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Capítulo 13 "El Ministerio de la Reconciliación"

“Y todo esto procede de Dios,
quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo,
 y nos dio el ministerio de la reconciliación...”
2 Corintios 5:18

Todas las que están leyendo este libro conocen a alguien que se encuentra actualmente en un “mal” matrimonio o que está enfrentando una crisis matrimonial. Cuando su amiga o su familiar comparte los detalles de su matrimonio, usted puede sentirse sin esperanza, impotente, y hasta enojada con el esposo de ella. Debe orar por su amiga o familiar, trate de consolarla y ofrecerle algún tipo de ayuda, pero ¿qué es lo que realmente se supone que usted haga? La destrucción matrimonial nos está atacando en proporciones epidémicas, ¿qué se supone que debemos hacer? ¿Vamos a ayudarlos? Y si la respuesta es “sí”, ¿Cómo podemos ayudar a los quebrantados, enojados, y/o heridos?

Dios nos dio el ministerio de la reconciliación. Dios nos dio a todos (aquellos que proclaman al Señor Jesucristo como su Salvador) el ministerio de la reconciliación como se establece en Segunda de Corintios 5:18-19. “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación”.

Hay muchos versículos que estudiaremos en este capítulo que confirman que estamos claramente llamadas a ayudar aquellos que acuden a nosotras, pero debemos ser MUY cuidadosas para ayudarlos dentro de las directrices de las Escrituras. Cuando yo estaba en medio de la destrucción y el colapso de mi matrimonio, todo el mundo, y me refiero a todo el mundo, tenía un consejo. No me tomó mucho tiempo descubrir que el consejo de otras personas podría potencialmente causar un mayor daño a mi ya desmoronado matrimonio.

Me di cuenta de que los bien intencionados miembros de mi familia, que sin duda se preocupaban por mí, nuestros hijos (e incluso por mi esposo), me dieron consejos que seguí y que finalmente ayudaron a destruir mi matrimonio. Fue cuando me harté de las consecuencias de seguir las opiniones de otras personas (tomadas de mis amigos o de programas como Oprah Winfrey) que me propuse en mi mente, primero, no hablar con otras personas acerca de mi situación y segundo, asegurarme de que lo que estaba a punto de hacer estuviera alineado con la Palabra de Dios. Estos son dos de los principios fundamentales que son la base de nuestro ministerio.

Sin embargo, aun cuando Dios me llamó al ministerio, honestamente puedo decir que cometí demasiados errores cuando otros vinieron a mí en busca de ayuda. Una cosa es buscar al Señor para uno mismo, pero es una mayor responsabilidad ayudar o guiar a alguien más. He hecho un compromiso con las mujeres a las que ministro a que sólo les diré lo que he hecho o lo que haría si me enfrentara con una situación igual o similar, Y sólo si está acorde con las Escrituras.

Es para mí un privilegio tener la oportunidad en este capítulo de compartir mis errores con ustedes, junto con lo que el Señor me ha mostrado, mientras yo lo buscaba a Él, lo cual ha traído muchos frutos durante mi ministerio dirigido a las mujeres en crisis matrimonial.

Muchos hombres y mujeres que saben acerca de nuestro ministerio envían a sus familiares y amigos hacia nosotros, y con razón, pero hay algunas personas con las que sólo usted tendrá contacto. Así como el pastor de su iglesia no es el único que está llamado a compartir el evangelio a los perdidos, usted también debe tener conocimiento para dirigir a otros hacia la restauración.

Somos embajadores en nombre de Cristo. ¿Para quién trabajamos cuando el Señor envía a alguien hacia nosotras? Somos embajadoras de Cristo. “Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!” (2 Co. 5:20). Un embajador es definido como “un funcionario diplomático del más alto rango enviado como representante a largo plazo hacia otros”. Tenemos que representar a Cristo (no a nosotras) cuando tratamos con la persona a quien el Señor ha enviado a nosotras. Esta posición es “a largo plazo”, lo que significa que estamos llamadas a apoyar a esa persona y no abandonarla si las cosas parecen no mejorar o empeorar. Sin embargo, como he aprendido, nuestra posición no puede interponerse en el camino de su relación personal con Jesús como su “Salvador”, ni podremos ocupar el lugar del Espíritu Santo mientras jugamos el papel del espíritu santo menor, ya que esto inevitablemente se interpondrá en su forma de entender la razón de sus dificultades matrimoniales.

Así que la buena noticia es que usted no está SOLA en su esfuerzo ni lo hará sin ayuda. La no tan buena noticia para algunas de ustedes es que esto requiere confiar más en el Espíritu Santo como guía, en lugar de confiar en sí misma. Tendrá que conocer los principios de Dios en lugar de seguir expresando sus pensamientos y sus ideas. “’Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos’, declara el Señor. ‘Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos’” (Is. 55:8-9).

Para ser eficaz en el ministerio, tendrá que renovar su mente con la Palabra de Dios, con Sus ideas y con Sus principios. Tendrá que abstenerse de decirle “lo que una amiga suya hizo” o “lo que escuchó en un programa de entrevistas” Incluso algunos de los libros cristianos que usted ha leído sobre el matrimonio probablemente han llenado su mente con ideas o técnicas que indudablemente van a destruir su matrimonio en lugar de sanarlo. “Él envió Su palabra y los sanó y los libró de la muerte” (Sal. 107:20). Lo que el Señor le está pidiendo que haga, como SU embajadora, es que lo represente a Él, Sus enseñanzas, Sus principios, en el espíritu de Su amor y compasión, usando Su Palabra.

Aunque he sido bendecida de haber “caminado el camino” y de tener más de una década en el ministerio de la crisis matrimonial, puedo decir honestamente que no tengo ni la más remota idea de qué hacer cuando alguien me pide ayuda para su matrimonio que está fallando o que está destruido. Yo he implorado muchas veces al Señor que me ayude a saber qué hacer, que no hacer, y decir o no decir a las mujeres lastimadas y desesperadas. A menos que dependa totalmente del Espíritu Santo en humildad de mente, SABIENDO que usted es incapaz de ayudar a estas mujeres sin Su trabajar a través suyo, hará que la mujer a la que está tratando de ayudar tropiece en medio del ataque del enemigo sobre su vida y su matrimonio. En Lucas 17:1-2, Jesús advirtió: “Es inevitable que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería si se le colgara una piedra de molino al cuello y fuera arrojado al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeños” Así que tenga cuidado con el consejo que usted ofrece o la compasión que brinda cuando usted no está en servicio total y completo al Señor.

Una piedra de tropiezo para mí. Mateo 16:23 dice: “Pero volviéndose Él [Jesús], dijo a Pedro: ‘¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres’” Una de las mejores maneras para destruir a su amiga o familiar es no entender la razón o razones detrás de la destrucción marital y/o tomar partido en el asunto. Primero vamos a hablar de las razones detrás de esta destrucción.

¿Qué causó la destrucción del matrimonio?

Cuando lea el libro Como Dios puede y va a restaurar su matrimonio, que dicho sea de paso, se recomienda la lectura para este capítulo, se dará cuenta de inmediato que éste comienza con consuelo. Ese consuelo se basa en el hecho de que Dios ha permitido esta situación por su bien, para que Él pueda atraerlas más cerca de Él. Como embajadora, tendrá que ayudarlas a encontrar su camino hacia o de regreso al Señor. No es su trabajo el tomar Su lugar, sino llevarlas a que busquen el consuelo en Dios. Para algunas, esto es algo muy difícil de hacer. Es posible que a usted le haya sido dado el don de la misericordia, pero si este don no está siendo controlado por el Espíritu Santo, puede herir sin querer a aquellas a quienes está tratando de ayudar.

Debemos consolar, pero “con el consuelo con que nosotras mismas somos consoladas por Dios”, no aparte de o en lugar de Dios. Segunda Corintios 1:3-5 lo explica de esta manera: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo”.

Así que la primera, la principal y más importante razón de que esta prueba haya ocurrido es que el Señor quiere utilizar esta crisis como un medio para atraer a la persona a Él o de vuelta a Él. Esto debe estar en el primer plano de su mente, y este objetivo debe prevalecer en cada uno de los contactos con aquellas que están buscando su ayuda. No es para que usted pueda estar más cerca (aunque a menudo esto ocurre), y ni siquiera es para que ellas se acerquen más a su cónyuge (aunque esto también generalmente ocurre a medida que ellas se transforman más a la imagen del Señor). Es para el único propósito de obtener una relación profunda, íntima y duradera con el Señor por medio de esta dolorosa y, a menudo, larga prueba. Si usted omite este motivo más importante, se interpondrá en el camino de la obra del Señor. Tenga cuidado de no hacer todo lo que pueda para tratar de “arreglar” los problemas y encontrar soluciones para su amiga. Usted debe resistir esta tentación, y en su lugar, ayudarlas a buscar al Señor por Su respuesta, Su consuelo y Su dirección.

Destruido por falta de conocimiento. La segunda razón de este problema se encuentra en Oseas 4:6, que dice: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”. La mayoría de nosotras nos casamos y nos tropezamos a lo largo de nuestro matrimonio, sin saber o entender los principios del matrimonio. Por lo tanto, somos destruidas por esa falta de conocimiento. Además, si no somos conscientes o nos falta el conocimiento de qué hacer o qué no hacer cuando una crisis golpea en un matrimonio, entonces dañaremos aún más la relación matrimonial.

Para que usted pueda ayudar a alguien más, tendrá que conocer los principios usted misma. ¿Los conoce? ¿Ha estudiado para presentarse a sí misma “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15, RVR-1960)? Pues bien, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). Este libro, junto con el libro de Como Dios puede y va a restaurar su matrimonio, le ayudará. Sin embargo, si usted hace uso de cualquier otro material, una vez más, tenga cuidado de que esté fundamentado en y que no se limite solamente a citar las Escrituras.

A muchos autores les encanta citar las Escrituras para probar su argumento. Sin embargo, el principio debe estar fundado en la Escritura de modo que permanecerá en pie cuando las pruebas vengan en contra de este. “Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca” (Mt. 7:24-25).

Los autores también deben probarse a sí mismos por sus frutos. Ya sea que quiera creerlo o no, hay MUCHOS falsos profetas en el mundo de hoy. Muchos de ellos tienen un gran número de seguidores, incluso usted tal vez. Jesús nos advirtió en Mateo 7:15-20: “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conocerán”.

Sin embargo, si usted no conoce la Palabra, puede ser fácilmente engañada. Cuanto más sé de la Palabra, más soy capaz de discernir error en otros autores. He leído algunos autores a los que después les he perdido el rastro, pero si no hubiera tenido un conocimiento firme de la Palabra, lo habría tomado como verdad. Mis autores favoritos de todos los tiempos usan mucho las Escrituras. Aprenda a conocer la Palabra de Dios lo suficientemente bien como para discernir el error en lo que lee y en lo que cree. Entonces, utilice la Palabra con frecuencia cuando ministra a otras. ¿Por qué? Es debido a…

“La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma;

El testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo.

Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón;

El mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos.

El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre;

Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos;

Deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino,

Más dulces que la miel y que el destilar del panal.

Además, Tu siervo es amonestado por ellos;

En guardarlos hay gran recompensa.

¿Quién puede discernir sus propios errores?

Absuélveme de los que me son ocultos.

Guarda también a Tu siervo de pecados de soberbia;

Que no se enseñoreen de mí.

Entonces seré íntegro,

Y seré absuelto de gran transgresión.

Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti, Oh Señor, roca mía y Redentor mío. (Sal. 19:7-14)

Tomando partido

Cuando escucha algo que ha ocurrido entre dos individuos, es natural tomar partido con aquel de quien se ha escuchado la historia. Sin embargo, Proverbios nos advierte: “Justo parece el primero que defiende su causa hasta que otro viene y lo examina” (Pr. 18:17). Confíe en mí, todo lo que ha oído no es todo lo que hay sobre el asunto. Cuando mi marido me dejó primero, no parecía haber ninguna duda sobre quién tuvo la culpa. Sin embargo, el Señor me mostró a MÍ que yo había tenido MUCHO que ver con que nuestro matrimonio fuera destruido. En todos los años que he ministrado, NUNCA he visto una situación unilateral, incluso si “parecía” de esa manera al principio. Ya sea que haya infidelidad o abuso, alcohol o drogas por parte del esposo, NUNCA he visto que la esposa sea inocente de culpa, lo que finalmente ayudó a destruir el matrimonio.

En este punto, parece lógico ir y escuchar el otro lado de la historia. Los consejeros hacen esto reuniendo a las dos partes para que “peleen” en su presencia, mientras ellos actúan como árbitros. Yo no le aconsejaría que usted siga este método, y honestamente, me niego a ser parte de eso. Una vez me pusieron en esta situación, cuando me pidieron que atendiera a una mujer que estaba en la cárcel. Cuando llegué, su marido estaba allí. Esta mujer estaba en su gloria asumiendo equivocadamente que yo estaba allí para juzgar quién estaba en lo correcto y quien estaba equivocado. Simplemente me fui. Lo hice sobre bases bíblicas. “Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Jn. 3:17). Si Dios no envió a Jesús para JUZGAR al mundo, ¡estoy segura de que Él no me envió a mí (ni a usted)!

No se permita estar en medio de cualquier situación tratando de juzgar quién ha hecho qué. Ni usted ni yo hemos sido llamadas a hacer esto. En su lugar, hemos de ministrar la verdad y el consuelo mientras buscamos al Señor para que nos guíe. Esto me lleva a una de las muchas lecciones que he aprendido en el área del ministerio.

* NUNCA escuche la ira, pero consuele y escuche a quienes expresan su dolor y sufrimiento.

Cuando alguien escribe o cuando estoy llamada a ministrar, me niego a escuchar a la ira. No es sólo inútil tratar de ministrar a alguien en ese estado emocional, ¡sino que también es contagioso! Proverbios 22:24-25 advierte: “No te asocies con el hombre iracundo, ni andes con el hombre violento, no sea que aprendas sus maneras y tiendas lazo para ti mismo”

* NUNCA escuche calumnias. Me niego a escuchar lo que el esposo de una mujer ha hecho o está haciendo.

Además de no escuchar la ira de alguien, también me niego a escuchar los detalles por varias razones: en primer lugar, para salvar de la destrucción a la persona que comparte los detalles. Salmos 101:5 advierte: “Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante”. Cuando permito a las personas que sigan y sigan compartiendo información calumniosa acerca de sus esposos, les estoy preparando para la destrucción. Yo habré puesto una red para sus pies. Esto es probablemente muy difícil de comprender ya que esta es la forma en que la mayoría de las sesiones de consejería se llevan a cabo, y además, somos curiosas y nos encanta oír los detalles. ¿No es ese el motivo por el que las mujeres ven todos esos terribles programas donde las personas calumnian a su familia y amigos para que el mundo lo vea? Estas son las cosas que NUNCA deben escuchar por muchas razones. Aquí están sólo un par de ellas:

  1. Porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. Efesios 5:7-13: “Por tanto, no sean partícipes con ellos; porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de luz. Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinen qué es lo que agrada al Señor, y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas. Porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz”. Por tanto, no sea partícipe con ellas cuando tratan de decirle los detalles de lo que ha sucedido o está sucediendo en su matrimonio.
  2. Debido a que la separarán a usted de la otra parte del matrimonio. “El hombre perverso provoca pleitos, y el chismoso separa a los mejores amigos” (Pr. 16:28). “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos” (Pr. 17:9). ¿Cuántas veces he escuchado, antes de que tuviera la oportunidad de detener a alguien en nuestra iglesia, cosas acerca de su marido, que era uno de nuestros pastores, un anciano, o un amigo cercano? Cada vez, me es realmente difícil mirar a su marido de la misma manera. Me cuesta no pensar en esa persona en la forma negativa que su esposa compartió conmigo. Siempre siento que mi cara muestra que "¡yo sé todo sobre ti!"

Cuando hombres y mujeres encuentran a sus compañeros de ánimo, les aconsejamos que no compartan detalles por las mismas razones mencionadas anteriormente. Sin embargo, existe un antídoto para los sentimientos que surgirán al ministrar a una pareja. Si alguna vez se ve atrapada en esta trampa del enemigo, primero detenga a la persona que está tratando de compartir y, en segundo lugar, sea fiel en orar por su esposo. No hay mejor manera de curar los sentimientos de odio, que es lo que obtiene al escuchar algunos de estos detalles, que orar por su nuevo enemigo. Mateo 5:44, 46 nos dice: “Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen [o por los que aman]... Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?”

Usted no le hará a su amiga o miembro de su familia ningún BIEN si toma las ofensas en contra de su esposo. ¡No permita que el enemigo la lleve a hacer este trabajo sucio y ayudar a esa mujer a derribar su propia casa! Cuando escucha los detalles, no se puede evitar sentirse amargada contra el infractor. “Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados” (Hb. 12:15). Una vez escuché en un seminario de Bill Gothard que Dios da su GRACIA sólo a la persona que se pone en medio del mal, no a aquel que es testigo de este o el que más tarde escucha sobre la injusticia. Debemos tener MUCHO cuidado de no juzgar una situación, incluso cuando somos testigos de ella. No somos capaces de ver el corazón de cualquier persona, o las circunstancias que condujeron a la situación.

Con todo esto en mente, ¿CÓMO podemos ayudar?

  • Escuche a los heridos.
  • Consuélelos en su dolor.
  • Calme su espíritu y su lengua.
  • Ore por y con ellos.
  • Anímelos a compartir sus propios defectos.
  • Apunte a la verdad de la Palabra, y presénteles los principios los libros Cómo Dios puede y va a restaurar su matrimonio y Una Mujer Sabia.
  • Camine con ellos, lado a lado, hacia la restauración primero a su propia restauración con Dios luego la restauración con su cónyuge.

Escuche a los heridos. “Consuelen, consuelen a Mi pueblo’, dice su Dios” (Is. 40:1). Si Dios alguna vez la ha consolado en algo, entonces usted es capaz de consolar a su amiga o familiar en cualquier cosa que ellas estén enfrentando en estos momentos. Porque Él es “quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están sufriendo, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Co. 1:4 RVR-1960). Esa fue parte de las razones por las que usted pasó por lo que pasó, para tener la compasión para consolar a otros que necesitan encontrar al Señor en medio de su dolor. No necesariamente tiene que identificarse con la causa de su dolor, pero sin duda puede identificarse con la agonía de su dolor.

Calme su espíritu y su lengua. Una vez que le ha permitido compartir su dolor y sufrimiento (no su ira), entonces cálmelas con amor. ¿No es esa la forma en que el Señor trata con usted? ¡Oh, el amor del Señor sabiendo que Él se preocupa por nosotras! Dígales que usted las ama, y recuérdeles (o dígales por primera vez) que el Señor las ama. Cuando hayan compartido sus heridas una vez, entonces deténgalas de que sigan hablando sobre ello una y otra vez. No permita dar más y más vueltas, provocando más dolor. A menudo, en la segunda “vuelta” se provoca la ira. Ahora es el momento para que usted hable. Así que una vez que les dice que las ama y que Dios las ama, entonces deténgalas y ore por ellas (y por sabiduría para guiarlas).

Si está físicamente con ellas y no está ministrando por teléfono, asegúrese de que las abraza y/o las mantiene en sus brazos. Usted sabe que ellas se sienten sin amor y solas. El contacto es una herramienta poderosa para alcanzar a los que sufren y para conducirlos a su Salvador. Jesús hizo mucho contacto, sobre todo con aquellos que se sintieron inmundos. Si usted no es una persona de “contacto”, entonces pida al Señor que le permita ser Su embajadora y que la bendiga con esta habilidad.

Cuando empecé este ministerio en 1990, no era una persona que disfrutaba de abrazar o tocar a la gente fuera de los miembros de mi familia. No era la forma en que fui criada, ni estaba en mi naturaleza. Tal vez esta es la forma en que usted es también. Sin embargo, Dios es capaz de transformar la forma en que fuimos criados y darnos Su naturaleza. No sólo he tenido el privilegio de abrazar y sostener a aquellas que estaban quebrantadas (incluso mujeres que estaban sucias u olían mal), pero también recientemente, se me dio el “manto” del beso fraternal. Ocurrió inesperadamente cuando una mujer muy influyente y bien conocida en nuestro país, me abrazó, me besó en la mejilla, y me dijo que me amaba.

Poco después, conocí a una mujer quebrantada de corazón en el altar que había venido para orar. ¡La abracé, la besé y le dije que la amaba, incluso antes de que yo me diera cuenta de lo que estaba haciendo! Cualquier muro que estaba dentro de mí (miedo, timidez o la falta de compasión), el beso de esta mujer influyente que estaba dispuesta a abrazarme y amarme, fue como el manto de Elías lanzado sobre los hombros de Eliseo. Oh, que el Señor les dé también, este manto precioso que no se puede construir o hacer, pero que son los brazos mismos y los besos de Aquel por quien tú y yo somos embajadoras —el Rey de reyes ¡Jesús!

Ore

He puesto Mis palabras en tu boca. Una mujer que tiene el llamado de ser una “ministra de reconciliación” debe ser una mujer de oración. No sólo debe orar por las mujeres a las que usted está ministrando, sino también para que el Señor hable a través de usted. Qué peligroso y arrogante creer por un minuto que tenemos algo de sabiduría en nosotras mismas. Incluso si estamos bien versadas en el conocimiento de la Biblia y su relación con el ministerio de la reconciliación, ¿cómo sabemos realmente lo que está pasando detrás de las escenas de la vida de esta mujer?

Dt. 18:18 “Un profeta como tú levantaré de entre sus hermanos, y pondré Mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que Yo le mande”.

Is. 51:16 “Y he puesto Mis palabras en tu boca, y con la sombra de Mi mano te he cubierto al establecer los cielos, poner los cimientos de la tierra y decir a Sión: ‘Tú eres Mi pueblo’”.

Jr. 1:9 dice: “Entonces el Señor extendió Su mano y tocó mi boca. Y el Señor me dijo: ‘Yo he puesto Mis palabras en tu boca’”.

Con una dependencia total y absoluta en Dios para saber cómo y qué hemos de hablar con la mujer que está en problemas matrimoniales, podemos permitir que Dios hable a través de nosotras, por lo que no estamos solas, sino que somos sólo mensajeras de Aquel que nos envió.

Ore con ellas. Puede que le sorprenda, pero hay muchas mujeres, incluso en la iglesia, que no se sienten cómodas orando en voz alta. Algunas no saben en absoluto cómo orar. Esto es parte de su ministerio –enseñar a otros cómo orar. Sin embargo, si usted no es una persona que ora, entonces tendrá problemas guiando a otras. Asegúrese de que cuando ora con ellas, tiene el cuidado de no ser demasiado florida o espiritual. Esto hará que ellas se sientan que nunca serán capaces de orar “suficientemente bien”.

Me gusta orar una oración corta y sencilla primero, luego detenerme y pedirles que oren. Si dudan, las animo diciéndoles que el orar es simplemente hablar con Dios o el Señor de la misma manera que habían estado conmigo. La mayoría dudará por un tiempo (algunas por un tiempo muy largo), pero trato de mantenerme en silencio el tiempo suficiente para hacerles dar el primer paso. Una vez que comienzan, su corazón se abre, y están en el camino de un paseo especial e íntimo con el Señor. Mis bendiciones favoritas vienen cuando soy capaz de animar a aquellas que nunca han orado antes. Estas mujeres rezan las más dulces e infantiles oraciones que a menudo me hacen llorar.

“Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho” (St. 5:16).

Ore por ellas. Muy a menudo descuidamos orar. Decimos que vamos a orar por alguien, pero muy a menudo, nos olvidamos por completo. El mejor remedio es orar por su amiga, su familiar, su compañera de trabajo, o por la mujer en la iglesia es allí mismo y en ese momento. No hay nada que toque el corazón de otra persona más que escuchar a alguien clamando a Dios o tocando el cielo en su nombre. Cuando se me acerca alguien que me pide que ore por ellos o por otra persona, he caído en el hábito de tomar sus manos y decir, “Oremos”. No me importa quién está alrededor o lo que piensen los demás.

Más tarde, el Señor por lo general las trae a la mente otra vez, pero por si acaso, mantengo una pequeña libreta de espiral y anoto por quien he prometido orar, para poder agregarlos después a mis tarjetas de oración.

No hemos cesado de orar por vosotros. El ser “conducida” por el Espíritu es maravilloso cuando Él fielmente pone a una mujer en su corazón por quien orar, pero tenemos que ser diligentes y fieles para orar por ella todos los días. Me gusta hacer una tarjeta de 3x5 con su nombre en ella. Agrego a lápiz algunas cosas específicas que ella ha compartido conmigo de modo que pueda ser fiel a mi compromiso de orar por ella. A algunas mujeres les gusta llevar un cuaderno de oración. Cualquiera que sea el método, asegúrese de no dejar de orar por los que Dios le envía.

“Por esta razón también, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis en un manera digna del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a su gloriosa potencia, para obtener toda perseverancia y paciencia, dando gracias con alegría al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Col. 1:9-12 RVR-1960).

Camine de una manera digna

El versículo que acabamos de leer en Colosenses es un esquema maravilloso de cómo usted puede orar por cada mujer que Dios le envía. Examinemos este versículo para retomar algunas ideas maravillosas sobre lo que Dios quiere lograr en la vida de ella mientras usted amablemente la guía en su caminar hacia la restauración.

Para pedir que usted:

  • Pueda ser llena del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual…
  • Así que es posible que viváis de una manera digna del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.
  • Fortalecidos con todo poder, conforme a Su gloriosa potencia, para obtener toda perseverancia y paciencia
  • Alegremente dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (Col. 1:9-12).

Es interesante observar que la primera línea, “puedan ser llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”, contiene los mismos componentes de la construcción de una casa en Proverbios: “Con sabiduría se edifica una casa, y con prudencia se afianza; con conocimiento se llenan las cámaras de todo bien preciado y deseable” (Pr. 24:3-4). 

Enseñando lo que es bueno

Claramente debe alentar a la mujer a quien está ministrando para comenzar a renovar su mente en los caminos y los preceptos de Dios. No hay mejor manera que reunirse con ella regularmente e ir a través de este libro con ella una vez que ha salido de la “crisis”. (Esto es lo que el libro Como Dios puede y va a restaurar su matrimonio está diseñado para hacer: sacar el matrimonio de la crisis). Si usted tiene cuidado de hacer de la oración y la enseñanza sus principales objetivos en sus reuniones, con ello se eliminará tanta calumnia, autocompasión, debate y/o controversia. Tome el control de sus encuentros iniciando la oración y dedicándose al ministerio de la enseñanza. Verá que habrá poco tiempo para la plática vacía, la murmuración, la queja y la calumnia.

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino. Que enseñen lo bueno, para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tt. 2:3-5). Es un gran trabajo enseñar o alentar a una mujer en todo lo que se nos llama, pero ahora es tan fácil como invitar a su amiga a su casa, preparar un café y mirar los videos de “Ser Animada”. Muchas mujeres se sienten inadecuadas para llevar a una mujer al Señor o para que se convierta en una mujer piadosa; sin embargo, CUALQUIER mujer es capaz de abrir su casa e invitar a otra mujer a pasar un par de horas con ella una vez por semana. (Para obtener más información sobre cómo enseñar, consulte la Lección 16, “Mujeres, alienten a las mujeres más jóvenes”).

Si se siente incómoda reuniéndose sola con ella (o sabe que ella se siente incómoda reuniéndose sola con usted), entonces ore por reunir a algunas de sus amigas o de las amigas de ella una vez por semana. Se puede planificar en torno a la comida, lo que siempre atrae a la gente. Solo use las cintas de video para hacer la lección. Muchas mujeres que dirigen clases encuentran que es muy refrescante porque no son la “chica mala” o la “espiritual” que dice la verdad. Soy yo en el video con la que pueden enojarse. Y si se enojan, recuerde estar de acuerdo con ellas. Intenta entender de dónde vienen. Ponte de su lado. Esto es bíblico y puede ser la única forma de mantenerlas regresando.

En Mateo 5:25, dice, “Ponte de acuerdo pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel”.

Proverbios 18:19 declara que “El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada, y los pleitos son como cerrojos de fortaleza”.

Por último, Proverbios 16:21 nos dice que, “El sabio de corazón será llamado prudente, y la dulzura de palabras aumenta la persuasión

Si es “sabia de corazón”, será prudente. Por lo general, las mujeres que se oponen a la verdad son creyentes que viven en rebelión o no son verdaderas creyentes nacidas de nuevo en absoluto. Se necesita la acción del Espíritu Santo que le ayude a discernir si debe estar de acuerdo y ser dulce o debe declarar con valentía la verdad. Puesto que usted está en la misión de Dios, Él será fiel, siempre y cuando usted confíe en Él para guiarla. Sólo tenga cuidado de “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas” (Pr. 3:5).

Sin embargo, todos cometemos errores. No es realista creer que no va a hacer las cosas mal y reprender cuando debería haber estado de acuerdo o viceversa. Es lo que usted hace cuando comete un error lo que revelará si tiene el carácter de una mujer de Dios, o si sólo está haciendo las cosas inconscientemente. “Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse…” (Pr. 24:16). A la primera oportunidad, vaya a ella y humíllese admitiendo su error. No espere a que el enemigo venga y utilice su arrogancia para capturar a alguien que es débil de espíritu. Mateo 5:23 nos dice lo importante que es. “Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.

Proverbios 28:13 nos advierte sobre el peligro de encubrir nuestros errores, y le da una promesa a aquel que es fiel al confesar que él o ella ha cometido un error. “El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia”.

Después de ir a ella en privado, si hubo otros que fueron testigos de su error, entonces es apropiado asegurarse también de decirles a ellos. Desde que supe la enorme bendición de “hacer alarde de mis debilidades”, de hecho, trato de encontrar oportunidades para contarles a otros acerca de mis errores. “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: “Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: ‘DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES’” (St. 4:6). “Y Él me ha dicho: ‘Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad’. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí” (2Co. 12:9).

El diablo va a trabajar a través de nuestro orgullo. En lugar de animarnos a compartir nuestras faltas y debilidades, él nos moverá a que compartamos nuestras “victorias” con otros que en respuesta nos adularán por un trabajo “bien hecho”. Proverbios 29:5 nos advierte: “El hombre que adula a su prójimo tiende una red ante sus pasos”. A todas nosotros nos encanta que la gente nos admire; desafortunadamente, no es más que una trampa. Por lo tanto, cuando usted comparta una victoria con cualquier persona, ¡asegúrese de que esto es claramente lo que EL SEÑOR HA HECHO! Si es necesario gloriarse, ¡gloríese en Él! Segunda Corintios 10:17 nos dice: “PERO EL QUE SE GLORÍA, QUE SE GLORÍE EN EL SEÑOR”. Nosotras somos simplemente las vasijas que Él ha escogido. ¿Cómo podemos nosotras, el piano, jactarnos de la música que se está reproduciendo cuando es el Pianista, el Señor, el verdadero músico?

Debe ser absoluta y completamente DEPENDIENTE del Señor en cada movimiento que haga, por cada paso que da. Como líder y maestra, usted será responsable por todos aquellos a quienes el Señor le ha dado. “…Sus pastores… velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta” (Hb 13:17).

Reconciliando al mundo con Él mismo

Vamos a leer una vez más nuestro versículo de apertura. Segunda de Corintios 5:18-19: “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación”.

Su principal objetivo con su “ministerio de la reconciliación” DEBE ser el de llevar a su amiga o grupo de mujeres a reconciliarse con el Señor. Después de una década de ministrar en crisis maritales, hay una cosa de la que estoy convencida y es que un problema marital no es más que un problema espiritual que se manifiesta en un matrimonio. Por lo tanto, nuestro objetivo, el suyo y el mío, como “ministras de reconciliación”, tiene que ser el llegar a la raíz del problema: buscar la fuente de su destrucción, que es su desesperada necesidad de una estrecha e íntima relación con el Señor. Comenzamos al permitir que Dios obre a través de nosotras mientras Él suplica a la mujer rota y desesperada para que lo encuentre a Él de una manera nueva, profunda y maravillosa. “Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!” (2 Corintios 5:20).

La palabra rogar significa “pedir a alguien repetidamente”. El versículo lo dice una segunda vez: “en nombre de Cristo les rogamos…” Aunque la mujer que usted está ministrando podría pensar que es su esposo el que necesita reconciliarse con Dios, ¡la verdad es que Él primero la quiere a ella! En la mayoría de los casos, es a la mujer a quien el Señor primero intenta llegar en medio de una crisis matrimonial. La mujer, en mi opinión, es el “corazón” de la relación matrimonial, y es el “corazón” el que necesita convertirse a Dios en primer lugar antes de que la cabeza (el esposo) regrese. Sin embargo, un corazón duro no puede convertirse, necesita ser quebrantado.

Quebrantamiento

Una mujer que se encuentra en una crisis matrimonial o bien está enojada o está quebrantada. A veces verá ambas emociones, lo que a menudo significa que el enojo está siendo quebrantado, pero aún no completamente. Después de intentar durante años ayudar a las mujeres en ambas categorías, he decidido que no voy a ministrar a la mujer que no ha llegado al lugar del quebrantamiento, por las 3 siguientes razones:

  1. Realmente no tiene sentido. No importa lo que yo diga, o cómo comparto con ella, incluso compartiendo mis heridas del pasado y volviéndome transparente acerca de mis propios pecados o defectos, ella no puede oírme. Mis palabras no serán capaces de penetrar un corazón de piedra que se manifiesta a través de la ira. “Si alguno tiene oído, que oiga” (Ap. 13:9). Ella simplemente no está interesada en escuchar lo que digo.

En este momento, ella está simplemente tratando de encontrar a alguien que escuche su versión y se ponga de su lado. “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros…” (2 Tim. 4:3).

  1. Si me tomo el tiempo y esfuerzo de intentar ministrar a la mujer de corazón duro que está enojada con su esposo, enojada con Dios por permitir que esto suceda, y ahora enojada conmigo por tratar de ayudarla de una manera que ella no quiere, entonces voy a desgastarme y no seré capaz de ministrar a la mujer que está quebrantada y que está dispuesta a ser sanada. “Pero Yo les digo: alcen sus ojos y vean los campos que ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35). Hay muchos corazones que están blancos para la siega; no cometa el error de tratar de cosechar un alma antes de que esté madura.
  2. Mi reproche o reprensión eventualmente resultará en que ella se enoje más. Proverbios 29:1 nos advierte: “El hombre que después de mucha reprensión se pone terco, de repente será quebrantado sin remedio”. Esta es la misma razón por la que le digo a las mujeres que no sigan apelando a sus esposos —porque inevitablemente se traducirá en una completa ruptura de su relación. Lo mismo ocurre con la relación con su amiga, una familiar o una compañera de trabajo. Dios es el ÚNICO que puede tomar un corazón de piedra, y convertirlo en un corazón de carne. “Yo les daré un solo corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Y quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne…” (Ez. 11:19).

Asechanzas del diablo. “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11 RVR-1960). Una asechanza se define como “un plan secreto y astuto, especialmente diseñado para causar daño o perjuicio, un plan de acción sistemático”. Es una asechanza del diablo hacerle sentir que tiene que hacer más (más plática, más persuasión) para convertir a su amiga. Ninguna cantidad de palabras la va a quebrantar. Ese es el trabajo del Señor. Él permitirá un nuevo giro en los acontecimientos, más de la situación será revelado, o incluso una crisis aún mayor, con el fin de llevarla a un lugar donde ella sabe que lo necesita a ÉL. No se meta en el camino de Dios.

Más de sí mismo. Además, no deje que el diablo intente convencerla de que su llamado como ministra es más de lo que es. “Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de ustedes que no piense de sí mismo más de lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno” (Rom. 12:3). Somos embajadoras del Señor, nada más y nada menos. Es ridículo que un embajador del gobierno actúe en su propio nombre y no en el nombre del presidente o el gobernante del país a quien representa.

Un embajador es el “intermediario” que utiliza su habilidad para conciliar dos partes que están “en desacuerdo” una con la otra. “Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!” (2Co. 5:20).

Sanación

“Y curan con superficialidad el quebranto de mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz’. ¡Pero no hay paz!” (Jr. 6:14 RVA-2015).

Sanación superficial. Cada vez que tratamos de tomar el lugar del gran Médico o de administrar un bálsamo sanador aparte de la Palabra de Dios, vamos a curar a los demás superficialmente. Va a “parecer” como si estuvieran curados, pero en el fondo, el cáncer seguirá creciendo. Jeremías 8:22 nos cuestiona: ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médico allí? ¿Por qué, pues, no se ha restablecido la salud de la hija de mi pueblo?” Hay un bálsamo sanador en la Palabra de Dios, hay un Médico, entonces, ¿por qué está la salud espiritual del pueblo de Dios, los cristianos, en tan devastadora condición? Esto se debe a que hemos recurrido a las filosofías de la humanidad, dirigimos nuestra atención a la mente del hombre, la psique, y no a su espíritu. Si bien es cierto que la psique es el centro del pensamiento y la conducta, y tal vez incluso el alma de un hombre, es el espíritu que se mantendrá. El espíritu es el centro de nuestra existencia y de nuestra necesidad de Dios y Su Palabra, que alimenta y cura nuestro espíritu.

Jesús “Pero Jesús le respondió: ‘Escrito está: ‘NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS’”. (Mt. 4:4).

Omitir o limitar la Palabra de Dios de la mujer que está quebrantada, es matar de hambre su alma con el alimento por el cual ella está desesperada. Al igual que cuando una persona se muere de hambre en el cuerpo, el agua o el alimento se administran lenta pero constantemente hasta que son capaces de alimentarse por sí mismos. Líquidos primero, y luego más tarde carne, “deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación” (1Pe. 2:2).

Su Palabra los sanó. El Salmo 107:20 dice que: “Él envió Su palabra y los sanó y los libró de la muerte”. Debe usar Su Palabra cuando se trata de curar a los heridos y quebrantados de corazón. Nada más que la Palabra pura, inalterada de Dios lo va a hacer. No la diluya; debe ser dada con toda su fuerza para llevar a cabo las curas milagrosas que sólo Él es capaz de lograr. Esto es por qué tantas mujeres nos escriben sobre la increíble transformación después de leer nuestro libro de restauración Como Dios puede y va a restaurar su matrimonio (u otro libro de RMI). Esto se debe a que nuestros libros son en su MAYORÍA basados en las Escrituras; las sana en lo profundo de su espíritu, que es lo que está provocando su transformación. Cuando se combina con la “palabra de mi testimonio” es un poderoso doble golpe que las libra de los ataques del maligno ya que calma y alivia sus almas.

Abandonada

Una mujer abandonada y rechazada necesita amor, comprensión, y muchas veces nuestro tiempo. Sin embargo, nuestro objetivo debe ser, una vez más, presentarle o volver a presentarle a Aquel que “nunca la dejará ni la desamparará” (Hb. 13:5). No siempre podemos estar ahí para ella, ni debemos intentarlo. Si causamos que ella se vuelva dependiente de nosotras y no en el Señor, entonces habremos hecho más daño que bien. Debemos compartir con ella este poderoso y reconfortante principio: “‘Porque como a mujer abandonada y afligida de espíritu, te ha llamado el SEÑOR, y como a esposa de la juventud que es repudiada’, dice tu Dios” (Is. 54:6).

Dígale a ella: “Porque tu esposo [ahora mismo] es tu Hacedor, el SEÑOR de los ejércitos es Su nombre; y tu Redentor es el Santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra” (Is. 54:5). Cuando ella realmente encuentra el “amor de su alma”, ella no necesitará a nadie más —ni a usted, ni tampoco a su esposo, porque “mi Dios proveerá a todas sus [de ella] necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Flp. 4:19). Cuando la “necesidad” de una mujer que una vez estuvo “afligida de espíritu” desaparece, ella aparecerá “radiante” ante su esposo, y su corazón eventualmente se volverá hacia ella.

Sin contar sus pecados contra ellas

Juan 3:17 “Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él”.

Mateo 7:1-2 “No juzguen para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados; y con la medida con que midan, se les medirá”.

Lucas 6:37 “No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados”.

Con un ministerio de reconciliación, debe deshacerse de todos y cada uno de sus juicios. Es posible que tenga compasión por la mujer a quien está ministrando, pero si se detiene allí y juzga a su marido, usted habrá perdido el propósito de su llamado. Puede ser su trabajo escuchar sus heridas, pero no deberá juzgar a ninguno de ellos. Créame, esto es casi imposible de hacer. La única forma de que logre esto es tener “la mente de Cristo” que fue “movido a misericordia”. Jesús vio más allá de sus pecados, sus lágrimas, y sus aflicciones. Sólo a través de Él, mientras Su espíritu permanece en nosotras, vamos a encontrar y cumplir la gran comisión.

No es nuestro trabajo determinar quién es el más equivocado. En su lugar, se nos instruye ministrar la Palabra de Dios de tal manera que lleve a la mujer al Único que la puede sanar, transformar y restaurar.

Por último, antes de concluir este capítulo, permítanme compartir una nota de precaución. Asegúrese de que usted ministra solo a MUJERES. Los únicos hombres a los que con seguridad puede ministrar deben estar relacionados por consanguinidad: su hijo, su hermano o su padre. Ninguno de ellos debe ser miembro “político” de la familia tampoco. El diablo es MUY astuto. He visto a mujeres atrapadas en adulterio e infidelidad cuando intentaban ayudar a un amigo cercano o miembro de la familia que no estaba relacionado por consanguinidad. No se enorgullezca pensando que “nunca le ocurrirá” a usted. Ninguna de nosotras está exenta de nada. Es sólo por la gracia de Dios que usted y yo no hemos sucumbido a la infidelidad ya que apartados de Él, ¡nada podemos hacer!

En caso de que un hombre se le acerque, es aconsejable que lo envíe a su esposo o que le entregue un libro Como Dios restaurará su matrimonio para hombres. Si usted sabe de otro hombre que se encuentra en una situación similar, puede animarlos a reunirse como compañeros de ánimo.

En conclusión

Somos embajadoras de Aquel que nos envió. Somos el vínculo de salvación entre la mujer en angustia y la destrucción. Oramos “paradas en la brecha”, para que Él encuentre a alguien allí. Tenemos que alcanzarlas, trayéndolas o regresándolas a Su Salvador. Debemos educarlas en los caminos del Señor, enseñándoles lo que es bueno y justo, y alentándolas a medida que crecen en el amor de Dios.

Nosotras no estamos para juzgarlas a ellas ni a sus esposos. No debemos tomar el lugar de Aquel que nos envió. No estamos para sanarlas superficialmente, dándoles filosofías de hombres o diluyendo la verdad y el poder de Su Palabra. No debemos tratar de ministrar a la mujer que todavía está enojada y no quebrantada, sino dejar espacio a Dios para que termine la obra que Él comenzó.

Es un gran llamado ser un embajador de Cristo en el ministerio de la reconciliación. Es difícil y doloroso, pero también muy gratificante. Cuando elige ser enviada a los campos de batalla de la destrucción del matrimonio, se pone a sí misma en el lugar de ver los milagros de primera mano. Es un trabajo que recomiendo encarecidamente.

“Y oí la voz del Señor que decía:

‘¿A quién enviaré,

y quién irá por nosotros?’.

‘Aquí estoy; envíame a mí’,

le respondí”

Isaías 6:8

Compromiso personal: Reconocer y aceptar el ministerio de la reconciliación. “Basada en lo que acabo de aprender de la Palabra de Dios y de observar la epidemia de separación y divorcio que está ocurriendo en el mundo actualmente, me comprometo y rindo mi voluntad al deseo del Señor de ser Su embajadora. Seré fiel para ofrecer esperanza a través de un folleto o una “tarjeta de esperanza” y también estaré dispuesta a invertir mi tiempo para conducirles al Único que puede sanar y restaurar”.

"Si está lista para comprometerse con DIOS a terminar el curso, AL HACER CLIC AQUÍ ha aceptado y está lista para documentar este próximo paso a lo largo de su Viaje de Restauración en su formulario" Mi Diario". Tómese su tiempo, tome asiento, tome su café o té y derrame su corazón en su Diario.

Como "Asímismo las ancianas ... enseñen lo que es bueno, para que INSTRUYAN a las jóvenes ..." (Tito 2: 3) Tendrá la oportunidad de hablar con las mujeres más jóvenes que todavía están solteras como parte de su ministerio ".