Si ustedes Me aman, obedecerán Mis mandamientos.

—Juan 14:15

 

Creyendo que este sería el último capítulo del libro, busqué al Señor para encontrar el principio más importante para concluir: Un principio que ha cambiado mi vida, y que yo espero, también cambiará tu vida.

Lo que el Señor me dijo me tomó por sorpresa. En los días desde que Él me dijo que este capítulo debía ser sobre las bendiciones de la obediencia (la sumisión y todo eso), Él me ha revelado mucho más que espero poder compartir contigo en este capítulo. Creo que esta revelación podría literalmente cambiar el curso de tu vida, si es que lo atesoras en tu corazón y buscas obedecerlo, cueste lo que cueste.

Necesitamos leer nuevamente el versículo inicial: “Si ustedes Me aman, obedecerán Mis mandamientos” (Juan 14:15).

Para mí, el amor es la clave. Si amamos al Señor, se lo demostraremos (y a quienes están observando) por cuán determinadas estamos a obedecerlo. Ahora detente y piensa en esto por un momento.

Ahora bien, si nuestra obediencia demuestra nuestro amor por Él, nuestra falta de obediencia, nuestra desobediencia, le demuestra a Él (y a los demás) todo lo contrario. Esto quiere decir que la desobediencia dice que nosotras NO amamos al Señor. ¿Ya lo entiendes?

Si establecemos bien este principio para poder construir sobre él, la Biblia nos dice claramente que debemos someternos a las autoridades que están por encima de nosotras. Si estamos casadas, debemos someternos a nuestros esposos. Si no estamos casadas (y vivimos en casa de nuestros padres), debemos someternos a nuestros padres. Si tenemos padres que todavía están vivos, debemos honrarlos. Si tenemos un jefe, debemos someternos y ser obedientes a él o ella. Si estamos estudiando, nuestra obediencia es hacia nuestros maestros, el director, etc. Todas nosotras vivimos en un país donde hay leyes: de tránsito, leyes públicas, de estado, locales; y la lista de las autoridades sobre nosotras es interminable.

El Señor nos indica que para ser bendecidas DEBEMOS ser obedientes a cada una de estas autoridades, ya sea que estemos de acuerdo o no con ellas, ya sea que estas autoridades no sean buenas o amables, o aún si son crueles. Si todavía no estás convencida, leamos estos dos versículos detenidamente:

“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.

Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha puesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos.

Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella...” (Romanos 13:1-3).

“Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no sólo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables. Porque esto halla gracia, si por la causa de la conciencia ante Dios, alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. Pues qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios” (1 Pedro 2:18-20).

Saben, cuando leí este último versículo, entendí POR QUÉ he sido tan determinada y tan cuidadosa de ser obediente en cada momento de mi vida. Favor. La sumisión halla favor ante Dios. Yo no sé tú, pero lo que yo quiero en mi vida es estar rodeada del favor de Dios. Es así como vivimos la vida abundante -el cielo en la tierra.

Como mencioné en el último párrafo, hay algo que yo realmente quiero enfatizar en este capítulo y esa es la razón por la cual dije que soy muy “cuidadosa” de ser obediente en cada momento de mi vida. En este momento, me encuentro volando a casa, mi vuelo número 17 (y falta uno más) luego de hacer una gira por Asia, y el lejano Oriente, como se le conoce. Como he viajado por un largo tiempo, he escuchado y visto las instrucciones de seguridad en los aviones, que creo que puedo hacer la demostración yo misma! Sin embargo, todavía pongo atención y escucho ya que quiero ser obediente a la autoridad de la aerolínea, el capitán y a la asistente de vuelo. Puedes pensar que esto es una estupidez y que estoy llevando este principio demasiado lejos. Pero si elijo ignorar este nivel de autoridad, qué tan lejos lo voy a expandir -hasta ignorarlo tanto que me aleje del límite del favor de Dios? No estoy segura de qué tan grandes son los límites del favor de Dios; por lo tanto, soy muy cuidadosa en cada nivel ya que no quiero arriesgarme a salirme de él.

En todos los capítulos que he escrito en este libro (y del otro libro que he tenido el placer de escribir y vivir), el Señor ha traído situaciones en mi vida como ejemplos de los principios que Él me enseña, para que yo pueda enseñartelos a tí. Aunque tenemos mujeres muy poderosas en el ministerio y en liderazgo, recientemente el Señor ha llamado mi atención al hecho de que muchas de ellas no caminan en obediencia, y esto se expande en cada área de sus vidas. La verdad es que si tú estás bajo la autoridad de alguien y tu usurpas esa autoridad al hacer lo que tú quieres hacer en vez de lo que la persona o autoridad te pide que hagas, estás en rebeldía.

“Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra del Señor, Él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23).

Vivir en rebelión es vivir en peligro, y no quiero ser parte de eso. De hecho, ni siquiera me quiero asociar con eso. En este viaje tan largo, terminé incluso separandome de una miembro de mi ministerio de mujeres quien había estado viajando conmigo, porque ella estaba en continua insubordinación. La insubordinación no es lo mismo que la rebelión, aunque por años yo había pensado que lo era.

La insubordinación es cuando tomamos la autoridad que le pertenece a alguien que está por encima de nosotras. Puede ser, y muchas veces lo está en el matrimonio -cuando una mujer toma el control en su matrimonio y domina sobre su esposo. En los hogares de hoy, los niños son insubordinados desde que son bebés. Son los niños quienes están a cargo mientras los padres se someten a sus caprichos y demandas. Qué tragedia!

“Oh pueblo Mío! Sus opresores son muchachos, y mujeres lo dominan. Pueblo Mío!” (Isaías 3:12).

“La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el niño consentido avergüenza a su madre” (Proverbios 29:15).

Al tomar la autoridad de quien en verdad debería tenerla (recuerden que toda autoridad está establecida por Dios?), entonces estamos en idolatría. ¿Quién es nuestro ídolo? Nosotras mismas. Nos colocamos en posición de ser alabadas. Que no se nos olvide que este es el primer pecado, el pecado que creó el mundo de los demonios que pelean contra nosotras diariamente. Lucifer deseaba ser igual a Dios, y así, el pecado fue establecido. Las cosas no han sido las mismas desde ese tiempo. La insubordinación, la cual es idolatría, es algo de lo que debemos huir y evitar a cualquier costo.

Aunque yo necesitaría todo un capítulo, o probablemente un libro, para en verdad tratar con el principio de insubordinación y su contraparte de honrar a los padres, permíteme decir que en los Estados Unidos, estamos muy lejos en cuando a lidiar con padres ancianos. Los hijos adultos hoy en día tratan a sus padres con muy poco honor y respeto, que realmente me entristece y literalmente me enferma. Te diré que yo pagué un precio muy alto por continuar honrando a mis padres antes de que fallecieran, un alto precio. (Pero eso necesita estar en otro libro ya que aún no estoy preparada para tratar con ese dolor.) Pero lo haría otra vez sin pensarlo si tuviera que pasar por ello de nuevo. Si tienes padres mayores, te advierto que seas muy cuidadosa en cómo hablas con ellos, en cómo hablas sobre ellos, y de la manera en que los tratas.

“Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el Señor tu Dios te da” (Deuteronomio 5:16).

“Porque Dios dijo: ‘HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE,’ y: ‘QUIEN HABLE MAL DE SU PADRE O DE SU MADRE, QUE MUERA’” (Mateo 15:4).

Y déjame decir que no hay excusa para tratar a tus padres como si fueran tus hijos; ni siquiera si estuvieran enfermos de demencia (como Alzheimer). Todavía puedes honrar lo que sabes que ellos quisieran, justo como las mujeres comienzan a someterse a sus esposos cuando ellos no están. Honralos al tomar decisiones por ellos ya que tú sabes lo que ellos desearían si pudieran expresarlo. Y no hagas excusas de que es por su bien cuando es sólo una excusa tras la cual esconderse, porque Dios ve tu corazón.

La sabiduría y el entendimiento del que te hablo vino al pasar por él cuando lo hice todo mal, y luego encontrando el camino hacia lo correcto cuando busqué al Señor. Cuando mi padre fue hospitalizado, le dijeron que él requería un marcapasos. Pero él muy gentilmente, les dijo a los doctores (y a su familia) que él había vivido una vida muy larga y que no quería un marcapasos. Desafortunadamente, yo tenía su “poder legal,” y con ese poder, me convertí en el blanco de mis hermanos (soy una de once hermanos) para ser presionada a tomar una decisión en contra de los deseos de mi padre “ya que él claramente no podía decidir por sí mismo” y todos estuvieron de acuerdo, pero esto fue mucho antes de que la demencia lo afectara. Lamentablemente, firmé los documentos por él para obtener el marcapasos.

Por el siguiente par de años, vi a mi padre morir lentamente al punto en que él pasó los últimos nueves meses de su vida postrado en cama. Mis hermanos no presenciaron su sufrimiento ya que ellos vivían en diferentes estados y algunos hasta en otros países. Entonces, debido a lo que había hecho, tuve que ver a mi héroe (quien alguna vez fue un artista famoso y talentoso) ser incapaz de escribir su nombre o alimentarse solo. Hasta la fecha, esto ha sido el mayor error de mi vida; el haber firmado los documentos para el marcapasos y haber deshonrado a mi padre. Pagué un alto precio por mi insubordinación.

Pero como sabemos, Dios es un Dios de segundas oportunidades. Luego de cinco años, tuve la oportunidad de ser redimida y aprender la difícil lección sobre honrar a un padre, sin importar el costo. Primero, tuve que pedirle perdón a mi madre por haber deshonrado a mi padre. Ella también tuvo que sufrir y cuidar de él, cuidando de él mientras moría lenta y terriblemente; con una humillación terrible. Aunque Dios empleó ese tiempo para bien (Romanos 8:28) ya que mi madre ayudó como una de las editoras del libro Una Mujer Sabia, trabajando junto a mí cuando Erin lo revisó. Y aunque decía que esos principios eran para otras mujeres, y no para ella, Dios la transformó. Entonces Él le concedió otra oportunidad de ser la esposa que yo sé que ella probablemente siempre quiso ser para mi padre. Ella pudo obtener lo que las langostas se habían comido. Dios es asombroso. Gracias Erin.

Déjame continuar compartiendo mi segunda oportunidad. Vino en el año 2000, cinco años después de que mi padre falleciera. Mi madre se debilitó y enfermó mucho pero no quiso ir con el médico. Ella siempre había sido así. De hecho, luego que mi padre murió, mientras me hacía cargo de los documentos del seguro, la aseguradora preguntó si mi madre había fallecido. Les dije que ella no había fallecido; que seguía con vida. Pero la razón por la que ellos creían que había muerto fue que en su expediente del seguro, aparecía que la última vez que ella había consultado a un médico había sido en 1956, el día en que mi hermana más pequeña nació -treinta y nueve años sin consultar un doctor.

Entonces cuando mi madre enfermó, al igual que antes, comencé a recibir mucha presión de mis hermanos, quienes insistían en que yo llevara a mi madre al médico -pero yo me rehusé. En tan sólo unas semanas, mi madre comenzó a hablarme de “cuando yo muera...” Ella me dijo, honestamente y con mucha calma, que Jesús la podría sanar o ella iría al cielo. Nada de médicos.

Sin importar el precio, estaba determinada a honrar a mi madre y a obedecer. Sólo un par de semanas después, mientras limpiaba su cuarto, mi madre falleció en su cama, sin ningún médico. Me paré allí, escuchando, pero ella no respiró de nuevo. Tranquilamente, llamé a la funeraria. (Mi madre y yo habíamos hecho arreglos juntas, cuando hicimos los arreglos para mi padre). Me dijeron que ya que ella había fallecido en casa, yo tenía que llamar a los paramédicos para confirmar su muerte. Cuando llegaron, la policía también se presentó, y dentro de algunos minutos, tuve a cinco oficiales diferentes haciéndome preguntas. El último de ellos me preguntó: “¿Tiene idea de lo que está pasando?” yo dije que “No”, entonces él tranquilamente me informó que estaba siendo acusada por la muerte de mi madre. Ya que yo no había buscado ayuda médica, y estuve junto a ella al momento de su muerte, y no llamé al 911 cuando me di cuenta que estaba muriendo, estaba siendo acusada de tomar su vida.

Como dije antes, esto debería ser otro libro, pero como probablemente han adivinado, los cargos fueron eventualmente retirados, después de muchas investigaciones. Pero a los cargos criminales le siguieron los cargos de Servicios Familiares de “abuso, descuido y explotación de un adulto mayor.” Estos cargos también fueron retirados, muchos meses después, y después de largas investigaciones. Esto me impidió asistir al funeral de mi madre y me hizo requerir permiso especial por parte del estado para que se me permitiera mudarme a otro estado con mi familia.

No necesito decir que, fue una pesadilla que muy pocos enfrentarán alguna vez. Yo pagué un alto precio para honrar y obedecer los deseos de mi madre, pero como ya mencioné, si lo tuviera que hacer todo de nuevo, lo haría con gusto.

Una cosa que tengo por segura es que he honrado a mis padres como su hija. Por lo tanto, estoy segura de que mis hijos me van a honrar a mí y es algo que ya he observado. A lo largo de mi vida de casada, fui testigo de la deshonra de mi ex esposo hacia sus padres. Sin comprender realmente las graves consecuencias de esto, él y su hermano son conocidos por intentar decir, en especial a su madre, qué hacer y qué no hacer. Hubo muchos altercados. Yo nunca estuve en posición de poder hablar con mi ex esposo sobre ello cuando estábamos casados (ya que esto hubiera sido la misma insubordinación de la que he estado hablando). Sin embargo, después del divorcio, pude hablar con él brevemente sobre mi inquietud.

Actualmente, mi ex esposo está viviendo con su madre. Aunque ya no hablamos mucho ahora (porque él está comprometido; somos cordiales pero ya no somos amigos como antes), él me comentó de lo horrible que se siente cuando ella lo trata como a un niño. Cómo ella le reclamaba por cualquier cosa, en especial cuando él bebe. Pensé dentro de mí, que tal vez Dios le estaba dando una segunda oportunidad para arreglar las cosas con su madre. No sé si él sabe esto, o si él va a tomar la oportunidad para honrar a su madre, pero las consecuencias pueden ser más de las que él cree. Y aunque mis hijos son muy, muy respetuosos hacia toda autoridad, me sorprendió muchísimo al ver que mis hijos nunca me han motivado a buscar la restauración con su padre. De hecho, están en contra de ello. Cuando él se mudó a otro estado, y cuando luego planeó regresar al área donde vivimos “si conseguía el dinero” para hacerlo, fueron mis hijos quienes no quisieron que yo le diera ese dinero. La insubordinación es pecado, y la Biblia es clara, lo que sembramos, eso también cosecharemos. Como dije antes, esta no es la forma de ser de mis hijos. Ellos nunca han sido irrespetuosos con su padre, nunca han hablado en contra de él, o se han rehusado a hablar con él. Todo lo que puedo decir es que este versículo también es verdad:

“No se dejen engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.” (Gálatas 6:7).

Ya que hemos cubierto lo que es la insubordinación, ¿qué significa exactamente ser obediente? A veces, necesitamos ver lo que es ser desobediente para comprender completamente lo que es la obediencia. Aquí hay un ejemplo de desobediencia de una de nuestras miembros de televisión que pude observar anoche. Fui invitada a pasar la noche en la casa de esta persona (cuando ella escuchó que estaba viajando por esa área), y quien curiosamente estaba separada de su esposo. Y entonces, a última hora, el esposo de esta mujer le comentó que él no se sentía cómodo conmigo pasando la noche en su casa. Sin embargo, esto iba a crear un gran gasto para mí para poder hacer arreglos de última hora, entonces ella me dijo que aún así, yo podía pasar la noche en su casa ya que su esposo se había ido temprano en la mañana y que él no se iba a enterar. Me sorprendí mucho, pero me di cuenta de que ella en realidad no tenía idea de que lo que ella estaba haciendo era desobediencia o rebeldía. Esta mujer ama al Señor pero no tiene idea de que estaba cometiendo una equivocación.

Durante esta misma semana, una de las damas que trabaja para RMI como voluntaria, tuvo un incidente tras otro de desobediencia, junto con insubordinación cuando ella tomó una decisión sin haber consultado a Erin (ya que Erin le había dado instrucciones, pero ella decidió hacer otra cosa). Cuando vi lo que había pasado, tomé el tiempo e intenté explicar cómo obedecer, en qué consiste la desobediencia, y en cómo la insubordinación jugaba un papel dentro del esquema de las cosas que podrían salir mal. En un correo electrónico, esta mujer comentó que ella “no intentó ser rebelde,” a lo que el Señor me dijo “no tienes que intentar ser rebelde, eso viene naturalmente; debes intentar ser obediente.” Guao.

Yo creo que la raíz de la rebeldía, la desobediencia y hasta la insubordinación, se remonta a nuestra relación con el Señor. ¿Cuántas veces hemos sabido lo que debemos hacer pero hemos escogido hacer lo contrario? ¿Cuántas veces hemos excusado, ignorado o hemos razonado el por qué hicimos algo que alguien en autoridad nos dijo que no hiciéramos o que nos había dicho qué hacer pero escogimos no hacerlo?

Como mencioné anteriormente, me encuentro de regreso a casa luego de muchos, muchos vuelos. Todavía detesto volar. Todavía detesto estar lejos de mi familia. Pero aunque detesto volar (aunque al menos no tengo miedo de volar como Erin ha dicho que ella siente), yo amo al Señor mucho más y lo demuestro al obedecerle. Antes de llegar a casa, mi iglesia ya me ha arreglado una gira extensa por África y Europa, y que también puede incluir algún tiempo en Suramérica. Muchas de ustedes a quienes les encanta viajar pueden envidiarme, pero aquellas que están más cerca de mí pueden ver claramente que amo al Señor con todo mi corazón, porque saben que detesto viajar y que soy una simple hogareña. Siempre me he sentido más feliz en casa y muy contenta de cuidar de mi hogar y de mi familia. Entonces si me dieran a escoger, me quedaría en casa. Sin embargo, yo amo al Señor, y se ve a través de mi obediencia hacia Él.

“Si ustedes Me aman...” (Juan 14:15).

¿Qué hay de tí? ¿A qué nivel de obediencia vives? Confía en mí, muchas de ustedes, no tienen idea de que están viviendo en rebeldía, desobediencia o insubordinación. Acabo de observar este fenómeno en tres miembros de la iglesia, quienes yo sé que aman al Señor y están apasionadas en su deseo de ganar una mayor intimidad con Él. Pero, si estos pecados (rebeldía, desobediencia e insubordinación) están activos en sus vidas, entonces una intimidad profunda con el Señor es simplemente imposible. Esta no es mi opinión sino la de Dios. Y la única manera en que puedes romper este círculo, que obstaculiza el camino hacia una verdadera intimidad con Él, es primeramente admitir que eres pecadora.

“Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad” (1 Juan 1:8).

En segundo lugar, pídele al Señor que te revele las áreas donde estás viviendo en rebelión. Y Él lo hará.

Por último, comienza a cuidar tus hábitos de vida cotidianos para procurar maneras de obedecer. Recuerda que no necesitamos intentar desobedecer, necesitamos intentar obedecer. Entonces, cuando comiences este viaje mejorado, te vas a sorprender de lo asombroso que es caminar en la perfecta voluntad de Dios donde siempre estás rodeada de favor y bendiciones. Uno de mis mayores beneficios es poder ver a mis propios hijos “caminar en la verdad” como el fruto de mi obediencia; y ahora puedo compartir los sentimientos de Juan: “No tengo mayor gozo que este” (3 Juan 1:4).

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