El que ha hallado su vida la perderá;

y el que ha perdido su vida por Mi causa, la hallará.

—Mateo 10:39

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Durante las últimas semanas, especialmente cuando estoy conduciendo, he sido atraída hacia una canción que mis hijos cantan en su ensayo de alabanza. Disfruto de la naturaleza optimista de la melodía, pero son las palabras las que me cautivaron.

El coro dice así:

“Para encontrar tu vida,

Tienes que perderla,

Los perdedores se llevan la corona.”

Hace menos de cinco meses, yo perdí la vida que hasta ese momento había vivido y perseguido durante 14 años. Durante toda mi vida, había deseado una vida simple, siendo una esposa y madre; amaba quedarme en casa y nunca aventurarme fuera de mi mundo.

Hace menos de cinco meses, yo era la esposa de un pastor de una megaiglesia y había comenzado un ministerio enorme de miles de mujeres, el cual estaba fundado en mi propia restauración matrimonial. Yo era bien conocida, admirada y amada como pastora (pastora de mujeres en nuestra iglesia), y casi siempre ministraba al lado de mi esposo. También mis hijos poseían muchos puestos de liderazgo dentro de nuestra iglesia. Y debido a la atención por parte de los medios de comunicación hacia nuestra iglesia, nuestra familia era reconocida en nuestra área e incluso a nivel estatal.

Claramente, nuestra familia era de alto perfil, tanto aquí en los Estados Unidos, como en muchas otras naciones. Entonces, un día, mi mundo como lo conocía se desplomó completamente -mi esposo entró a nuestra habitación por la mañana y me informó que estaba yendo a una cita con un abogado para solicitar el divorcio y que su intención era encontrar a otra mujer para casarse con ella.

¿Qué haces cuando tu mundo se derrumba?

La canción que amo cantar dice así, “Y aunque mi mundo se derrumbe, te diré... Sobre TODO yo vivo para tu gloria!!”

No pasó inmediatamente, pero algún tiempo después, comprendí que Dios me había estado preparando para ese momento de mi vida, por mucho más de un año. Y eso significaba que yo estaba determinada a hacer justamente eso -a vivir para Su gloria. Yo sabía que Dios estaba en perfecto control y que no importando lo que pasara, el Señor era todo lo que yo necesitaba, y Él era lo único que yo deseaba. Fue por medio de mi amor y confianza en Él, que yo supe, que mi mundo derrumbándose sería usado para darle gloria a Dios.

El día en que el Señor escogió prepararme para mi viaje fue cuando escuché el mensaje que mencioné en el capítulo 1, o puede haber sido mediante un par de canciones que no podía dejar de escuchar que me hicieron reexaminar mi vida. Una de ellas hablaba de encontrar mi lugar en este mundo y trataba de una persona quien había sido capaz de mover montañas, pero que ahora estaba ausente. Quería sentirme así otra vez, ser la persona que se sentía tan viva, capaz de creer en Dios por lo imposible, y de vivir en lo extremo donde sólo mi fe me sostuviera.

Ese sentimiento ardía dentro de mí. Pero yo no tenía idea de cómo volver a ese lugar, entonces a menudo hablé con el Señor cada mañana, mucho antes de que el sol saliera y le rogaba, le urgía, que nuevamente me ayudara a llegar a ese lugar junto a Él.

Cuando comencé mi viaje, muy al principio cuando encontré a RMI y deseaba un matrimonio restaurado, en realidad se trataba de lo que Él iba a hacer por mí. Siempre es allí, en donde empezamos nuestros viajes -cuando una crisis golpea nuestras vidas. En ese entonces yo quería que el dolor se fuera y que la vergüenza (por la separación y luego por el divorcio) fuera removida de mi vida. Y también deseaba un padre para mis hijos, y yo no quería ser una madre soltera.

A pesar de todo, en algún momento durante mi primer viaje, mi enfoque cambió y con Él, mi corazón. Mi deseo se transformó en anhelar más de mi Señor que un matrimonio restaurado. Y no es de sorprender que, en cuanto a mí dejó de importarme si mi matrimonio era restaurado, ni si mi esposo regresaba, Dios volvió el corazón de mi esposo hacia mí (y hacia nuestro hogar), y mi matrimonio fue restaurado.

Este cambio en mi enfoque (y después en mi corazón) fue lo que ocurrió esta vez también. Comencé este viaje debido a lo que una relación más cercana con el Señor haría por mí. Quería sentirme amada, segura y apreciada -simplemente para experimentar todo lo que cada mujer desea sentir pero que nunca se obtiene de un esposo terrenal. Pronto, nuevamente, en algún momento dentro de mi viaje, mi enfoque cambió. En cuanto comencé a sentir todas esas cosas (amada, segura y apreciada), entonces yo deseé una relación aún más íntima con el Señor, a favor de Él, ya no tratándose de mí.

Fue allí cuando comencé a meditar el por qué Dios nos creó a todos -Dios creó al ser humano para convivir con Él. Algún día cuando el cielo nuevo y la tierra nueva sean revelados, esto es lo que todos estaremos haciendo continuamente; en una tierra donde no hay tristeza, lágrimas ni enfermedad. ¿Es suficiente para nuestro Señor y Salvador esperar hasta que cada una de nosotras abandone esta tierra para comenzar a convivir con Él, que es por lo que fuimos creadas? Yo sabía que no era así, no cuando consideré todo lo que Él ya me había otorgado.

Mi deseo más profundo se convirtió en ser para Jesús lo que Él se merece y anhela -el convivir con Él de una manera íntima y profunda. Yo quería ser, en ese momento de mi vida, como Adán (quien caminó con Dios en lo “fresco del día”), como Enoc (quien fue llevado al cielo; tal vez porque Dios disfrutaba tanto de su compañía), y como Moisés (quien habló con Dios cara a cara, tanto así que el rostro de Moisés “resplandecía como el sol”). Esto era ahora lo que yo quería y añoraba.

Aunque sé que no soy nada y ciertamente soy indigna de ser una compañera apropiada para Jesús, Dios ciertamente puede hacer que me transforme en lo que Él deseaba que yo fuera, si tan sólo se lo pedía. Entonces yo le pedí que me mostrara y me enseñara, y que me convirtiera en la compañera del Señor, la novia que Él deseaba y tanto se merecía.

Como resultado de mi petición, muchas cosas sucedieron durante el curso de los siguientes meses; algunas de las cuales me recuerdo, y otras de las cuales Dios tendrá que traer a mi memoria si se trata de cosas que debo compartir con ustedes. Lo más importante que sucedió, el momento crucial, fue cuando comencé a decirle que Él era lo único que yo deseaba, que Él era todo lo que yo necesitaba; como mencioné en el capítulo anterior.

Puede que no sea necesario que tú experimentes todo lo que Dios me llevó a recorrer, para que alcances esta cumbre en donde tu vida cambie para siempre. Si aún no has comenzado a decirle estas palabras al Señor, por favor hazlo ahora. Para animarte te diré que, por muchísimo tiempo yo no sentí esas palabras, pero muy pronto verás, como yo lo hice, que tu enfoque cambiará, y con Él, tu corazón.

Luego, debes estar lista. Una vez que hayas cambiado lo suficiente, Dios hará algo que pondrá tu vida al revés. Si estás alerta, si has pasado suficiente tiempo en tu closet de oración, tiempo a solas con Él, sabrás todo acerca de lo que se aproxima mucho antes de que ocurra. Dándote tiempo suficiente para que no seas sacudida. “‘Aunque cambien de lugar las montañas y se tambalean las colinas, no cambiará Mi fiel amor por ti ni vacilará Mi pacto de paz,’ dice el Señor que de ti se compadece.” Isaías 54:10. Él te mostrará, antes de que ocurra, que tu mundo como lo conoces, está a punto de caer, justo como lo hizo conmigo. “No tiemblen ni se asusten. Acaso no lo anuncié y profeticé hace tiempo? Ustedes son mis testigos. Hay algún Dios fuera de Mí? No, no hay otra Roca; no conozco ninguna.” Isaías 44:8.

La razón por la que tu vida está a punto de derrumbarse es porque nuestro fundamento fue creado y ha estado siendo sostenido por nosotras mismas. Sin embargo nuestro deseo, y Su deseo, es el de darte una nueva vida. El fundamento que Él está por darte es: Su vida por ti, Su fundamento, el cual está en lo alto sobre la Roca, por encima de tus enemigos, es en donde Él pondrá ese “cántico nuevo en tu corazón, un cántico de alabanza a nuestro Dios!”

“Para encontrar tu vida, Tienes que perderla, Los perdedores se llevan la corona.”

En el momento en que mi mundo se derrumbó, cuando perdí mi vida, yo encontré a Aquel por Quien Dios me había creado. La diferencia es tan importante como la diferencia entre este mundo y el cielo. Mi viaje y mi enfoque ahora, es el de compartir con mujeres en todas partes, como tú, querida, cómo encontrar y vivir la vida abundante que Él ha creado para tí.

Ya no es suficiente para mí el desear esta vida para mí, y ser la “compañera” de nuestro Esposo Celestial que sé que se merece y anhela. Yo anhelo ser Su amante, y yo quiero llamar a tantas amantes apasionadas por Él como sea posible -tantas como pueda, y por cuanto viva esta vida que Él me ha dado aquí en la tierra.

Lo que vas a encontrar, a medida que te aventures en este “viaje de por vida” es una vida que rebosa de GOZO que es realmente indescriptible. Es cada promesa esperada, ahora vivida. Es mucho más que todo por lo que has esperado, por lo que has llorado, o hasta por lo que has imaginado. Todo lo que tienes se transforma en nada comparado con lo que estás a punto de recibir por medio de tu relación con el Amante de tu alma, y de la mano de Aquel que te anhela!

Oro porque este capítulo, también, creará un anhelo mucho más grande y profundo, y un deseo tan apasionado, que comenzarás a decirle al Señor justo como tú (quieres) te sientes por Él. Cada vez que seas lastimada, estés aturdida, te sientas sola, o sientas que simplemente ya no puedes continuar, necesitas entrar en un lugar tranquilo (aún si ese lugar es la tranquilidad de tu propia mente cuando haya ruido a tu alrededor) y díle que ÉL es todo lo que tú deseas y que ÉL es lo único que necesitas.

Díle a Jesús que desde que lo tienes a Él, tienes todo lo que necesitas para hacerte feliz, para estar a salvo, para sentirte amada y completa.

En conclusión, permíteme compartir contigo algunas palabras de la canción con la que comencé.

“En tu debilidad, Él es fuerte, En tu oscuridad, Él brilla más. Cuando llores, Él es tu consuelo, Cuando estés sola, Él te LLEVA en sus brazos!”

Diario