Oh Señor, bendices al justo, como con un escudo lo rodeas de Tu favor.

—Salmos 5:12

 

Pareciera que al menos una vez al día me encuentro intentando encontrar seguridad: para protegerme a mí misma, ya sea emocional, física, financieramente o en cualquier otra manera.

Intentar encontrar protección también se extiende a querer proteger a mis hijos. ¿Cuál madre no intenta proteger a sus hijos? Sin embargo, yo he observado que, cuando me encuentro acorralada, mi protección (para mí y para mis hijos) no es ninguna protección en realidad.

Si has vivido una situación de maltrato, entonces sabes qué tan enredada está tu vida con planes para encontrar seguridad y protección. Ya sea que el maltrato sea verbal, emocional, físico o sexual, tú intentas a como dé lugar de detener lo que sea y a quien sea que viene contra ti (y/o en contra de tus hijos).

No fue sino hasta que alguien me confrontó en cuando a mis creencias sobre el maltrato, y hablo del peor tipo de maltrato para una madre (cuando un padre abusa de su propio hijo), que escuché lo que el Señor hablaba a través de mí cuando la luz de la sabiduría se encendió! Yo dije: “Una madre no puede proteger a su propio hijo; no cuando se trata de su esposo (en cualquier área de la vida del niño) ya que ella no puede siempre estar junto a ellos —solamente Dios puede protegerlos! Cuando intentamos tomar la posición protectora de Dios, es entonces cuando dejamos expuesto al niño a los ataques que el Señor pudo haber prevenido si se lo hubiéramos dejado a Él.”

Esta revelación que el Señor me dió me hizo detenerme y ver hacia atrás en mi propia vida donde pude ver claramente que, cuando yo finalmente dejé de intentar protegerme a mí misma, el Señor tomó el control y encontré la seguridad y la protección que me habían faltado!

Recordar lo que Él había hecho por mí incrementó mi nivel de confianza en Él, al punto en que fui capaz de usar esa misma confianza con mis hijos unos años después. La primera vez fue cuando mi esposo les anunció a mis hijos que se iba a divorciar de mí, y después cuando él les presentó a la otra mujer por la que me había dejado. No hay nada que tú ni yo podamos hacer para detener este tipo de exposición que, de tener la opción, no permitiríamos que nuestros hijos sufrieran. A decir verdad, si tú estás en mi posición y tienes en tus manos papeles de divorcio que dictan que tu esposo posee todos los derechos de la ley, entonces necesitas recordar que aún sin un documento escrito, Dios les dio esos hijos a ambos padres (a tí y a su padre). Entonces ¿qué ocurre cuando las cosas no salen conforme a lo planeado y el miedo comienza a surgir?

Muchas mujeres hoy en día escapan: a veces por el “bien de los niños” y otras veces lo hacen por su propia seguridad. Pero honestamente, quién de nosotras quiere ser una fugitiva, escapar de su hogar, lejos de sus amigos y familia, y vivir huyendo, con temor a ser encontrada por quien estamos escapando? Las mujeres huyen porque sienten que es su única opción, pero en realidad la es? ¿Podemos verdaderamente confiar en Dios para que nos proteja si colocamos nuestra confianza en Él? Y a veces, la pregunta más difícil es: ¿Puede Dios realmente proteger a nuestra amiga, hermana o a nuestros hijos —o alguien a quien amamos cuando ponemos nuestra confianza solamente en Él?

Por las Escrituras sabemos que David se involucró en el mal hábito de huir. Aunque él había visto al Señor ayudarlo a matar a Goliat, él huyó del Rey Saúl y luego, años después, huyó de su propio hijo. Muchas de nosotras también lo hemos hecho. Huimos, y aún así hay otras personas que eligen resistir y pelear. Personalmente, yo creo que ninguna de las dos opciones nos protegen como mujeres. Las mujeres anhelan y necesitan ser protegidas. Entonces, una vez más, ¿podemos verdaderamente confiar en el Señor para protegernos?

Muchas de nosotras hemos confiado en Él con nuestro destino eterno, cuando lo aceptamos como nuestro Salvador, pero puede Él realmente salvarnos ahora mismo de lo que se levanta contra nosotras, o lo que se levanta contra aquellos que amamos y quienes deseamos proteger? La respuesta es Sí, por supuesto que Sí. Todo lo que debemos hacer es caminar en fe, nuestra fe EN ÉL, para ver esa protección materializarse.

La protección, por fe, es igual que cualquier otra confianza: requiere que la dejemos completamente en las manos de Dios. Cuando confiamos en el Señor por nuestra salvación, Él es Quien lo hace, no nosotras “para que nadie se gloríe” —simplemente lo aceptamos. No es algo que podamos hacer —solamente aceptamos Su regalo y creemos que Él lo ha hecho. Nosotras sencillamente caminamos en Su salvación y confiamos en que somos salvas.

Cuando confiamos en el Señor con nuestras finanzas, Él es quien provee “todas nuestras necesidades conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Pero si nosotras tontamente intentamos ayudarlo, observamos que pronto nuestras finanzas no son suficientes para pagar las cuentas. Se necesita confianza. ¿Podemos confiar en Él?

Creo que para responder esa pregunta en esta nueva área de nuestras vidas, ayuda si recordamos cómo Él nos ha protegido en otras áreas de nuestra vida. Si nos tomamos el tiempo para contar nuestras bendiciones, y las muchas maneras en que Él nos ha protegido en el pasado, y si las contamos y las enumeramos una por una, esto ayuda a incrementar nuestra fe. Esto es lo que yo he hecho, junto con recordar las veces en que lo he intentado hacer yo misma, y he fallado totalmente.

Comencemos con las finanzas, ya que esta es un área muy grande para algunas de ustedes quienes son madres solteras. Cuando me enfrentaba a este dilema, con tantos hijos viviendo en casa y sin recibir manutención; primeramente, Dios apiló las probabilidades contra mi al traer a mi sobrina a vivir con nosotros, y después a mi hermana menor. Saben algo, no deberíamos de sorprendernos o escandalizadas ni consternadas cuando las cosas se acumulan, ya que esto es un patrón para Dios. Es Su manera de demostrarnos lo increíble que es Su poder!!

Es entonces cuando Él entra y comienza a hacer lo imposible. Pero primero tiene que verse imposible. Contar y enumerar las veces que Él me ha protegido: cuando mis finanzas fueron espantosamente atacadas, yo no perdí mi hogar, ni decayó el estándar de vida de mi familia -sino que mejoró!! No fue sino hasta que yo comencé a manejar mejor nuestras finanzas, y comencé a intentar controlar la situación, que comencé a tener miedo y nuestras finanzas lentamente comenzaron a disminuir. Después la situación tomó una mejor dirección cuando tomé la decisión de no verificar nada o intentar manejarlo (algo que fue difícil de hacer) y descubrí que mis cuentas bancarias estaban nuevamente llenas y rebosantes. ¿Puede Dios protegernos financieramente cuando confiamos en Él (y le obedecemos)? La respuesta, si se lo entregas por completo a Él, es “Sí.”

Obedece

Ya sabes que la obediencia juega una gran parte en nuestra protección. A la larga, estamos siendo “destruidas por falta de conocimiento.” Si violamos un principio Bíblico (osea, una ley espiritual; como la ley de gravedad) una y otra vez, entonces erróneamente creemos que Dios no está protegiéndonos, cuando en realidad somos nosotras quienes nos hemos expuesto al peligro.

Por ejemplo, ya que estamos discutiendo finanzas, cuando somos ignorantes al mandamiento de que debemos diezmar y si no lo hacemos entonces le estamos robando a Dios, pronto nos encontramos en un lío financiero. Para nosotras las que hemos conocido la bendición y la promesa del diezmo, y hemos obedecido (no importando si parecía que no podíamos pagarlo), y simplemente hemos confiado en Dios -hemos descubierto que Él es fiel y lleno de favor mientras nos rodea con los deseos de nuestro corazón, y no solamente suple nuestras necesidades!! Yo personalmente he descubierto (como tantas otras me han mencionado) que mientras más confío en Dios y doy (no de mi abundancia, sino cuando parece que no hay suficiente) veo que las ventanas del cielo se abren, y lluvias de bendicion han caído sobre mí!

No importa cuánto he confiado en el Señor con mis finanzas, esa confianza no hubiera resultado en abundancia si yo no hubiera primeramente sabido que he sido ordenada a diezmar y a dar (aún cuando físicamente no tenía lo suficiente), y luego haber tomado un paso de fe para lograrlo. No importa cuánto creas que el Señor puede salvarte, no es sino hasta que te rindes ante Él, que eres transformada en nueva creatura. Lo mismo ocurre con tu protección.

Por último, había llegado a un lugar donde sabía que no podía lograrlo: el protegerme a mí misma ni a mis hijos. Creo que cuando confiamos en el Señor (con nuestros hijos y nosotras mismas) Él no siempre nos “libra” de la prueba o de la crisis. Dios no promete remover el mal que viene contra nosotras, pero Él sí promete usarlo para nuestro bien mientras caminemos a través de él.

La mayoría del tiempo, Él nos llama a pasar a través del fuego, a pasar la noche dentro del foso de los leones, y a caminar a través del Mar Rojo. Aunque quisiéramos escoger evitar estas situaciones, estas son las que a la larga nos convierten en nuevas criaturas que demuestran lo diferentes que somos, y cuánto hemos cambiado. Pasar por el divorcio (la segunda o tercera vez para mis hijos mayores) es lo que hizo a mis hijos diferentes del resto de los demás. Es lo que les ha dado el evidente carácter piadoso (es así como ellos son en el fondo, a puerta cerrada, y es así como reaccionan al ser acorralados). Este carácter piadoso es lo que quiero para mis hijos; por lo tanto, yo dejo ir y rindo el control que tengo sobre sus vidas, y entrego TODA mi confianza en el Único en Quien podemos confiar -mi Amado!

¿Cómo puedo creer tontamente en que yo podría hacer un mejor trabajo protegiendo a mis hijos, que lo que puede hacer el Señor?

Recientemente, me sentí obligada a proteger a mi hermana con necesidades especiales, quien fue amenazada con ser colocada en un hospital mental por la directora de su apartamento de asistencia médica. Ocurrió a la mitad de una de nuestras conferencias de mujeres, y simplemente no tuve tiempo para el juicio! Mientras conducía hacia el aeropuerto, hablé con el Señor sobre ello, después de intentar proteger a mi hermana sin ningún éxito. Fue entonces cuando mi Amado me recordó de cómo, cuando se dio la oportunidad (ya que le había entregado mi protección a Él en lugar de protegerme a mí misma), ÉL me había protegido, y que Él haría lo mismo por mi hermana. Caminé en fe y no intenté proteger su reputación o evitar el examen que hubiera podido enviarla a un hospital mental (si Dios no hubiera estado en control).

Si no puedo confiar en Dios, entonces en quién? Todo lo que sé es que Él es fiel, y lo que es mejor es la paz que viene cuando dejamos ir y le rendimos todo a Él. ¿Cómo podemos en verdad elegir preocuparnos y/o trazar un plan, cuando sabemos que no somos capaces de lograrlo, cuando sabemos que simplemente podríamos entregárselo a Él y no escoger hacerlo nosotras mismas?

A muchas les encanta contarme sobre alguna situación que resultó en tragedia cuando una persona “supuestamente” confió en Dios. Sin embargo, cuando les hago preguntas, ellas admiten que la persona de quien están hablando casi siempre retomaba el control e intentaba protegerse ella misma -eso hacemos todos o no? Creo que es por eso que usualmente la situación de otra persona nos causa sentirnos inseguras al confiar en Dios, y esto también provoca confusión. Nadie en realidad sabe lo que sucede en la vida de otra persona, aunque esa persona sea nuestro familiar o nuestros propios hijos.

No cometas el error de ver lo que crees haber visto en la vida de alguien más o lo que has escuchado. Nadie más que Dios conoce la condición de su corazón y toda la situación. Aquellos que toman su decisión de fe basados en un testimonio de segunda mano están en peligro de cometer un grave error, que resulta en perder bendiciones y ser vulnerables a dificultades innecesarias.

Una vez que dejé de intentar cuidar mi reputación, fue cuando mi reputación dio un salto a la prominencia en lugar de lo que debió haber pasado, considerando la situación. Cuando dejé de intentar proteger mis emociones, sentí el amor del Señor rodeando mi corazón aún cuando muchas cosas se levantaban contra mí: el divorcio, otra mujer, y mis hijos participando en la boda de mi ex esposo. En el mundo real, esto hubiera devastado a una esposa y madre como yo. Sin embargo, porque yo confié en el Señor (y solamente porque confié en Él para proteger mi corazón), ahora estoy prosperando y nunca me había sentido tan amada!

El Señor ha estado trabajando en esta área de mi vida por varios años. Probablemente fue hace dos años cuando mi vida tomó un giro y finalmente me rehusé a protegerme a mí misma de cualquier tipo de maltrato que ocurre cuando un esposo no está de buen humor. Un esposo infeliz casi siempre cree que es la culpa de su esposa y se desquita con ella. (Lo mismo ocurre cuando una esposa infeliz culpa a su esposo). Muchas mujeres con un corazón amable y puro intentan desesperadamente complacer a sus esposos, pero el problema casi nunca está en ellas.

Cambiarme a mí misma (al seguir los principios con un corazón puro) y protegiéndome a mí misma (sin importar qué método empleara) nunca funcionó. No fue sino hasta que me rendí y se lo entregué a Dios que Él tuvo lugar para protegerme, y luego Él me libró. Sin embargo, yo sé que si yo hubiera huido o continuado tratando por mi cuenta, yo todavía tendría miedo y me encontraría buscando protección y seguridad en vano. La bendición de caminar a través de la prueba es que ahora sé que Dios es un Dios protector -entonces puedo confiarle a mis hijos. Aleluya!!

Querida lectora, no importa que tan GRANDE sea tu prueba, o tu perpetrador, o el ataque del enemigo, Dios es MÁS GRANDE. Él no está desconcertado o atemorizado ni consternado acerca de esa situación o por esa persona que te ataca. Él es capaz de crear algo bueno de la situación y en cada ocasión mientras tú le rindas todo a Él y confíes en Él para tu protección (para tí misma y la de aquellos a quienes amas).

Cada fuego refina y purifica. Cada león cierra su hocico. Y cada área, sin importar qué tan grande sea, puede ser calmada o dividida con tan sólo una palabra de Dios.

Epílogo del Capítulo

Desde que escribí esto, Dios se ha movido a favor de mi hermana —alabemosle!

En primer lugar, ambas nos rendimos (incluyendo a mi hermana quien tiene la fe y la mente de una niña) y confiamos en que la directora (quien estaba intentando internarla) estableciera una cita, la cual poseía el potencial de internarla en un hospital mental. Yo no oré ni ayuné (no porque no crea en el poder de la oración y el ayuno, sino porque no fui “llamada” a ayunar —yo simplemente confié en Dios), y ¿cuál fue el resultado? El doctor dijo que él no creía que ella necesitara un examen mental!!

Por si eso fuera poco, el día de hoy, mi hermana me dijo que la directora, quien tan desesperadamente intentó internarla, se va a IR. Así nada más!!! Ella pidió que la transfirieran. GUAO

¿Se puede confiar en Dios? ABSOLUTAMENTE!!

Diario