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Capítulo 5 "Ganados sin una Palabra"

“Asimismo [como Jesús] ustedes, mujeres,
estén sujetas a sus maridos,

de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra,
puedan ser ganados sin palabra alguna... ”
1 Pedro 3:1

 

Muchas de nosotras hemos enfrentado el dilema de que nuestros esposos sean desobedientes a la Palabra de Dios abierta o secretamente. No sólo es preocupante, sino también bastante frustrante. Esto es especialmente cierto si usted ha tratado de razonar o compartir su preocupación por el bienestar de él y el bienestar de su familia. Sin embargo, en esta lección usted aprenderá, a través de la Escritura, que cualquier cosa que usted quisiera decirle a su esposo debe en vez decírsela a Dios.

En esta lección aprenderemos de la Palabra de Dios (y los muchos “malos frutos” de nuestras acciones) que como nuestros esposos son nuestra autoridad, nuestras palabras no sólo son inútiles, sino que también son potencialmente peligrosas. Se nos dice en la Palabra de Dios que ganemos a nuestros esposos sin una palabra y con una actitud de respeto, sin importar lo que ellos estén haciendo.

¿No debería hablar con mi esposo acerca de mis preocupaciones?

Pídale a Dios que hable con su esposo. Acabamos de leer que, cuando nuestros esposos son desobedientes a la Palabra, nosotras debemos obedecer y estar determinadas a ganarlos sin una palabra. Pero, hay algo más que  podamos hacer? Sí, podemos ir hasta arriba; podemos acudir a nuestro Padre Celestial y apelar a Él. Pídale a Dios que le diga al Señor (quien está directamente por encima de todos los hombres) que hable con su esposo acerca de lo que hay en su corazón, ya que este es el orden de autoridad. “Pero quiero que sepan que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios” (1Co. 11:3).

Tenga la actitud apropiada. “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación” (Rom. 13:1-2).

Cambie, solamente por medio de la oración, la dirección de su esposo hacia Dios. Debe entender que usted no es responsable por lo que su esposo haga o no haga; él es responsable ante Dios por sus acciones. “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión” (St. 1:14).

Quítese de su camino. “¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores... Sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche!” (Sal. 1:1-2). Quítese del camino de su esposo; ¡usted no es su autoridad! La segunda línea nos dice lo que debemos hacer –meditar en Su Palabra. Déjele su esposo a Dios; Dios debe ser el Único que haga el cambio en su esposo. Su esposo ni siquiera puede cambiarse a sí mismo. ­

¡Quítese de su espalda y ore! Usted puede ayudar a sanar su casa por medio de sus oraciones. “Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho” (St. 5:16).

Venza con el bien el mal. Sea cuidadosa en cómo reacciona ante el mal cuando este ocurre: “No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien” (Rom. 12:21). De nuevo, ¡los problemas ocurrirán! “…sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (St. 1:3). Tome esta oportunidad para orar una bendición sobre su esposo. “...no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición” (1Pe. 3:9).

¡Concéntrese en amar lo difícil de amar! Cuando ama y respeta a su esposo, a pesar de que él sea difícil de amar y poco amable, usted le está mostrando amor incondicional. “Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?” (Mt. 5:46). Déle a Dios sus heridas. Él le ayudará a amar a su esposo.

El ministerio de la reconciliación. Como hijas de Dios, debemos ser embajadoras del amor de Dios y eso atraerá a otros hacia el Señor. “Por tanto, somos embajadores de Cristo... y nos dio el ministerio de la reconciliación... no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación” (2Co. 5.18-20). ¿Está contando las transgresiones de su esposo? Recuerde que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. 

Nuestro primer campo misionero. Puede preguntarse a sí misma, “¿Por qué debería ministrar a mi esposo?” El Señor nos da nuestro hogar como el primer “campo misionero” antes de que podamos ser verdaderamente efectivas con otros. Nosotras, por supuesto, queremos adelantarnos a Dios antes de que estemos realmente listas. Como mujeres jóvenes, debemos ministrar en casa. Conforme nuestros hijos crecen, entonces nos volvemos las mujeres ancianas. “Asimismo, las ancianas deben... enseñen lo bueno, para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tt. 2:3-5).

Dios quiere que aprendamos contentamiento antes de que Él cambie a nuestros esposos. Para probar más allá este punto, podemos mirar la vida de Pablo: “No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad” Él prosigue a decir el versículo que escucha tan seguido: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp. 4:11-13).

Usted debe pelear de la manera adecuada. Haga lo que Dios dice – ¡funcionará! No trate de defenderse usted misma. “En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición” (1Pe. 3:8-9).

Esta es una batalla espiritual. “¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y Él pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles?” (Mt. 26:53). Nuestro Padre Celestial llamará a los ángeles para pelear a favor suyo en los “cielos” donde la “batalla real” se está llevando a cabo. “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo en tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Ore el Salmo 91 sobre su familia.

Su esposo no es el enemigo. ¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?” (Rom. 6:16). Cuando una persona está en pecado, es realmente sólo un esclavo del diablo. Podemos pensar que el que peca es horrible, pero también nosotras lo somos, si seguimos reaccionando en venganza. Recuerde, ¡esa le pertenece a Él! “Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2Co.10:3-4). ¿No preferiría llegar a la causa raíz, en vez de solo al síntoma de sus problemas?

Comprométase. Comprométase sin importar las consecuencias y deje los resultados a Dios. “Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey, que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado” (Dn. 3:17-18). Estos muchachos creían que Dios los libraría: pero, sin importar las consecuencias, habían decidido obedecer. Aún si tenían que morir en el horno, ellos harían lo que sabían que Dios quería que hicieran y dejaron los resultados a Dios. Los muchachos no murieron, pero las cuerdas que los ataban fueron removidas en su caminar por el fuego. ¿Tiene cuerdas de pecado o preocupación que la están atando? Dios la salvará. ¡Es Su batalla! Clame al Dios de los Ejércitos – Él es el Guerrero.

Prepárese para la guerra poniéndose Su armadura

Los esquemas del Diablo. “Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo”. (Ef. 6:10-11 NVI). Recuerde quién es el enemigo real – Satanás, no su esposo. 

Toda la armadura de Dios. “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo en tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes” (Ef. 6:12-13). Debe resistir el miedo que causa que huya o se dé por vencida; habiendo hecho todo, permanezca firme. Es bueno orar el Salmo 37 si está plagada con miedo.

Permanezca firme. “Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad...” (Ef. 6:14). La gente habla de “dar un paso de fe”. ¡Algunas veces puede ser mejor dejar de moverse y sólo permanecer firme! Puede ser la diferencia entre confiar y tentar a Dios. Algunas veces sentimos que estamos dando un “paso de fe”, pero en realidad estamos tirándonos a nosotras mismas por un precipicio, tal como Satanás le dijo a Jesús que hiciera.

Debemos preguntar al Señor si tomamos un “paso” de fe o nos “mantenemos” en fe. Nuestras convicciones nos deberían permitir “mantenernos” en lo que es correcto. Si nos movemos, podríamos estar cayendo al precipicio. Si Dios trae la adversidad a nuestras vidas, nuestra permanencia será el testimonio. Sin embargo, como verá más adelante en esta lección, algunas veces se nos pide que demos un paso y caminemos en el agua como se le pidió a Pedro. Se necesita discernimiento aquí. Un indicador que puede ayudarnos a discernir la dirección de Dios es la cantidad de urgencia. Usualmente nuestra “carne” nos trae urgencia. Dios, sin embargo, usualmente nos dice que esperemos.

Su justicia. “Revestidos con la coraza de justicia…” (Ef. 6:14). Dios está hablando acerca de Su justicia, no la nuestra. Él nos dice en Su Palabra que nuestra justicia no es más que “trapos de inmundicia” (Is. 64:6).

Camine en paz. “y calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la paz…” (Ef. 6.15). Dicen las Bienaventuranzas (también conocidas como las “Actitudes del ser”), “Bienaventurados los que procuran la paz!”. En 1 Pedro 3:15 dice que “estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia” Debemos esperar hasta que la “puerta” se abra y entonces proceder con gran gentileza y paciencia con cada persona.

El escudo de la fe. “sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno” (Ef. 6:16). Debe tener fe, no en usted o en alguien más - ¡fe en Dios, sólo en Él! Las circunstancias no tienen nada que ver con la fe. Crea solamente en Su Palabra para la Verdad sobre su situación.

Yelmo de salvación. “Tomen también el casco de la salvación...” (Ef. 6:17). Usted debe ser salva. Debe ser una de Sus hijas para realmente ganar una batalla espiritual difícil. Es tan fácil como hablar con Dios ahora mismo. Sólo dígale, en sus propias palabras, que lo necesita a Él. Pídale al Señor que se vuelva real para usted. Déle a Él su vida, una vida que está echada a perder, y pídale al Señor que la haga nueva. Dígale que usted hará lo que sea que Él le pida, ya que Él ahora es su Señor. Pídale a Él que la “salve” de su situación y de la eternidad que les está esperando a todos lo que no aceptan Su regalo de vida eterna. Agradézcale por Su muerte en la cruz, Su sangre derramada y la muerte que Él murió por usted. Ahora puede creer que ya no vivirá sola nunca más; ¡Dios estará siempre con usted y usted pasará la eternidad en el Cielo con Él!

Espada del Espíritu. “y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios” (Ef. 6:17). Esto es exactamente lo que hemos venido enseñando. Use Su Palabra para una batalla que será ganada. ¡Cuando la batalla es del Señor, la Victoria en nuestra! Escriba en tarjetas de 3x5” las Escrituras que necesita para ayudarla en su batalla. Consérvelas con usted en todo momento en su bolso. Cuando sienta venir un ataque, como miedo o la tentación de hablar con su esposo cuando se le ordena permanecer callada, usted puede leer los versículos que pertenezcan a su predicamento. Clame al Señor. Permanezca firme en la fe. “Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará” (Sal 37:5).

Ore en todo tiempo. “Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu” (Ef. 6:18). Ore desde dentro de su Espíritu. Tenga tiempos designados para la oración, tres veces al día (como Daniel los tenía). Esa fue una de las razones por las cuales fue tirado a la guarida del león. Y no se preocupe si “en esencia” es tirada en la guarida del león; ¡Dios cerrará las bocas de los leones!

Esté alerta. “y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18). Cada vez que el miedo la abrume, ore por otra persona que sepa lucha con el miedo o con alguna otra debilidad. Ore este versículo por ellos: “Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co. 12:9-10). Después de que haya orado por alguien, llámelos y anímelos.

Ore por aquellos que la persiguen. Dios también nos pide que oremos por alguien más – nuestros enemigos. Cada uno de ellos. Ore por ellos y pídale a Dios que le muestre lo que Él quiere que usted haga para bendecirlos. No fue sino hasta que Job oró por sus llamados amigos que Dios restauró lo que Job había perdido. “Y el Señor restauró el bienestar de Job cuando este oró por sus amigos; y el Señor aumentó al doble todo lo que Job había poseído” (Jb. 42:10). “Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” Y prosigue a decirnos por qué: “para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos” (Mt. 5:44-45).

Después de leer este versículo cuando Dan se fue por primera vez, pedí al Señor que me mostrara una manera de bendecirlo. El Señor trajo a mi mente que, a pesar de que era verano, él estaba usando zapatos de cuero, calientes. Me detuve en una farmacia y escogí un par de sandalias de goma de 88 centavos para él. ¡Cuando se las dí, su expresión (que había sido muy fría) se derritió! Fue un gesto pequeño de mi parte, pero habló en grande a su corazón.

Conozca la Palabra de Dios

Su Palabra no volverá vacía. Usted debe conocer y aprender la Palabra de Dios. Debe buscar para encontrar las benditas promesas de Dios. El principio es que cuando nosotras hablamos Su Palabra a Él en oración, no volverá vacía. ¡Esta es Su promesa para usted! “Así será Mi palabra que sale de Mi boca, no volverá a Mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié” (Is. 55:11). Él desea que usted venza a los males de este mundo. Usted debe hacer lo que está garantizado por Dios mismo – no acepte imitaciones o falsificaciones. Use Su Palabra en la oración.

Busque el entendimiento. Dios dice que si usted busca, hallará. La Palabra de Dios da sabiduría. Buscar profundamente el significado le da a usted un mejor entendimiento de la Verdad. “Así que Yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá” (Lc. 11:9). Una vez que sepa qué hacer, entonces puede aplicarlo a su vida. “Con sabiduría se edifica una casa, y con prudencia se afianza; con conocimiento se llenan las cámaras de todo bien preciado y deseable” (Pr. 24:3-4).

Lea la Palabra con deleite. Marque los versículos especiales en su Biblia. “Deléitate en el Señor, y Él te concederá los deseos de tu corazón” (Sal. 37:4 NVI). Tome el tiempo para marcar estos versículos para una referencia rápida en tiempos de aflicción o cuando guíe a otra persona que usted conozca a la Verdad. ¿Qué contestó Jesús cuando Satanás estaba tratando de tentarlo? “Jesús le respondió: - Escrito está... Escrito está... Pues escrito está…”. (Lc. 4:4,8,10). Use un crayón amarillo o de colores claros específicos para las diferentes promesas. Cuando el diablo la asalte de nuevo, ¡vaya en contra de él con “Escrito está... Escrito está... Pues escrito está…”!

Medite día y noche. Memorice las promesas que encuentre de manera que la seguridad bendita de ellas penetre en su alma. Usted debe aprender y conocer las promesas de Dios si es que quiere depender sólo de Él. “Sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche! Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera” (Sal. 1:2). Use tarjetas de 3x5”y escriba este versículo. Consérvelo en su bolso para los tiempos en que esté “esperando”.

Guerra espiritual llevando sus pensamientos cautivos

Su batalla será ganada o perdida en su mente. “Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. Y estamos dispuestos a castigar cualquier acto de desobediencia una vez que yo pueda contar con la completa obediencia de ustedes” (2Co. 10:5-6 NVI). No juegue en las manos del enemigo. No entretenga malos pensamientos; ¡lleve sus pensamientos cautivos!

Venza el mal con el bien. Satanás sabe que si él puede dividir, puede conquistar. La mayoría de nosotras jugamos justo en sus manos, las manos del enemigo. La Escritura nos dice “No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien” (Rom. 12:21). ¡Esto es tan poderoso!

No importa qué tan malas parezcan las cosas, Dios está en control. Nuestro consuelo es saber que Dios está en control, no nosotras y ciertamente no Satanás. “Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo; pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos” (Lc. 22:31-32).

Zarandearlos. Jesús conocía el resultado, aún así, Pedro tuvo que ser “zarandeado” para estar listo para el llamado de Dios en su vida. ¿Estará lista cuando Él la llame? “y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfecto y completos, sin que nada les falte” (St. 1:4).

La llaves del cielo

Jesús nos dio las llaves del cielo – ¿las usa? “Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mt. 16:19).

Remueva el mal. Primero debe atar al “hombre fuerte” – eso es, el espíritu que tiene prisionera a la persona por la que está orando. Busque un versículo que pueda orar que le aplique. “Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte... si primero no lo ata...” (Mc. 3:27).

Reemplace el mal con el bien. ¡Esto es muy importante! “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: “volveré a mi casa de donde salí.” Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero” (Lc. 11:24-26).

Si no reemplaza. Si no reemplaza lo que ha removido, será peor que antes de que orara. Siempre debe reemplazar el mal con algo bueno. Esta es una razón por la cual muchos que se ponen a dieta de hecho se vuelven más gordos. Dejan de comer todas las “comidas malas” o tratan de no comer en absoluto, pero nunca las reemplazan con algo bueno como la oración, salir a caminar, hacer ejercicio o comer comidas nutritivas. Otro ejemplo podría ser alguien con un rostro muy grasoso. Lo tallan con jabón y quizá se pongan alcohol para secar la grasa. ¡Luego de unas cuantas horas está más grasoso que nunca! Los dermatólogos le dirán que debe reemplazar la grasa que removió con una pizca de loción.

Reemplace las mentiras con la Verdad – la Verdad que se encuentra solamente en Su Palabra. A menos de que lo que escucha, lo que lee y lo que le dicen concuerde con un principio en la Palabra de Dios, ¡ES UNA MENTIRA!

Reemplace el “brazo de la carne” con el Señor. Reemplace confiar en el “brazo de la carne” (usted, un amigo, quien sea) por confiar en el Señor. “Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza” (Ef. 6:10).

¡Reemplace el huir por el correr hacia Él! “Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Sal. 46:1). ¡Corra al libro de los Salmos! Lea los Salmos que corresponden a la fecha actual más 30 (30, 60, 90, etc.), luego lea el capítulo de Proverbios que corresponde a la fecha actual. (Por ejemplo, en el 5º día del mes usted leería los Salmos 5, 35, 65, 95, y 125, y el 5º capítulo de Proverbios). Una manera fácil de recordar es escribir con cuál seguir al final del Salmo (por ejemplo, al final del Salmo 6 usted escribiría 36, al final del 36 usted escribiría 66, y así los demás. Cuando llegue al 126 usted escribiría Pr. 6). El Salmo 119 está reservado para el día 31 del mes.

¡Reemplace clamar a otros por clamar a Él! ¡Él promete escucharla y levantarla inmediatamente! ¡Pero usted debe clamar! No piense para sí misma, “¡Bueno, Dios no me ha ayudado en el pasado!” Si Él no la ayudó, es simplemente porque usted no lo pidió- “Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán” (Mt. 7:7). ¡Él es fiel!

¿Qué “condición” se necesita para ser escuchada?

Sus deseos con Su voluntad. Existe una condición que debe ser cumplida antes de que obtengamos lo que queremos. “Si permanecen en Mí, y Mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho” (Jn. 15:7). Cuando su corazón descansa sólo en Jesús y su voluntad está centrada en Su voluntad, lo ha hecho Señor de su vida. Para conocer Su voluntad debe conocer Su Palabra. Es Su voluntad que su matrimonio sea sanado. Él odia el divorcio y nos dice que debemos reconciliarnos, pero Él tiene condiciones.

La condición para la bendición. Cada promesa dada por Dios tiene una condición para esa bendición. Muchos clamarán la porción de la bendición en la Escritura e ignorarán la condición. Usted no puede clamar la Escritura y optar por ignorar la condición.

Condición - “Cree en el Señor Jesús…

            Promesa – y serás salvo, tú y toda tu casa” (Hch. 16:31).

Condición - “Deléitate en el Señor…

            Promesa – y Él te concederá los deseos de tu corazón” (Sal. 37:4 NVI).

Condición - “Instruye al niño en el camino que debe andar…

            Promesa – y aun cuando sea viejo no se apartará de él” (Pr. 22:6).

            Promesa - “…todas las cosas cooperan para bien…

Condición - “para los que aman a Dios…”

                            “…los que son llamados conforme a Su propósito” (Rom. 8:28).

Llamado por Mi nombre. “si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.” (2Cro. 7:14 NVI). Una vez que clama a Él, será llamada por el nombre de Cristo. Un cristiano es un “seguidor de Cristo”. Recuerde, usted debe ser una de Sus hijas. Hable con Jesús ahora mismo. Pídale que la perdone por sus pecados y que sea su Salvador.

Humíllese. “si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra” (2Cro. 7.14 NVI). Las personas voluntariosas y altivas a veces entienden la Palabra sin el Espíritu, pero para conocer la mente de Dios necesitamos esperar humildemente en el Espíritu de Dios.

La humildad será probada. “…te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos” (Dt. 8:2 NVI).

La humildad la salvará. “Cuando estés abatido, hablarás con confianza, y Él salvará al humilde” (Jb 22:29).

La humildad fortalecerá su corazón. “Oh Señor, tú has oído el deseo de los humildes; tú fortalecerás su corazón e inclinarás tu oído” (Sal. 10:17).

Él enseña y dirige al humilde. “Dirige a los humildes en justicia, y enseña a los humildes Su camino” (Sal. 25:9).

Sólo los humildes heredarán la tierra. “Pero los humildes poseerán la tierra…” (Sal. 37:11).

Los humildes serán exaltados. “Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes” (Lc. 1:52).

Sólo a los humildes les será dada la gracia. “Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: ‘DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES’... Humillaos en la presencia del Señor y Él os exaltará” (St. 4:6,10).

La humildad está enraizada en el espíritu. “En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde...” (1Pe. 3:8).

Camine en el Espíritu. Estar llena del Espíritu Santo le permitirá caminar en el Espíritu, no en el pecado y los deseos carnales. Muchas iglesias están entusiastamente “llenas del Espíritu”. En 1 Corintios capítulo13, se dice que el “amor” es superior a tener el don de lenguas. Cualquier talento o bendición que recibimos puede algunas veces causar que nos volvamos orgullosas. Cuando juzga la importancia de otro o mide su espiritualidad por si están o no llenos del Espíritu, se encamina a la caída del orgullo. “No juzguen, y no serán juzgados...” (Lc. 6:37).

“Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente Mis ordenanzas” (Ez. 36:27).

 “…anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne” (Ga. 5:16).

Ore. “...si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.” (2Cr. 7:14 NVI). En una reunión en casa de “Compañerismo de restauración” de Restore Ministries, las mujeres oraron que los vientres de las “mujeres extranjeras”, con las que estaban sus esposos, fueran “cerrados”. Todos fueron cerrados, excepto uno. Dios usó a este niño como el instrumento para sanar a esta familia. Siempre podemos confiar en Dios para que disponga de todo para nuestro bien si “…sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito” (Rom. 8:28).

Espere. Muchas veces la batalla seguirá propagándose en su nombre. También, debe recordar que habrá muchas “batallas” que deben ser peleadas (y ganadas) en la guerra contra su matrimonio. Sólo recuerde, ¡Cuando la batalla es del Señor, la victoria es nuestra! (1Sam.17:47). Como en todas las guerras reales, no todas las batallas son ganadas por el mismo lado, así que no se desaliente si ha caído y ha cometido errores. Tenemos el consuelo de saber que Él nos escucha inmediatamente – pero, hay una batalla siendo librada. En el libro de Daniel, un ángel le habló a él y nos dio estas revelaciones: “...desde el primer día en que te propusiste en tu corazón entender y humillarte delante de tu Dios,  fueron oídas tus palabras, y a causa de tus palabras he venido. Pero el príncipe del reino de Persia se me opuso por veintiún días” (Dn. 10:12-13). Puede tomar un tiempo ganar las batallas; no se canse. “Pero vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien” (2Ts. 3:13).

Su tiempo. Debe entender una cosa: Dios parece trabajar en una cosa a la vez. Nosotras debemos trabajar con Él en Su tiempo. Esto no significa que debemos esperar para orar; sólo significa que necesitamos esperar a Dios para que cambie la situación en el momento oportuno. ¡Gracias a Dios que Él no descarga (por medio de la convicción) sobre de mí todos mis pecados a la vez! Sólo use el tiempo mientras espera, para orar. Si usted no entiende este punto tan importante puede llegar a cansarse y ser incapaz de vencer. “El que venciere heredará todas las cosas” (Ap. 21:7 RVR 1960).

Dos o tres reunidos. Encuentre otras dos mujeres que orarán con usted. “Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó en ella. Y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol... mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando dejaba caer la mano, prevalecía Amalec (el enemigo)” (Ex. 17:11-12). Encuentre otras dos mujeres que la sostengan, de manera que no se canse demasiado. Ore y pídale a Dios que la ayude a encontrar otras dos que piensen igual. 

El poder de tres. “Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente” (Ecl. 4:12).

Para levantar al otro. “Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor pago por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!” (Ecl. 4:9-10).

Él está ahí con usted. “Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt. 18:20). “Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantándose apresuradamente preguntó a sus altos oficiales: ‘¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del fuego?’. ‘Así es, oh rey’, respondieron ellos. ‘¡Miren!’, respondió el rey. ‘Veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses’” (Dn. 3:24-25). ¡Usted nunca está sola!

Acuerdo. “Además les digo, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por Mi Padre que está en los cielos” (Mt. 18:19). Cuando esté luchando por obtener paz acerca de algo, llame a alguien que esté firme con usted y oren de común acuerdo.

Interponerse en la brecha. “Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado!” (Ez. 22.30 NVI).

Orad unos por otros. “Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho” (St. 5:16). Confesarse a una mujer que piense igual es el mejor método para obtener un corazón puro.

Haga su confesión. Esdras sabía que hacer cuando oraba. “Mientras Esdras oraba y hacía esta confesión llorando y postrándose delante de la casa de Dios...” (Esd. 10:1).

Buscan Mi Rostro. “…y se humilla Mi pueblo sobre el cual es invocado Mi nombre, y oran, buscan Mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.” (2Cro. 7.14).

Radiantes están los que a él acuden; jamás su rostro se cubre de vergüenza” (Sal. 34:5).

“Busquen al Señor y Su fortaleza; busquen Su rostro continuamente” (1Cro. 16:11).

“…busquen Mi rostro; en su angustia me buscarán con diligencia” (Os. 5:15).

Abandone su mala conducta. “…y se humilla Mi pueblo sobre el cual es invocado Mi nombre, y oran, buscan Mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.” (2Cro. 7.14). Las Escrituras no son sólo para la cabeza; son para el corazón y la voluntad. Para obtener el impacto real de la Escritura, debemos rendir nuestras vidas y nuestras voluntades a la guía del Espíritu Santo. Usted debe estar dispuesta a ser hecha de nuevo.

¿A quién escucha el Señor? ¿A quién salva el Señor? “Los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor” (Sal. 34:15). “Claman los justos y el SEÑOR los oye, y los libra de todas sus angustias” (Sal.34:17).

¿A quién no le contestará? Cuando está en pecado, Él no contestará, aunque usted sí clame a Dios. “Entonces clamarán al SEÑOR, pero Él no les responderá; sino que esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo, porque han hecho malas obras” (Mi. 3:4).

Todos hemos pecado. Todos hemos pecado y nos hemos quedado sin la gloria de Dios, pero Dios envió a Su Hijo. “Para ustedes en primer lugar, Dios, habiendo resucitado a Su Siervo, lo ha enviado para que los bendiga, a fin de apartar a cada uno de ustedes de sus iniquidades” (Hch. 3:26).

Obedecer es mejor que un sacrificio. “Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grasa de los carneros. Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría” (1Sam. 15:22). ¿Sabe lo que es correcto hacer, pero aún así no lo hace? ¡Obedezca! “A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado” (St. 4:17).

Comience por orar el Salmo 51:2-4. “Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas”.

¿Cuándo se da por vencida en el orar? ¡Nunca! Tenemos un maravilloso ejemplo del hecho de que Dios no siempre quiere decir “no” cuando no tenemos una oración contestada. Lea Mateo 15:28 para ver como la mujer cananea continuó suplicándole a Jesús por la sanación de su hija. El resultado de su fe: “...Entonces Jesús le dijo: ‘Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas’. Y su hija quedó sana desde aquel momento”.

Continúe. Cuando oramos por algo que estamos seguras es la voluntad de Dios y parece que Él no nos ha escuchado, o ha dicho lo que pensamos que es “No”, ¡Dios simplemente puede querer que continuemos pidiendo, esperando, rogando, ayunando, creyendo, llorando, colocándonos a nosotras y a nuestras almas postradas ante Él!

La batalla es por su alma. ¿Está unida en yugo desigual? Esposas, ¿es la batalla en su casa realmente la batalla por el alma de su esposo? ¿Está unida en yugo desigual? Escuche esta cita tomada del libro Oración, Pidiendo y Recibiendo, de John Rice. “Si una esposa cristiana es completamente para Dios... ella puede ganar a su esposo más rápidamente que cualquiera. Ore esta simple oración de confesión. Dígala desde el fondo de su alma. Reconozca en estas palabras, sus fallas, su esterilidad, su superficialidad como cristiana, su falta en dar fruto. Órela en su corazón ahora. Yo le imploro, ruegue por eso, suplique por eso, con confesión, con lágrimas, con trabajo del alma, hasta que Dios conteste desde el Cielo”. Recuerde que tiene la promesa de que “...serás salvo, tú y toda tu casa” (Hch. 11:14). Recuerde, un esposo es santificado por su esposa. “Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer… Pues ¿cómo sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido?” (1Co. 7:14,16).

Lágrimas, clamores, lamentos. Abajo están algunas Escrituras que le ayudarán a comprender la sinceridad de corazón necesaria cuando clamamos a Dios (especialmente por la salvación de nuestro esposo o por un matrimonio en problemas o roto). Conforme las lea, marque aquellas que muevan su corazón y memorícelas en su tiempo de oración de rodillas ante el Señor. Se nos dice que debemos orar y clamar a Dios.

Cansado estoy de mis gemidos; todas las noches inundo de llanto mi lecho, con mis lágrimas riego mi cama” (Sal. 6:6).

“Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día…” (Sal. 42:3).

“Pon mis lágrimas en Tu frasco; ¿Acaso no están en Tu libro?” (Sal. 56:8).

“Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo” (Sal. 126:5).

Sus lágrimas. María Magdalena fue elogiada por Jesús por sus lágrimas. “... y poniéndose detrás de Él a Sus pies, llorando, comenzó a regar Sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza... ‘ella ha regado Mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos’” (Lc. 7:38, 44).

Llamen a las lloronas.  Las mujeres de hecho eran llamadas, en tiempos de angustia, ¡para que clamaran a Dios en nombre de alguien! “Así dice el SEÑOR de los ejércitos.. llamad a las plañideras, que vengan, enviad por las más hábiles... enseñad la lamentación a vuestras hijas...”(Jr. 9:17, 20). “‘Aun ahora’, declara el Señor, ‘Vuelvan a Mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento...’” (Jl 2:12). 

¿A quién clamamos? Los hombres parecen odiar nuestras lágrimas. Algunas veces, ellos conservan su distancia porque no saben qué hacer cuando una mujer llora, o porque la mujer ha usado las lágrimas para manipularlo. Pero el hecho de que Dios es un Dios celoso, y que esas lágrimas pertenecen a Él podría ser la razón, a veces de la indiferencia de nuestros esposos hacia nuestras lágrimas. “Entonces invocarás, y el Señor responderá; clamarás, y Él dirá: ‘Aquí estoy’” (Is. 58:9). “No dejes de clamar al SEÑOR nuestro Dios por nosotros...” (1Sam. 7:8). Puede pasar un largo tiempo antes de que vea la victoria manifestada en la carne, pero debe continuar teniendo esperanza en las cosas no vistas. Tenga fe en Dios. Clame sólo a Él. Él tiene el poder para cambiar las cosas.

Fe. Lea acerca de diferentes situaciones difíciles en la Biblia e identifique su situación con ellas. Para conocer Su gran poder, lea cómo Jesús calmó las olas del mar. Para saber que Él puede hacer mucho con muy poco, lea cómo alimentó a cinco mil con cinco panes de cebada y dos peces pequeños. Para que nunca dude de Su misericordia por usted y su situación, lea cómo Jesús limpió a los leprosos, sanó a los enfermos, abrió los ojos a los ciegos y perdonó a la mujer pecadora. Veamos a un par de hombres fieles que demostraron gran resistencia en sus pruebas y dificultades.

Pedro, un ejemplo de fe. Lea la historia de Pedro en Mateo 14 empezando en el versículo 22. Jesús le pidió a Pedro que caminara en el agua. Si Él le pide que camine en el agua, ¿saldrá del bote? Observe: cuando Pedro clama a Jesús, es siempre seguido por la palabra inmediatamente. Inmediatamente Jesús les habló y les dijo que tuvieran valor. Y después cuando Pedro empezó a hundirse, clamó al Señor, y “De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró. —Tienes tan poca fe —le dijo Jesús—. ¿Por qué dudaste de mí?” (Mt. 14:31 NTV).

Miedo. Una pregunta que debemos hacernos es: “¿Por qué se hundió Pedro?”. “Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo” (Mt. 14:30). Si mira su situación y la batalla que se está librando contra usted, ¡se hundirá! ¡Pedro quitó sus ojos del Señor y el resultado fue el miedo! Dice “tuvo miedo”. Si aparta sus ojos del Señor, también tendrá miedo.

Su testimonio. ¿Cómo reaccionaron los otros en el bote? (¿Se olvidó de que había otros que no salieron del bote?) Dice, “Entonces los que estaban en la barca le adoraron, diciendo: ‘En verdad eres Hijo de Dios’” (Mt. 14:33). ¿Está dispuesta a permitir que Dios la use para mostrar Su piedad, Su amable bondad, Su protección, para atraer a otros hacia Él? ¡Hay una gran recompensa! Esto es evangelismo. Otros vendrán a usted cuando tengan problemas porque habrán visto su paz, a pesar de sus circunstancias.

El viento se calmó. “Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó” (Mt. 14:32). Su batalla no continuará para siempre. Esta prueba fue necesaria para hacer a Pedro lo suficientemente fuerte para ser la “roca” de la cual Jesús había hablado. Satanás (y otros trabajando para él) le dirán que permanecerá en la tribulación a menos de que huya, ceda o se dé por vencida. Dios nunca quiso que permaneciéramos “En el valle de sombra de muerte”. En Salmos 23:4, dice que nosotros vamos “pasando por el valle de sombra de muerte”.  ¡Satanás quiere que pensemos que Dios quiere que vivamos ahí! ¡Quiere pintar un cuadro “sin esperanza”! Dios es nuestra esperanza. Y la esperanza es nuestra fe en Su Palabra que ha sido sembrada en nuestros corazones.

Abraham. Un segundo ejemplo es cuando Abraham tenía casi 90 años y todavía no tenía al hijo que Dios le había prometido. “Abraham creyó en esperanza contra esperanza” (Rom. 4:18). ¿No es eso bueno? Aún cuando toda la esperanza se había ido, él continuó creyéndole a Dios y tomándole Su Palabra. Nosotras debemos hacer lo mismo.

Si le falta fe. Si le falta fe, debe pedirla a Dios. Hay una batalla hasta por su fe. “Pelea la buena batalla de la fe...” (1Tim. 6:12). “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe…” (2Tim. 4:7). Sin la fe de la gente, hasta Jesús tuvo menos poder. “Y no pudo hacer allí ningún milagro; solo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso Sus manos. Estaba maravillado de la incredulidad de ellos” (Mc. 6:5-6). Actúe con la fe que tiene. “Y Él les dijo: ‘Por la poca fe de ustedes; porque en verdad les digo que si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada les será imposible’” (Mt. 17:20).

Imitadores de la fe. Haríamos bien en imitar a aquellos en la Escritura que exhibieron fe (puede encontrar el Salón de la Fe en Hebreos, capítulo 11). Necesitamos actuar en las promesas de Dios siendo “imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hb. 6:12). Hay muchas mujeres que han seguido los principios que se encuentran en este libro de trabajo que han obtenido la victoria en matrimonios en problemas o hasta rotos. Algunos de sus testimonios están al final de las lecciones para alentarla en su fe. Como dice la canción, “¡Lo que Él ha hecho por otros, lo hará por usted!”.

De “doble ánimo” o inseguro. No debe ser de “doble ánimo”. No debe vacilar o dudar de Dios. “Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, siendo hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminos” (St. 1:6-8). “Aborrezco a los de doble ánimo pero amo tu ley” (Sal. 119:113 RVA 2015). Si tiene problemas con el “doble ánimo” necesita leer y meditar la Palabra de Dios (la Verdad). Sepárese de aquellos que le dicen algo contrario a sus creencias. Y hable siempre la “Verdad”. 

Fe sin obras. “Pero alguien dirá: ‘Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras’”( St. 2:18). Muestrele a otros que tiene fe por sus acciones. Si cree que su esposo será el líder espiritual y pastor de su casa, entonces actúe como si lo fuera. Si cree que él va a ser un buen proveedor, entonces hable a él y de él como si lo fuera. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril?” (St. 2:20). Si cree que por lo que está orando va a pasar, ¡empiece a tratar a esa persona como si hubiera cambiado! Si cree que su esposo se hará cristiano, actúe como si lo fuera.

Cosas no vistas. Muchos podrán preguntarle si ve algún cambio. Comparta estas Escrituras con ellos. “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hb. 11:1). “…Porque por fe andamos, no por vista...” (2Co. 5:7). Permanezca firme en su fe. Acuérdese de aquellos que vencieron y recibieron la vida abundante que Dios prometió. “Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo” (1Pe. 5:9).

La Palabra. ¿Cómo podemos ganar fe, o incrementar nuestra fe? “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Rom. 10:17). Lea Su Palabra y los testimonios de otros. Rodéese de mujeres fieles que puedan sostenerse con usted. Aquellos que han permanecido por lo que dice la Escritura en medio de la adversidad le enseñarán y levantarán. La mejor cosa que se puede hacer cuando casi no tiene fe es dar lo poco que le queda. Llame a alguien que sienta que necesita aliento y déle el resto de su fe. Usted colgará el teléfono regocijándose porque Dios la llenará de fe.

Obediencia. No olvide que la obediencia a Dios es fundamental para la victoria. No olvide lo que Jesús dijo: “No todo el que me dice: “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; APÁRTENSE DE MÍ, LOS QUE PRACTICAN LA INIQUIDAD’” (Mt. 7:21,23).

En la voluntad de Dios. Si su corazón le dice que usted no está en la voluntad de Dios, que no guarda Sus Mandamientos y que no pide cosas que están de acuerdo a Su voluntad, entonces, claro, usted no tendrá confianza, ni fe para recibir su petición del Señor. Pídale a Dios que dirija sus caminos y que cambie su voluntad por Su voluntad. “...pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras” (Mc. 14:36).

Oración y ayuno. Jesús dijo a sus apóstoles, “Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno” (Mt. 17:21). Si ha estado orando fervientemente y ha purificado sus caminos, entonces puede ser apropiado ayunar. Hay diferentes duraciones de ayunos.

Ayuno de tres días. Esther ayunó “por favor” de su esposo, el rey. Ella ayunó 3 días “por favor”. “Ve, reúne a todos los judíos que se encuentran en Susa y ayunen por mí; no coman ni beban por tres días, ni de noche ni de día. También yo y mis doncellas ayunaremos” (Est. 4:16). Este ayuno (o el ayuno de 7 días) tiene otro beneficio. Aquellas que son contenciosas o que nunca pueden dejar de hablar estarán demasiado débiles para hablar. Por lo tanto, aprenderán a no discutir y se volverán más calladas.

Ayuno de un día. El ayuno de un día empieza en la tarde después de su comida de la tarde. Usted bebe sólo agua hasta que se completa el periodo de 24 horas; entonces come la comida del siguiente día por la tarde. Usted ayuna y ora durante este tiempo por su petición. Este ayuno se puede hacer un par de veces por semana.

Ayuno de siete días. Hay un ayuno que dura 7 días. Siete días parece representar terminación. “Cuando oí estas palabras, me senté y lloré, e hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo” (Neh. 1:4). Usualmente será durante una gran pena que será “llamada” a ayunar por siete días. Cuando esté hambrienta o débil, use ese tiempo para la oración y leer Su Palabra. “Mis rodillas están débiles por el ayuno, y mi carne sin gordura ha enflaquecido” (Sal. 109:24).

Una cara triste. Manténgase tan callada como sea posible acerca de su ayuno. Durante el ayuno, debe estar silenciosa, nunca quejarse o atraer la atención hacia usted. “Y cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt. 6:16-18).

El Señor peleará esta batalla. ¡Quédese quieta y vea! Una vez que sabe que ha orado de acuerdo a lo que hemos estado leyendo en la Escritura, entonces haga lo que dice – “No necesitan pelear en esta batalla; tomen sus puestos y estén quietos, y vean la salvación del Señor con ustedes” (2Cro. 20:17).

Nadie debe gloriarse. Dios dice que somos un pueblo obstinado. Cuando una batalla es ganada o cuando la guerra se termina, gloriémonos sólo en Él. Permanezcamos humildes. “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9). “No digas en tu corazón… ‘Por mi justicia el SEÑOR me ha hecho entrar para poseer esta tierra’ sino que es a causa de la maldad... el SEÑOR tu Dios las expulsa de delante de ti. No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones... pues eres un pueblo terco... han sido rebeldes contra el SEÑOR” (Dt. 9:4-7). Todos hemos pecado y nos hemos quedado faltos de la gloria de Dios, así que recordemos que cuando la batalla es ganada, nuestra justicia no es sino trapos de inmundicia.

La intensidad de sus pruebas es un signo de que usted está cerca de la victoria. Sus pruebas pueden intensificarse cuando está cerca de ganar la batalla. “Por lo cual regocíjense, cielos y los que moran en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a ustedes con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo” (Ap. 12:12). Empecemos nuestro compromiso orando Su Palabra...

“Querido Padre Celestial, entro en mi closet de oración, y ahora que tengo la puerta cerrada, oro a ti, Mi Padre, en secreto. Como me ves aquí en secreto me recompensarás abiertamente. Está escrito que “todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán” (Mat 21:22). Oh Dios, tú eres mi Dios, yo te busco intensamente; mi alma tiene sed de ti, todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Señor, no hay nadie más que tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh Señor Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre hemos venido contra esta multitud. Oh Señor, tú eres nuestro Dios; que no prevalezca hombre alguno contra ti. Tus ojos, Señor, recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente Tuyo. Examina mi corazón.

Porque a pesar de que caminamos en la carne, no peleamos en la carne, porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo. Tú estás preparado para castigar toda desobediencia cuando nuestra obediencia sea completa. 

Acaba la maldad de los impíos, más establece tú al justo. No temeré malas noticias, mi corazón está firme, confiado en el Señor. Mi corazón está seguro, no tendré temor, hasta que vea vencidos a mis adversarios. Bendice la fuente de mi esposo y permítele regocijarse con la mujer de su juventud. Permíteme, amado Señor, ser como la amante cierva y graciosa gacela; permíteme tener la belleza incorruptible que procede de lo íntimo del corazón y que consiste en un espíritu suave y apacible, ya que ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. Porque los caminos del hombre están ante los ojos del Señor y él vigila todos sus caminos.

Lo que aten en la tierra será atado en el cielo; y lo que desaten en la tierra será desatado en el cielo. Te pido, Padre Celestial, que reprendas y ates a Satanás en el nombre y a través de la sangre de mi Señor Jesucristo, y que cerques su camino con espinas, y construyas una pared contra él para que no pueda hallar sus caminos. Entonces tú me dirás, querido Señor, “Ve de nuevo y ama a un hombre que es amado por su esposa”. Entonces le hablaré tiernamente. El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y los dos serán una sola carne.

Abraham esperó contra esperanza, creyó en la esperanza, y no se debilitó en la fe; no se tambaleó con incredulidad en la promesa de Dios, más se hizo fuerte en la fe, dando gloria a Dios. Estaba completamente convencido de que lo que había prometido, Él era capaz de realizarlo. Porque somos salvos por esperanza; pero la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que un hombre ve, ¿para qué esperarlo? Pero si nuestra esperanza es lo que no vemos, entonces con paciencia lo aguardamos. Hubiera desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espere al Señor; esfuércese y aliéntese su corazón. Sí, espere al Señor. Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. Desde la antigüedad los hombres no habían escuchado ni dado oídos, ni ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días. Amén.

Compromiso personal: Orar a nuestro Padre en lugar de hablar rápidamente con nuestros esposos. “Basada en lo que he aprendido de la Palabra de Dios, me comprometo a permitir que Dios cambie a mi esposo a través de Su Espíritu Santo. Yo en cambio “derramaré todos mis deseos y preocupaciones en oración” orando las Escrituras. Reconozco que la única manera de ganar a mi esposo a la justicia es “sin una palabra” y con mi espíritu respetuoso y humilde”.

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Como "Asímismo las ancianas ... enseñen lo que es bueno, para que INSTRUYAN a las jóvenes ..." (Tito 2: 3) Tendrá la oportunidad de hablar con las mujeres más jóvenes que todavía están solteras como parte de su ministerio ".