Dios pide?

¿Cómo es posible que yo pueda hacer todo lo que el Señor me pide hacer como esposa en el mundo de hoy? – ¡Solamente por gracia! ¿Cómo recibe gracia? – Humillándose a sí misma. En Santiago 4:6 dice, “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”. Sí, contrario a las opiniones del mundo, las mujeres son más débiles que los hombres. “Ustedes, maridos, igualmente, convivan de manera comprensiva con sus mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer…” (1Pe. 3:7).

¡Demos gracias a Dios por la protección que Él nos da cuando le obedecemos a Él y somos sumisas con nuestros esposos! En lugar de luchar para salir de la autoridad protectora de nuestros esposos, ¡adoremos al Señor por elegirnos para ser mujeres!

Sumisión. Para ayudarnos a “dejar ir” nuestro miedo a la sumisión, puede ayudarle mirar más de cerca el ejemplo de Sara. Me han acusado de enseñar “sumisión hacia el pecado”. Aunque esa frase casi suena Bíblica, es absolutamente ficticia. El significado detrás de estas palabras ciertamente se encuentra en la vida de Sara. Le puedo decir honestamente que ha sido un viaje cuidadoso buscando mucho por la verdad. Dios dice, “busquen, y hallarán” (Mt. 7:7) y “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente…” (St. 1:5).

Muchos cristianos y líderes religiosos no estaban de acuerdo con mis enseñanzas sobre sumisión, pero su oposición realmente me ayudó, me animaron a buscar y a encontrar la verdad. Entre más escudriñaba la Palabra, y entre más seguía lo que aprendía con obediencia radical, más podía enseñar sumisión con audacia. Damas, descubrí que la falta de sumisión está en la raíz misma de la existencia de la mujer contenciosa. No es cuándo ni a qué te sometes; es el “espíritu de rebelión” que existirá si no confías completamente en Dios con los resultados de tu sumisión.

Las bendiciones verdaderas vienen de confiar en Dios, no en confiar en el liderazgo de nuestros esposos, porque “La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos” (Pr. 16:9). Usted y yo necesitamos “Confiar en el Señor” y no “en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza” (Jr. 17:5). Necesitamos estar dispuestas a buscar la verdad en la Palabra de Dios. Personalmente, yo vivo lo que escribo, y mis testimonios atestiguan la verdad de las Escrituras. También he visto los muchos “frutos malos” que vinieron de aquellos que se opusieron a la sumisión completa. “Por sus frutos los conocerán…” (Mt. 7:16). Sumisión selecta no es sumisión – es rebelión, ¡y rebelión es brujería! “Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría” (1 Sam. 15:23).

¡Cualquier mujer que se protege a sí misma demostrando un espíritu de desobediencia nunca tendrá la protección completa ni mirará las bendiciones verdaderas que Dios tiene intención de darle a ella! Y tristemente, una esposa rebelde posiblemente nunca verá a su esposo someterse a Su autoridad, Jesucristo.

¿Se sometió Sara al pecado?

¿La obediencia de Sara la sometió al pecado? No, Sara no pecó. Fue Abraham, quien era la autoridad de Sara, quien pecó. Cuando él le pidió que dijera una medio-mentira (por supuesto, una medio-mentira es una mentira como quiera, y por lo tanto, un pecado), Sara obedeció, y como resultado de su obediencia a su esposo, Dios la protegió.

Como ya dije, es importante para las mujeres entender el mandamiento que se nos dio como mujeres. “Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y ustedes han llegado a ser hijas de ella, si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarla” (1 Pe. 3:6).

Debemos buscar la verdad en la Palabra de Dios para que nosotras, como mujeres, lleguemos al conocimiento de la verdad, “…Porque entre ellos están los que se meten en las casas y se llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones, que siempre están aprendiendo, pero nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad” (2 Tim. 3:6-7).

No debemos debatir las Escrituras. Debemos estar “estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia” (1Pe. 3:15-16). También debemos recordar “teniendo buena conciencia, para que en aquello en que son calumniados, sean avergonzados los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo. Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios, que por hacer el mal” (1Pe. 3:16-17).

Discusiones inútiles. Si otros tratan de enseñarle o decirle algo contrario a las Escrituras, sólo recuerde, “Si alguien enseña una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido y nada entiende, sino que tiene un interés corrompido en discusiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, y constantes rencillas entre hombres de mente depravada, que están privados de la verdad” (1 Tim. 6:3-6).

Todas nosotras debemos tener cuidado de obedecer la Palabra de Dios, y con nuestro ejemplo, enseñarles a otros lo que Él nos ordena. “Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos” (Mt. 5:19–20). Esto incluye a sus hijas, nueras, hermanas y madre, así como a sus amigas cristianas o no.

Escribas y fariseos. Jesús se refería a los fariseos como hombres ciegos, hipócritas, hijos del diablo, tratando de agarrar o atrapar a Jesús en lo que Él decía. Él también dijo que los fariseos estorbaban el potencial de los creyentes, pervertían las Escrituras, se justificaban por sí mismos antes los hombres, eran justos exteriormente y ciegos a las cosas espirituales. Los escribas eran expertos en asuntos legales. Él se refería a ellos como hombres rectos exteriormente, que enseñaban sin autoridad, e interrogaban a Jesús en Su autoridad. Jesús los expuso, los condenó, y los llamó hipócritas. (Las referencias de arriba son de NAS Biblical Cyclopedia Index). Que nuestras vidas no sean como las de los escribas y fariseos. Que nuestros corazones estén abiertos mientras buscamos la Verdad.

Sus propios deseos. Fácilmente puede encontrar a alguien que le dirá lo que usted quiere escuchar. “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos” (2 Tim. 4:3-4). ¿Estamos viviendo en el tiempo donde las mujeres no soportarán la sana doctrina? ¿Volverá a los mitos?

Si quiere conocer la Verdad, camine conmigo una vez más para buscar la Palabra en lo que se refiere a la obediencia de Sara.

La obediencia de Sara

Para contestar la pregunta “¿Qué tanto debe una mujer someterse a su esposo?” solamente tenemos que mirar la vida de una mujer, de quien la Palabra de Dios dice que es nuestro ejemplo de sumisión, Sara (1Pe. 3:6). Miremos muy detenidamente todas las referencias a Sara y su relación con su esposo, Abraham.

¡La Biblia se refiere a Sara 59 veces! En todas esas referencias sólo hay tres en las que Abraham le pide a ella que haga algo. Recuerde, ella debe ser nuestro ejemplo de obediencia hacia nuestros esposos.

En Génesis 12:11, Abram le dice a Saray lo bella que es y que cuando entren a Egipto ella debe decirles a los egipcios que ella es su hermana para que él pueda vivir. Esto era medio-verdad ya que ella era su “media hermana”. Luego se señala que Abram fue “tratado bien” por consideración a ella (Saraí). ¿Pecó ella al mentir o es inocente porque la autoridad sobre ella le dijo que mintiera?

Luego en Génesis 12:17, “…el Señor hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas”. Luego dice que “por causa de Saraí” faraón le preguntó a Abram (no a Saraí) por qué él le había hecho eso. En última instancia, Abram es responsable. Faraón entonces envía a Abram y a su esposa Saraí, los despide con todas sus pertenencias. Entonces en Génesis 17:15-21, la Palabra nos dice que Saraí sería la “madre de muchas naciones” y “reyes vendrían de ella”. Entonces, nuevamente, Abram es responsable por lo que le dice a su esposa que haga y Saraí es bendecida por su obediencia.

Ahora, en Génesis 18:6-15, vemos a Abraham pidiéndole a Sara (Dios le ha dado nuevos nombres ahora) que fuera e hiciera tortas para los visitantes. Encontramos que Sara nuevamente obedece a su esposo y hace las tortas.

Créalo o no, en Génesis 20:2-18, “Abraham decía de Sara su mujer: «Es mi hermana». Entonces Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara”. Esta vez Sara no tuvo que mentir. El Señor la libró de eso.  Sin embargo, ¡a ella la toman como esposa de otro hombre! Entonces, en el versículo 5, vemos al rey suplicarle a Dios por su vida. En el versículo 6, vemos la protección del Señor sobre Sara cuando Él le dice al rey, “por eso no te permití tocarla”. La Palabra de Dios nos dice “que (Sara) obedecía a Abraham y lo llamaba su señor” y que debemos vivir “sin ningún temor” no importa lo que nuestros esposos nos pidan hacer. Dios protegió a Sara, ¡¡y Él nos protegerá también!!

Para comprobar más que nosotras no somos responsables cuando obedecemos a nuestros esposos, no importa lo que nos pidan que hagamos, vemos en el versículo 9 que cuando el rey le echa la culpa a alguien, él culpa a Abraham. “Entonces Abimelec llamó a Abraham, y le dijo: ‘¿Qué nos has hecho?’... ‘Me has hecho cosas que no se deben hacer’”. En el versículo 12, Abraham explica su medio-mentira (que todavía es pecado). Entonces, en el versículo 13 Abraham limpia a Sara de cualquier cosa malhecha. Le confiesa al rey que fue su idea engañarlo. “yo le dije a ella: “Este es el favor que me harás: a cualquier lugar que vayamos, dirás de mí: ‘Es mi hermano’”. Ahora fíjese nuevamente en el versículo 16, Dios bendice a Sara. El rey le dice a Sara que él le ha dado a su hermano 1,000 piezas de plata para demostrar que ella ha sido aclarada de cualquier cosa malhecha. Nuevamente Sara es exaltada en su inocencia como lo dice en el versículo 18, “Porque el Señor había cerrado completamente toda matriz en la casa de Abimelec por causa de Sara, mujer de Abraham”. Cuando obedecemos como lo hizo Sara, estaremos protegidas, limpias de cualquier cosa que nos hayan pedido que hiciéramos, ¡y bendecidas!

El próximo versículo, Génesis 21:1 dice, “Entonces el Señor prestó atención a Sara como había dicho, e hizo el Señor por Sara como había prometido”. Dios “probó” la obediencia de Sara para descubrir si ella era digna para ser la madre de la Promesa y de muchas naciones. Podemos estar seguras de que Dios probará nuestros corazones también. 

Las bendiciones de Dios para Sara no se acabaron en Génesis 21:12, “Pero Dios le dijo a Abraham: ‘Presta atención a todo lo que Sara te diga’…”  Dios le dice a Abraham que hiciera todo lo que Sara le pidiera que hiciera con Agar ya que Sara está angustiada por la actitud de Agar. A pesar de que Sara se adelantó a Dios al enviar a Agar con Abraham para apresurar Su promesa para ella, ¡Dios lo hizo bien! Encontramos la evidencia en Génesis 21:14 cuando Abraham despide a Agar con Ismael.

Obedecer

En las Escrituras hay ocho palabras diferentes para obedecer. Tres son en hebreo del Antiguo Testamento, y cinco son del griego en el Nuevo Testamento. Sólo la palabra Hupaku (5219 en la Fuerte Concordancia), pronunciada jup a ku o, es usada con las mujeres con relación a obedecer a sus esposos. La definición de esta palabra obedecer es: escuchar, estar bajo como un subordinado, escuchar atentamente; como consecuencia prestarle atención a alguien o amoldarse a una autoridad u orden; oír con atención, ser obediente, obedecer. Esta palabra para obedecer se encuentra en Primera de Pedro 3:6 cuando se les ordena a las mujeres a obedecer, como Sara hizo con Abraham. También se encuentra:

Romanos 6:17 donde dice que somos esclavos y obedecemos de corazón (vea también Gn. 21:1).

1 Pedro 1:22 donde dice nuevamente que debemos obedecer de corazón.

Y Hebreos 11:7 donde Abraham debía obedecer al irse de Caná (vea Gn. 12:5).

Algunos, que han discutido mi fuerte postura en someterse a nuestros esposos, han usado otras referencias en las Escrituras para probar que no debemos obedecer como Sara obedeció. Sin embargo, están usando una palabra diferente, como la palabra PEITHO (3982) pie tho que significa convencer por argumentos, pacificar, o persuadir. Nada más que, esta palabra no se usa en la relación entre una esposa y su esposo. 

Además, está la palabra PEITHARCHEO (3980), pie thar ke o, que significa ser persuadido por un gobernante (magistrado). Esta se encuentra en Hechos 5:29, cuando Pedro y los apóstoles contestaron y dijeron, “Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres”. Nuevamente, esta palabra para obedecer no se usa en la relación de esposo y esposa. 

Una cuarta palabra para obedecer es SHAMA (8085) que significa oír, considerar, o discernir. Esta palabra para obedecer es usada en referencia a Daniel cuando hace una apelación para no comer la comida se la mesa del rey. Muchos han animado a las mujeres a usar esta palabra obedecer para apelar a sus esposos; sin embargo, la Palabra de Dios no utiliza ninguna de estas palabras para obedecer con referencia a la relación entre esposo y esposa.

Repasemos

Hemos caminado juntas a través de la Palabra para encontrar la Verdad en cuanto a someternos a nuestros esposos. Así que repasemos lo que hemos aprendido:

  1. La única mujer en las Escrituras que se usa como ejemplo de obediencia a seguir por las mujeres es Sara.
  2. Dios protegió a Sara porque ella se sometió “como al Señor” obedeciendo a su esposo y confiando en Él para su protección (Efesios 5:22).
  3. Solo hay tres referencias en las Escrituras que hablan sobre Abraham y cuando le pide a Sara que haga algo: preparar tortas, “medio-mentir” diciendo que ella es su hermana, e ir por una segunda vez como una esposa de faraón. 
  4. Abraham fue el único que rindió cuentas por todas las cosas que Sara hizo cuando ella le obedecía.
  5. Después de su obediencia la segunda vez, Dios “tomó cuenta” y bendijo a Sara con Su promesa de un hijo en su vejez.
  6. Aquí hay cinco referencias que muestran que Abraham (y Sara) fueron bendecidos y protegidos por causa de Sara:
    • En Génesis 12:16, “Y este trató bien a Abram por causa de ella”.
    • En Génesis 20:6 dice, “por eso [Dios] no te dejé que la tocaras”.
    • En Génesis 20:14-15, regresaron a la esposa de Abraham junto con regalos de ovejas, bueyes, sirvientes y sirvientas. ¡También le permitieron a él establecerse en la tierra del rey donde fuera que él quisiera y le dieron mil piezas de plata para “limpiar a Sara”!
    • En Génesis 20:18, los vientres de todas las mujeres en la casa de Abimelec quedaron estériles “a causa de lo ocurrido con Sara”.
    • En Génesis 21:12, Agar fue expulsada con Ismael porque Dios le dijo a Abraham que escuchara a Sara e hiciera cualquier cosa que ella le pidiera con respecto a Agar.
  1. Abraham debió haber protegido a Sara; de todas maneras, Dios protegió a Sara porque ella le obedeció a Él al someterse a su esposo, Abraham.

Por lo tanto, nosotras no debemos temer ser sumisas porque tenemos la protección de Dios. “Los que temen al Señor, confíen en el Señor; Él es su ayuda y su escudo” (Sal. 115:11).

Ahora lo único que se interpone con la sumisión es un espíritu rebelde. “Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra del Señor, Él también te ha desechado…” (1 Sam. 15:23). Una vez comencemos a someternos de corazón y eliminemos la rebelión de nuestras acciones y actitudes, los padecimientos vendrán “para probarnos”.  Es aquí donde encontramos que Dios está esperando para ayudarnos, “Claman los justos, y el Señor los oye y los libra de todas sus angustias” (Sal. 34:17). (Consulte la lección 10, “Diversas pruebas”, porque “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento...”. Os. 4:6.)

Eva y la caída

Hemos estudiado la vida de Sara para ver verdadera sumisión en acción. Vimos en su vida las dos bendición y protección. Sabemos que Sara es exaltada en el libro Primero de Pedro por su sumisión radical a su esposo Abraham. Pero para traernos más comprensión, sería provechoso estudiar la vida de Eva para que podamos deducir más sabiduría.

¿Qué principios de sumisión violó Eva que la llevó a “La caída”?

Dudó de Dios y cuestionó Su Palabra. “Y dijo a la mujer: ‘¿Conque Dios les ha dicho: ‘No comerán de ningún árbol del huerto’?’” (Gn. 3:1). Si solamente hubiera sabido que “Toda palabra de Dios es digna de crédito; Dios protege a los que en él buscan refugio” (Pr. 30:5 NVI). ¡Si Eva hubiera conocido y aplicado este versículo nos hubiera ahorrado mucho dolor a todas nosotras!

Añadiendo a Su Palabra. “La mujer respondió a la serpiente: ‘Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho: ‘No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran’” (Gn. 3:2-3). Ella le añadió que no podían ni tocarlo. Cuando le añadimos a la Palabra de Dios violamos las Escrituras y nos tiende una trampa para pecar. “No añadas a Sus palabras, no sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso” (Pr. 30:6).

Escuchando la voz de Satanás. “Y la serpiente dijo a la mujer: ‘Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal’”. Nunca debemos olvidar que Satanás es un mentiroso. “Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Jn. 8:44).

Mirar al mal. “Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió…” (Gn. 3:6). ¿Qué debió haber hecho ella? “Apártese del mal y haga el bien” (1 Pe. 3:11). Aprendamos de su error y, en lugar de eso, hagamos como hizo Job… “Hice un pacto con mis ojos…” (Job 31:1). Jesús nos dijo lo importante que son nuestros ojos para nuestro futuro, “Y si tu ojo te hace pecar, arráncalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego” (Mt. 18:9).

Causando a otro caer. “También dio a su marido que estaba con ella, y él comió. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales” (Gn. 3:1–7). “Por tanto, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidan esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano” (Rom. 14:13). “Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece” (Rom. 14:21).

Tentado por sus propios malos deseos. ¿Eva tuvo la culpa cuando Adán pecó? “Jesús dijo a Sus discípulos: ‘Es inevitable que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería si se le colgara una piedra de molino al cuello’…” (Lc. 17:1–2). Sin embargo, “…cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión” (St. 1:14). Hay un balance perfecto aquí. Si nosotras somos la causa por la cual nuestros esposos caen o pecan, nosotras somos las responsables. Por otro lado, nuestros esposos son responsables al Señor por su propio pecado. Y ya que estamos en el tema, recuerde que si su esposo se dirige al pecado, ¡sálgase de su camino! (Sal. 1:1). Además, ¡se nos dice que no debemos decirle una palabra a él al respecto! (1 Pe. 3:1).

Las consecuencias

La primera consecuencia fue decepción. “‘La serpiente me engañó, y yo comí’, respondió la mujer” (Gn. 3:13). “Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión” (1 Tim. 2:14).

La maldición. A la mujer, Él le dijo, “En gran manera multiplicaré Tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos. Con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti” (Gn. 3:12–16). La definición de “con todo” es importante. Significa: pero, aunque, no obstante, sin embargo. Su “maldición” no es que su marido la domine. Déjeme parafrasear. Lo que está diciendo es “Ya que pecaste, voy a multiplicar grandemente el dolor de parto, en dolor traerás hijos al mundo; con todo, no obstante, pero, sin embargo, te protegeré poniendo a tu esposo sobre ti para que no seas engañada de nuevo”. Dios pudo ver que la mujer necesitaría una protección especial en contra de la decepción. Nosotras las mujeres tendemos a tomar decisiones basadas en cómo nos sentimos, porque parece que somos el corazón de “una sola carne”.

Su protección. Por lo tanto, tenemos protección mientras permanecemos bajo la autoridad de nuestros esposos. “Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión” (1 Tim. 2:11–14).

Uno en Cristo Jesús. Ahora cuando se nos dice que debemos someternos a un hombre, este hombre no es a cualquier hombre, ni es a cada hombre. Debemos someternos a nuestros esposos. También debemos ser sujetas a los hombres (y mujeres) que están sobre todo hombre y mujer, tales como los jefes o la policía, etc. Muchos cristianos han tropezado en esta área en cuanto a mujeres que enseñan a hombres. Cuando una mujer recibe el llamado a enseñar, su esposo no debe ser su alumno. Jesús vino para que pudiéramos vivir bajo gracia; no seamos legalistas. “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús” (Ga. 3:28).

Solamente una nota: El término “ayuda idónea” es de la Reina Valera-1960. “Ayuda adecuada” es de las Biblias NBLA y NVI. “Ayuda comparable” es de NKJV y “ayuda apropiada (adecuada, adaptada, complementaria) para él” es de la versión Amplificada (Gn. 2:18).

Nuestra segunda protección. Nuestros esposos son nuestra mayor protección; no obstante, la Biblia les dice a las mujeres que tenemos protección adicional. “Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia” (1 Tim. 2:11–15). La palabra salvará es de la Biblia NBLA. En la KJV la palabra “salvada” se traduce de la palabra sozo, que significa: salvar, proteger, o sanar o mantener seguro. Nuevamente, mientras aprendimos a cómo necesitábamos obedecer a nuestros esposos sin temor (1 Pe. 3:6) también debemos continuar siendo madres en fe. Fe, tal y como la conocemos, es lo opuesto de temor. Vea la lección “El fruto de su vientre”).

Otro resultado interesante al Eva comer la fruta fue que Dios le dijo que su “deseo” sería para su esposo. Esta palabra deseo se traduce de la palabra tshuwqah (8669), que se define como: alargar, una añoranza, un deseo, y se deriva de la palabra shuwq (7783), que se define como correr tras algo. Sabemos que hay más mujeres que hombres que defienden sus matrimonios fracasados y sus cónyuges infieles. ¿No es interesante que en algún momento hubo una canción que fue muy popular (antes de que el feminismo cambiara nuestra forma de pensar) llamada “Apoya a tu hombre”?

Adán culpó a su esposa. Si se pregunta por qué su esposo la culpa, ¡ha sido de esta manera desde el principio de la creación del hombre! “El hombre respondió: ‘La mujer que Tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí’” (Gn. 3:12). “Maridos, amen a sus mujeres y no sean ásperos con ellas” (Col. 3:19). También, “Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados” (Hb. 12:15). Pero debido a la tendencia de los esposos de culpar a sus esposas, Dios nos ha protegido al darnos un principio a seguir: “Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar ellos su conducta casta y respetuosa... que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios” (1Pe. 3:1–2, 4).

Su error. Entonces Él le dijo a Adán, “Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: ‘No comerás de él’…” (Gn. 3:17). ¿Por qué era la desobediencia de él y la decepción de ella? ¡La última vez que se menciona el mandamiento de no comer la fruta es cuatro versículos antes de que Eva fuera creada! Sin embargo, ella no se sometió a la autoridad de su esposo cuando ella comió del fruto prohibido. No obstante, ella no desobedeció el mandamiento de Dios directamente porque le fue dado a Adán antes de que Eva fuera creada. Por lo que el pecado se trasmite de Adán y no de Eva. Eva no pecó adrede; ¡ella fue engañada! Adán sabía lo que estaba haciendo cuando tomó la fruta de ella y se la comió. Su caída fue el escuchar a su esposa. También vemos que se trasmitió a Abraham cuando Sara le pidió que tomara a Agar para cumplir la promesa de un hijo por parte de Dios. “Y Abram escuchó la voz de Saraí” (Gn. 16:2). Pregúntese si ha sido la “voz” de la tentación con su esposo para hacer el mal. Yo sé que fui culpable de esto mismo. ¡Esta es una excelente manera de derribar su propia casa, señoras!

Su maldición. “¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás” (Gn. 3:17–19 NVI). ¿Está “trabajando penosamente” tomando su castigo de trabajo como si fuera su maldición? La maldición de penosos trabajos se supone que sea para su esposo. (Vea “La marcha de su hogar” para que sea aliviada del “sudor” que nunca fue el propósito que soportara).

Ahora miremos a algunas esposas en la Biblia para obtener una percepción de su papel como esposa.  Miraremos ambos buenos y malos ejemplos.  Primero, Abigail.

Abigail

¿Qué sabemos de Abigail? “y su mujer se llamaba Abigail. Y la mujer era inteligente y de hermosa apariencia…” (1 Sam. 25:3).

Le faltaba discreción. Encontraremos, mientras estudiamos las Escrituras, que Abigail, aunque inteligente y bella, le faltaba discreción. “Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción” (Pr. 11:22). “Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada” (Pr. 31:30).

El testimonio de Abigail. Comienza en Primera de Samuel 25 cuando aprendemos sobre su situación. Una banda de hombres fielmente había protegido las inmensas manadas de ovejas y cabras de su esposo; ni un animal faltaba. Cuando los hombres escucharon que el esposo de Abigail esquilaba las ovejas, David envió un grupo de diez para sugerir que él le daría una recompensa por el trabajo que habían hecho, que era de costumbre. Nabal (el esposo de Abigail) se mofó de ellos y de su líder y les reclamó que él no estaba obligado a pagarle de ninguna manera. Esto enojó a David y él planificó matar a Nabal y todos los hombres de su casa. Cuando Abigail escuchó sobre el plan de David, ella tomó cinco ovejas y grandes cantidades de comida y se adelantó a encontrarse con David. Muchos predicadores han usado a Abigail como un ejemplo para nosotras a seguir. Sin embargo, ella violó las Escrituras.

¿Qué principios violó Abigail? La violación de Abigail de varios principios en las Escrituras finalmente causó la muerte de su esposo. También hizo que la tomaran como “solo una” de las muchas esposas de David.

El esposo es la cabeza de la esposa. Una de las primeras oraciones que miramos es, “Pero no dijo nada a su marido Nabal” (1 Sam. 25:19). Abigail no le dio a su esposo la posición apropiada en su matrimonio y tomó la situación en sus propias manos. Ella violó el principio “Porque el marido es cabeza de la mujer… siendo El mismo el Salvador del cuerpo” (Ef. 5:23). Ella debió haberle permitido a su esposo que fuera el “salvador” en esta situación. “Y la desobediencia [o insubordinación], como la iniquidad e idolatría” (1 Sam. 15:23). La insubordinación se define como: no someterse a la autoridad, sublevación, oposición a la autoridad abiertamente, y terco desafío de control.

Debemos someternos a aquellos que son irracionales. Ella justificó su interferencia mirando las acciones de su esposo: “…pero el hombre [Nabal] era áspero y malo en sus tratos…” (1 Sam. 25:3). No debemos excusar nuestra rebelión por las acciones de nuestras autoridades; la Palabra de Dios es clara. “…estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables” (1Pe. 2:18). “El que guarda su boca, preserva su vida; el que mucho abre sus labios, termina en ruina” (Pr. 13:3).

Ella trajo condenación a sí misma. “Sométase toda persona) a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos” (Rom. 13:1–2). Cuando ella se preocupó de que habría peligro, debió haber reportado sus preocupaciones, con gentileza y muy respetuosamente, a su esposo. Es así como dejamos las cosas en manos de Dios. “Los labios de los sabios esparcen conocimiento, pero no así el corazón de los necios” (Pr. 15:7). “El justo es guía para su prójimo, pero el camino de los impíos los extravía” (Pr. 12:26). Si Nabal hubiera insistido en su terquedad, ella en vez de clamar a David por misericordia, hubiera clamado a Dios.

Ella se entrometió en una disputa que no le pertenecía. Al tomar control de la situación, ella estaba limitando las posibilidades que Dios tenía para tratar con su esposo y la situación. “Como el que toma un perro por las orejas, así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo” (Pr. 26:17).

Ella violó los principios de Primera de Pedro 3. Yo sé que Abigail nació antes de que se escribiera Primera de Pedro. Sin embargo, su violación comprueba que no debemos mirar a Abigail como la heroína que otros afirman que es. Abigail no honró a su esposo, ella no lo ganó “sin una palabra” y ella no lo llamó señor (como hizo Sara con Abraham). Ella lo llamó “necio”. Si Abigail hubiera honrado a su esposo, Dios la hubiera protegido como Él hizo con Sara. “Y este [el faraón] trató bien a Abram por causa de ella [Sara]” (Gn. 12:16). Y también, “Entonces el Señor prestó atención a Sara como había dicho, e hizo el Señor por Sara como había prometido” (Gn. 20:18–21:1).

Ella fue carcoma en sus huesos. Abigail no solamente interfirió con la autoridad de su esposo, sino que también lo avergonzó. “Ruego a mi señor [David] que no haga caso a este hombre indigno, Nabal, porque conforme a su nombre, así es. Se llama Nabal, y la insensatez está con él…” (1 Sam. 25:25). “La mujer virtuosa es corona de su marido, pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos” (Pr. 12:4). Ella llamó a David su “señor” y llamó a su esposo “indigno”. La insensatez se define como disparate en lo que se dice o hace.

Ella era orgullosa. Ella dejó saber que ella hubiera lidiado con la situación de una manera diferente de como lo hizo su esposo. Abigail fue motivada por su orgullo: “pero yo su sierva no vi a los jóvenes que usted, mi señor, envió” (1 Sam. 25:25). Sin embargo, no era su posición hacerlo. Su posición debió haber sido hacerle “Ella le trae bien y no mal todos los días de su vida” (Pr. 31:12) a su esposo. “En ella confía el corazón de su marido, no carecerá de ganancias” (Pr. 31:11).

La vergüenza mató a su esposo. La violación de Abigail de principios Bíblicos finalmente causó la muerte de su esposo.  “su mujer le contó [a Nabal] estas cosas, y su corazón se quedó como muerto dentro de él, y se puso como una piedra. Y unos diez días después, sucedió que el Señor hirió a Nabal, y murió” (1 Sam. 25:36–38). “La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime…” (Pr. 12:25). “…Pero la lengua de los sabios sana” (Pr. 12:18).

Su esposo murió de un corazón roto. La consecuencia de las acciones de Abigail es que su esposo murió al escuchar la traición de su esposa. Ella creyó que ella era mejor para lidiar con la situación peligrosa. 

Las consecuencias. Ella “aparentaba” tener éxito en sus tramas, pero al final ella recogió lo que había sembrado. “El Señor derribará la casa de los soberbios…” (Pr. 15:25).

Abigail perdió su protección. Ella perdió la protección que Dios había colocado sobre ella, así que, “Y los siervos de David fueron a casa de Abigail en Carmel, y le hablaron diciendo: ‘David nos ha enviado a usted, para tomarla para sí por mujer” (1 Sam. 25:40). El casamiento con David fue todo menos una bendición. Ella vivió en el exilo con David junto con su primera esposa en Filistea (1 Sam. 27:3). Ella (y la primera esposa de David) fueron capturadas por los amalecitas por un tiempo breve (1 Sam. 30:5).  Más adelante fue solo una de seis esposas de David, y más adelante aun en Jerusalén fue solamente una de muchas esposas (2 Sam. 5:13).

Sabemos por las Escrituras lo miserable que era Lea con su matrimonio porque ella sabía cuánto su esposo amaba a Raquel (Gn. 29). ¿Alguna de nosotras se podría imaginar ser solamente una de seis esposas?  Sabemos sobre David y Betsabé, y no olvidemos que él tuvo otras esposas en ese tiempo. Yo sé que cuando mi esposo estuvo con solo una mujer, ¡casi me muero la primera vez que pasó! Mi pregunta para aquellas que dicen que Abigail fue bendecida al ser la esposa de David es esta: “¿Quisiera que su esposo se acostara con otras cinco mujeres, aunque él fuera ‘rubicundo y buen mozo’?”  (Vea 1 Sam. 17:42 dice que David era sonrosado, con una apariencia atractiva).

Su vergüenza pasó a su hijo. El hijo único de Abigail no se menciona en las Escrituras hasta mucho después. Aunque él debió haber sido el príncipe para la corona después de la muerte de Amón. Obviamente, ella tuvo remordimientos sobre su vida cuando cambió el nombre de su hijo de Chileab, que significa “restricción del padre” a Daniel que significa “Dios es mi [Abigail] Juez” (1Cron. 3:1). (Nombres son muy significativos en la Biblia.  Mire los nombres de los hijos de Lea y Raquel en Génesis 29 y 30)

Su falta de prudencia. Si Abigail solo hubiera permanecido callada Dios se hubiera podido mover a su favor. “Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por prudente” (Pr. 17:28).   “…la mujer prudente viene del Señor” (Pr. 19:14). Se puede estar preguntando lo que Dios pudo haber hecho por ella, o a lo mejor, que hubiera podido hacer Él por usted si hubiera estado casada con un hombre que actúa tontamente. “Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place” (Pr. 21:1). Dios es fiel y más que capaz de cambiar el corazón aun de su esposo. “Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón” (Jr. 17:5). ¿Y usted? ¿Tomará los asuntos en sus propias manos cuando vea el peligro acercarse a usted y a su familia? ¿Confiará en Dios permitiendo que su esposo sea el salvador de su familia?

Saraí

La voz de Saray. “Entonces Saraí dijo a Abram: «Mira, el Señor me ha impedido tener hijos. Llégate, te ruego, a mi sierva; quizá por medio de ella yo tenga hijos». Y Abram escuchó la voz de Saraí” (Gn. 16:2). “El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias” (Pr. 21:23). El error de Saraí comenzó una guerra que continúa en el Medio Oriente entre judíos y musulmanes, ¡hasta el día de hoy!

Moverse antes que Dios. “Después de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, Saraí, mujer de Abram, tomó a su sierva Agar la egipcia, y se la dio a su marido Abram por mujer. Y Abram se llegó a Agar, y ella concibió. Cuando ella vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora” (Gn. 16:3–4). Cada vez que nos adelantamos a Dios, y un “Ismael” se concibe, despreciamos lo que hemos creado en nuestro apuro.

Mal por mal e insulto por insulto. “Entonces Saraí dijo a Abram: ‘Recaiga sobre ti mi agravio. Yo entregué a mi sierva en tus brazos. Pero cuando ella vio que había concebido, me miró con desprecio. Juzgue el Señor entre tú y yo’. Pero Abram dijo a Saraí: ‘Mira, tu sierva está bajo tu poder; haz con ella lo que mejor te parezca». Y Saraí trató muy mal a Agar y ella huyó de su presencia” (Gn. 16:5–6).  Ahora, aquí vemos a Saraí moverse en una nueva violación. Primera de Pedro 3:9 dice: “no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición”. Cuando ella fue a su esposo con quejidos sobre el desastre en el que se encontraba, él le animó a que entrara en la carne. Recuerde, “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable (Pr. 10:19). Una vez más, cuando tenga un problema, no corra a nadie ¡corra hacia Dios!

Sara cometió muchos errores; sin embargo, Sara, según nos dicen, es nuestro ejemplo de una esposa sumisa: “Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y ustedes han llegado a ser hijas de ella, si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarlas... Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Pe. 3:5-6). Dios es bueno. Sara cometió muchos errores, pero Dios le dio vuelta a cada situación en cuanto ella comenzó a agradarle al Señor. Yo también cometí muchos errores. Yo no tenía ni idea lo que una esposa tenía que hacer, decir, o ser. Cuando comencé a seguir al Señor y Su Palabra, Él le dio vuelta a todo, ¡y Él me elevó a mí! Él lo hará por usted también. Entre más siga Sus instrucciones con un corazón puro, ¡más bendiciones derramará sobre usted!

La esposa de Job

¿La “ayuda idónea” de Job? “Entonces su mujer le dijo: ‘¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete’. Pero él le dijo: ‘Hablas como habla cualquier mujer necia. ¿Aceptaremos el bien de Dios, pero no aceptaremos el mal?’” (Jb. 2:9-10). Pobre Job, lo perdió todo, y está cubierto de tumores dolorosos, pero tener a su “ayuda idónea” tentándolo a pecar con su boca, ¡eso es demasiado! Me recuerda cuando yo tuve a mi primer hijo en el hospital. Yo estaba decidida a tenerlo “naturalmente” sin ninguna medicina. Sin embargo, a cada momento estaba la enfermera preguntándome si quería algo para el dolor. Me sentía que estaba gateando por el desierto mientras alguien me seguía preguntando si quería un vaso de agua fresca. Sentía que le quería dar una puñalada. No lo hice, al menos. ¡Esta era la “vieja Erin” a quien mi esposo dejó! ¡Alabado sea Dios!¡Él me ha cambiado!

Job sabía que lo que su esposa estaba diciendo era absurdo. “De la boca del justo brota sabiduría, pero la lengua perversa será cortada” (Pr. 10:31). Qué pena para Job que Dios le quitó todo excepto a su esposa. ¡Obviamente Dios tiene un sentido de humor! “El que pone atención a la palabra hallará el bien” (Pr. 16:20). Job prestó atención a lo que él decía, y fue bendecido. “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mt. 12:37). ¿No es curioso que la esposa de Job nunca la presentan por nombre? No obstante, nosotras la conocemos por su comentario absurdo. Esta no es la manera en que a mí me gustaría que me recordaran ¿y a usted?  En lugar de eso…

Obedezcamos como lo hizo Sara sin asustarnos por ningún temor

Compromiso personal: someterme a mi esposo como al Señor. “Basada en lo que he aprendido de la Palabra de Dios, me comprometo a obedecer a mi esposo para que la Palabra de Dios no sea blasfemada”.

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Como "Asímismo las ancianas ... enseñen lo que es bueno, para que INSTRUYAN a las jóvenes ..." (Tito 2: 3) Tendrá la oportunidad de hablar con las mujeres más jóvenes que todavía están solteras como parte de su ministerio ".