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Capítulo 3 "Un Espíritu Suave y Apacible"

“Que su belleza sea más bien la incorruptible,
la que procede de lo íntimo del
corazón y consiste en un espíritu suave y apacible.
Esta sí que tiene mucho valor
delante de Dios”.
1 Pedro 3:4

Una actitud popular hoy día es la fuerza y el poder. Sin embargo, Jesús nos dijo “¡Benditos sean los mansos!” Sin darnos cuenta, nos hemos perdido en tierras peligrosas, “arenas movedizas”. Las mujeres bulliciosas y rebeldes son comunes y aceptadas, y muchas veces son nuestra meta y la meta para nuestras hijas. En las comedias de televisión estas mujeres consiguen todas las risas. Ahora manso es considerado como débil. Así que cuando un esposo o un hijo se aparta de la Verdad, escuchará a los cristianos aconsejar a la esposa o los padres usar el enfoque de “amor firme”, basado en el libro El amor debe ser firme (Love Must Be Tough). En este capítulo buscaremos la Palabra de Dios para encontrar la verdad en relación al “amor firme”. Es bendito ser manso, ¿o es la Biblia anticuada?

Amor firme

El amor es paciente. Dios nos da una descripción del amor. Vea si puede encontrar la palabra “firme” o cualquier palabra remotamente similar. “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…” (1Co. 13:4-8).

Este es mi mandamiento. Otra idea nueva en la iglesia ahora (junto con el título de otro popular libro) es que “El amor es una decisión”. Lea conmigo el siguiente versículo para ver si Dios dice que podemos “escoger” el amar, ¿o Dios nos ordena que hagamos esto como seguidores de Cristo? “Este es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros” (Jn. 15:17 NVI).

Amen a sus enemigos. Nuestros amigos nos aconsejan que nos “protejamos a nosotras mismas” y que no “amemos a aquellos que son difíciles de amar” ¿Debemos amar a aquellos difíciles de amar o no? “Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultan” (Lc. 6:27-28).

Si ustedes aman solamente a quienes los aman. En este pasaje Dios es aún más claro. Él incluso advierte a aquellos que sólo aman lo que es adorable. “Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen... Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?” (Mt. 5:44-46).

Vence el mal con el bien. El libro que nos alienta a ser “firmes” con nuestros esposos nos dice que debemos confrontar a nuestros esposos y a nuestros hijos para causar una crisis. En otras palabras, debemos tomar los asuntos en nuestras propias manos. Lea cómo debemos dejar espacio para Su ira. ¿Qué es lo que Dios nos instruye a hacer? “Gozándose en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración. Bendigan a los que los persiguen. Bendigan, y no maldigan. Nunca paguen a nadie mal por mal. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: ‘Mía es la venganza, Yo pagaré’, dice el Señor. ‘Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza’ No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien.” (Rom. 12:12, 14, 17, 19-21).

Él no amenazaba. Usted se preguntará “¿Por qué tengo que soportar tal sufrimiento, y ni siquiera tener la satisfacción de la venganza?” Lea la explicación de Dios para su sufrimiento. “para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos... cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia” (1Pe 2:21-23).

Benditos los mansos. Si no toma los asuntos en sus propias manos y toma una “actitud firme” otros (aún cristianos) le dirán que es un “tapete” o que se lo permite a esa otra persona. Permítame recordarle quiénes dijo Jesús que son benditos. “Benditos los mansos, porque recibirán la tierra como herencia” (Mt. 5:5 RVR 1960).

La bondad de Dios. Hemos sido engañadas al creer que confrontando, y siendo poco amables y firmes, la otra persona cambiará. Si eso funciona, ¿por qué Dios usaría la bondad para llevarnos al arrepentimiento? ¿Acaso los pecadores se acercan al altar para aceptar al Señor porque piensan que van a ser criticados o castigados? “¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?” (Rom. 2.4).

La justicia de Dios. La gente podría incluso recordarle cuando Jesús volteó las mesas en el Templo.  Usarán este ejemplo para decirle que tiene el “derecho” de estar enojada con otros. Dios dice que Él es un Dios celoso; ¿podemos nosotras entonces ser celosas también? “Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (St. 1:19-20).

Que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Cuando tenemos el impulso de hacer o decir algo a otra persona que es todo menos manso, estamos caminando en la carne y por lo tanto no caminamos en el Espíritu. “Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen. Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio” (Ga. 5:16, 17, 22-23). El viejo dicho “trata a los demás como quieras que te traten” está basado en esta Escritura, “Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” (Lc. 6:31 NVI).

El error de esos libertinos. Dios nos ha advertido que no debemos escuchar o seguir a personas que nos digan algo contrario a las Escrituras. “procuren con diligencia ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles. Consideren la paciencia de nuestro Señor como salvación, tal como les escribió también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada.. en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen, como también tuercen el resto de las Escrituras, para su propia perdición. Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estén en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigan de su firmeza. Antes bien, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2Pe 3:14-18). Si conocemos la Palabra, somos menos vulnerables a aceptar el error como si fuera la Verdad o seguir consejos no basados en la Biblia.

Sean perfectos. Algunos autores, e incluso algunos pastores, nos han dicho que Dios no espera que seamos perfectos. ¿Qué dice el mismo Dios? “Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mt. 5:48).

Nadie verá al Señor. Otra razón extremadamente importante para sus acciones pacíficas hacia su esposo u otros, es que debemos dejar que otros vean a Cristo en nosotras. “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hb.12:14).

El ministerio de reconciliación. Debemos ser embajadoras para Cristo en la reconciliación. “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!” (2Co. 5:18-20). Cualquier persona puede portarse mal con otros, nos es natural. Sin embargo, nuestra bondad para aquellos que no merecen ser tratados bondadosamente, recibirá la atención de otros y así podremos compartir el Señor con ellos.

No sea que tú también seas tentada. La siguiente Escritura es una advertencia para nosotras. Cuando no somos gentiles con otros cuando han pecado contra nosotras, estamos expuestas a ser tentadas. “Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo” (Ga. 6:1-2).

No sea que el Señor lo vea y le desagrade. Muchas mujeres han sido tan felices al ver a sus enemigos, incluyendo a sus esposos, “recibir lo que merecen” cuando Dios los castiga con dificultades financieras u otras pruebas. Pero, pronto, las cosas cambian y mejoran. ¿Por qué pasa esto? “No te regocijes cuando caiga tu enemigo, y no se alegre tu corazón cuando tropiece; no sea que el Señor lo vea y le desagrade, y aparte de él Su ira” (Pr. 24:17-18).

Hacedores de la Palabra. Es importante que aprendamos la Verdad y que estemos de acuerdo con lo que vemos en las Escrituras, pero no debemos detenernos ahí. “Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos... no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, este será bienaventurado en lo que hace” (St. 1:22-25). “A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado” (St. 4:17).

Perdón

Muchas mujeres no perdonan a sus padres, sus esposos, sus suegros, un hermano, un amigo, un hijo mayor, o hasta un compañero de trabajo, porque no entienden completamente las graves consecuencias de su falta de perdón. Busquemos las Escrituras para ver lo que Dios dice acerca de perdonar a otros.

La pregunta que frecuentemente nos hacemos a nosotras mismas es: “¿Por qué debería perdonar?”

Porque Dios también la ha perdonado. Por la muerte de Cristo en la cruz, Dios nos perdonó a nosotras. “Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo” (Ef. 4:32).

Para el perdón de pecados. Jesús derramó su sangre para el perdón de todos los pecados. “Y según la ley, casi todo ha de ser purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Hb. 9:22). “porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt. 26:28).

Para que Satanás no se aproveche de nosotras. Necesitamos perdonar a otros, para que Satanás no se aproveche de nosotras. “Porque en verdad, lo que yo he perdonado... lo hice por ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no tome ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus planes” (2Co. 2:10-11). 

Su Padre no les perdonará sus transgresiones. Dios dijo que Él no la perdonará si usted no perdona a otros. “Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones, también su Padre celestial les perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones” (Mt. 6:14-15). Asegúrese de que el perdón no sea solo palabrería. “Así también Mi Padre celestial hará con ustedes, si no perdonan de corazón cada uno a su hermano” (Mt. 18:35). (Lea todo Mt. 18:22-35).

Reafirmen su amor hacia él, para liberar la tristeza del infractor. “…ustedes más bien debieran perdonarlo y consolarlo, no sea que en alguna manera este sea abrumado por tanta tristeza. Por lo cual les ruego que reafirmen su amor hacia él” (2Co. 2:7-8).

Pero, ¿el infractor no debería estar arrepentido si voy a perdonarlo?

Padre, perdónalos. Los que crucificaron a Jesús no pidieron perdón ni expresaron pena por lo que estaban haciendo o lo que habían hecho. Si somos cristianas, somos seguidoras de Cristo. Por lo tanto, debemos seguir Su ejemplo. “Y Jesús decía: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’” (Lc. 23:34). Cuando Esteban estaba siendo apedreado, justo antes de morir gritó: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7:60).

Pero, ¿qué tan seguido espera Dios que yo perdone a otros?

Setenta veces siete. Cuando Pedro preguntó qué tan a menudo debía perdonar a su hermano, Jesús le dijo, “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt. 18:22). ¡Eso es 490 veces!

Nunca más me acordaré. ¿Realmente significa el perdón que olvido ese pecado, aún cuando tengo la tentación de sacarlo en una discusión? “perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado” (Jr. 31:34). “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones” (Sal. 103:12). “no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición” (1Pe. 3:9). Debe entender que el enemigo tratará de traer a su mente viejas transgresiones una y otra vez. Cuando lo haga, debe perdonar nuevamente. Muchas de nosotras que hemos perdonado a nuestros esposos que nos han sido infieles, experimentamos “recuerdos” del adulterio después de que nuestros esposos han regresado a casa. Es casi como un tipo de trauma de guerra espiritual. Sabemos que debemos caminar siempre en un espíritu de perdón y perdonar cada vez que venga a la mente.

¿Cómo puedo perdonar de la manera que Dios me ha pedido hacerlo en Su Palabra?

Sólo Dios. Sólo Dios puede ayudarla a hacerlo. Usted debe humillarse a sí misma y pedirle a Él que le dé la gracia. “¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Mc. 2:7).

Da gracia a los humildes. ¿Cómo obtengo la gracia que necesito? “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo”(1Pe. 5: 5-6).

Humille su corazón. ¿Cómo puedo ganar humildad? “Porque fueron rebeldes a las palabras de Dios y despreciaron el consejo del Altísimo; humilló sus corazones con trabajos, tropezaron y no hubo quien los socorriera. Entonces en su angustia clamaron al Señor y Él los salvó de sus aflicciones” (Sal. 107: 11-13). “Humillé mi alma con ayuno; y mi oración se repetía en mi pecho” (Sal. 35:13). Podemos trabajar, ayunar y orar para obtener humildad. He descubierto que muchas veces Dios permite que una enfermedad en mí o en mis hijos me calme y humille.

¿Cuándo necesito perdonar a aquellos que me han lastimado?

¿No debería sentir convicción de esto primero?

Primero reconcíliate con tu hermano. “Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero y con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt. 5:23-24). Si no ha perdonado a otro, especialmente a su esposo, debe pedir perdón.

Amargura. No perdonar a alguien causa amargura. ¡La definición de amargura es “veneno”! “Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira...” (Ef. 4:31). No perdonar a otro está destruyéndola a usted, no a la otra persona. “El corazón conoce su propia amargura” (Pr. 14:10). “Pues Él conoce los secretos del corazón” (Sal. 44:21).

Un hermano ofendido. Asegúrese de tomar nota de las siguientes pautas basadas en las Escrituras cuando pida perdón. He escuchado a muchas que han dicho que las cosas se volvieron peor cuando pidieron perdón, o que no sirvió de nada.  Puedo hablar de mi experiencia. A veces, cuando he pedido el perdón de otra persona, lo he hecho de la manera incorrecta y he ofendido aún más a la otra persona. “El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada” (Pr. 18:19).

Llevamos todo pensamiento cautivo. Lleve sus pensamientos cautivos y vea sus ofensas como Dios las ve, y véalas desde los ojos de la otra persona. “y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” (2Co. 10:5).

Los que quieren agradar a los hombres. Dios conoce nuestros motivos y nuestro corazón. “…pero el Señor mira el corazón” (1 Sam. 16:7). “… con la sinceridad de su corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios” (Ef. 6:5-6). “El necio no se deleita en la prudencia, sino solo en revelar su corazón” (Pr. 18:2).

Toda palabra ociosa. Cada palabra que diga debe ser escogida cuidadosamente. Prepare cada palabra. “Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado” (Mt. 12.36 NVI). Comience por escribir lo que usted va a decir. Luego lea en “voz alta” lo que escribió, poniéndose en los zapatos de la otra persona y escuchándolo desde su punto de vista. ¿Suena acusador? Pídale a Dios que ponga las palabras correctas en su boca.

Muchas palabras. “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable” (Pr. 10:19). “Y el necio de labios será castigado” (Pr. 10:10 RVR 1960). Sólo diga lo que usted hizo; no monte una escena con algo como, “Cuando tu hiciste esto, y eso y aquello, bueno, entonces yo...”.

No amenazaba. “Ponte de acuerdo pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino…” (Mt. 5:25).  Si la otra persona empieza a estallar de ira contra usted, no abra la boca excepto para estar de acuerdo. “Cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba...” (1Pe. 2:23).

Ya no soy digno. El hijo pródigo preparó sus palabras después de su decisión de regresar a casa y las dijo humildemente: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores’” (Lc. 15:18-19). ¡Dios exaltará a aquellos que se humillen!

Dulces el alma. Haga sus palabras dulces y gentiles. “Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión” (Pr. 16:21). “Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos” (Pr. 16:24).

Practique estas cosas

“Por ellas Él nos ha concedido Sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos. Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadan a su fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en ustedes y al abundar, no los dejarán ociosos ni estériles… Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados… Porque mientras hagan estas cosas nunca caerán” (2 Pe. 1:4-10).

Obrando Con Toda Diligencia

“El que con diligencia busca el bien, se procura favor” (Pr. 11:27).

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2Tim 2:15).

“Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados. Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:1-3).

En su fe

“Así que la Fe viene del oír, y el oír, por la Palabra de Cristo” (Rom. 10:17).

“Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe” (1Co. 16:13 NVI).

“Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno” (Ef. 6:16).

“Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta” (St. 2:26).

Añada virtud

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?  Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas. El corazón de su marido confía en ella y no carecerá de ganancias” (Pr. 31:10-11 RVR 1960).

“’Hay muchas mujeres virtuosas y capaces en el mundo, ¡pero tú las superas a todas!’. El encanto es engañoso, y la belleza no perdura, pero la mujer que teme al Señor será sumamente alabada” (Pr. 31:29-30 NTV).

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten” (Flp. 4:8).

Aplique conocimiento

“Reciban mi instrucción y no la plata, y conocimiento antes que el oro escogido” (Pr. 8:10).

“El hombre sabio es fuerte, y el hombre de conocimiento aumenta su poder. Porque con dirección sabia harás la guerra, y en la abundancia de consejeros está la victoria” (Pr. 24:5-6).

“Porque entre ellos están los que se meten en las casas y se llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones, que siempre están aprendiendo, pero nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad” (2Tim 3:6-7).

Luego dominio propio

“Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Pr. 16:32).

“Yo dije: ‘Guardaré mis caminos para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca como con mordaza mientras el impío esté en mi presencia’” (Sal. 39:1). “El que instruye al insolente, atrae sobre sí deshonra, y el que reprende al impío recibe insultos. No reprendas al insolente, para que no te aborrezca; reprende al sabio, y te amará” (Pr. 9:7-8).

“Como ciudad invadida y sin murallas es el hombre que no domina su espíritu” (Pr. 25:28).

Luego perseverancia

“Sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (St. 1:3).

“Y serán odiados de todos por causa de Mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mt. 10:22).

“Pero recuerden los días pasados, cuando después de haber sido iluminados, ustedes soportaron una gran lucha de padecimientos” (Hb. 10:32).

Luego piedad

“Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad; porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura” (1Tim. 4:7-8).

“Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad” (1Tim 6:11).

“Enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente” (Tt. 2:12).

Y en la piedad, afecto fraternal

“En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde” (1 Pe. 3:8).

“Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua” (Pr. 31:26).

“Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad” (Col. 3:12-14).

Y finalmente amor

“El amor cubre multitud de pecados” (1 Pe. 4:8).

Amen a sus enemigos” (Mt. 5:44).

“…a que amen a sus maridos” (Tt. 2:4).

“Un mandamiento nuevo les doy: “que se amen los unos a los otros”; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros” (Jn. 13:34).

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

“El amor nunca deja de ser…” (1Co. 13:4-8).

¡Sí, ellos sabrán que somos cristianas por nuestro amor!

Compromiso Personal: Desear y esforzarme por ser suave y apacible. “Basado en lo que he aprendido en la Escritura, me comprometo a hacer todo lo que he aprendido para ser rápida para escuchar y lenta para hablar. Perdonaré a los que me han ofendido y haré lo que pueda para reconciliarme con aquellos a quienes yo he ofendido”.

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Como "Asímismo las ancianas ... enseñen lo que es bueno, para que INSTRUYAN a las jóvenes ..." (Tito 2: 3) Tendrá la oportunidad de hablar con las mujeres más jóvenes que todavía están solteras como parte de su ministerio ".