El que ha hallado su vida, la perderá;

y el que ha perdido su vida por Mi causa, la hallará.

—Mateo 10:39

 

Rendirse es el camino que lleva a la vida abundante, y como tal, es algo con lo que luchamos. Rendirse simplemente significa dejar el control de nuestra vida y colocar nuestro destino en las manos de alguien más. Sin embargo, mientras mantengamos el control sobre cualquier aspecto de nuestra vida, perderemos la oportunidad de obtener completa libertad, la libertad que trae alegría y paz.

Cuando nosotras rendimos nuestras “vidas” al Señor y aceptamos Su plan de salvación, estamos tomando el primer paso. Todas nosotras podemos recordar la libertad y el gozo que supone: sentirse limpia, perdonada, y por primera vez, un futuro brillante. Pero Dios aún no está satisfecho (gracias Jesús) con dejarnos allí. Él nos dice que Él desea llevarnos de gloria en gloria (2 Corintios 3:18).

Mientras nos movemos de gloria en gloria, Su Espíritu Santo lentamente nos comenzará a mostrar áreas en nuestra vida que necesitan ser refinadas. A la larga, Él nos pedirá rendir esa cosa (o persona) en nuestra vida y colocarla en Sus manos amorosas —es SU plan para nuestras vidas, “Hágase Su voluntad.” Normalmente comienza con una prueba o sentimientos que nos abruman: simplemente ya no podemos seguir o ya no podemos enfrentarlo. Es entonces cuando intentamos hacer “un último plan” o reconocemos que nuevamente estamos en un lugar de rendición.

“Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí.” (Juan 15:4).

El Señor me ha llevado a rendir muchísimas cosas y personas en mi vida que cualquiera podría pensar que ya no queda más que darle a nuestro Salvador. Pero ahora yo creo (a la edad madura de 50 años) que nuestros listados no tienen fin, y que ustedes y yo nunca llegaremos al fondo del barril.

Por ejemplo, cuando llegué a los cuarenta, con el nacimiento de mi último bebé, descubrí que tenía un problema de peso. Las dietas que siempre habían funcionado ya no eliminaban la “grasa de bebé” que quedó luego del nacimiento de mi hija. Para complicar más la situación, mi familia tiene un historial de problemas de tiroides. La mayoría de mis hermanos se encuentran medicados de por vida, y aún así, continúan luchando con su peso, insomnio, manos y pies fríos, todas estas señales me exigían atención después de mi último parto, pero fue el cuerpo que ví en el espejo lo que llamó mi atención.

Dios no iba a dejar que yo llevara esa carga, “Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera” (Mateo 11:30). Entonces, en lugar de eso, fue Él Quien por su gracia comenzó a “apilar las cargas” en mí hasta que fueron demasiadas para que yo las llevara. Un día yo clamé al Señor y simplemente le rendí mis problemas de peso a Él. Desde ese momento (hasta el día de hoy) nunca me he pesado otra vez o cuidado lo que como, ni busqué ayuda médica para mis síntomas de problemas de tiroides como mis hermanos me habían insistido a que hiciera.

Por supuesto que, si el Señor me había dirigido a buscar ayuda, yo hubiera obedecido. No está mal buscar ayuda médica como lo hizo el rey Asa: “En el año treinta y nueve de su reinado, Asa se enfermó de los pies. Su enfermedad era grave, pero aún en su enfermedad no buscó al Señor, sino a los médicos” (2 de Crónicas 16:12). Sin embargo, Dios quiere que vayamos a ÉL primero y luego Él nos guiará por el camino de la salud, ya sea por medio de doctores o de alguna otra manera. Mi creencia personal es que depende de tu viaje en particular y en el estado actual de tu fe.

Lo que me parece interesante es que, nuestro desafío más grande NO está en nuestra rendición inicial, sino en los siguientes tres o cuatro meses cuando estemos tentadas a “hacer algo.” Si es tu peso lo que has entregado, seguirás pensando que “por lo menos” deberías reducir lo que estás comiendo, o beber más agua, o agregar más frutas y vegetales a tu menú. Tal vez ejercitarse regularmente sería importante. Pero si tú simplemente resistes esa tentación, muy pronto el Espíritu Santo tomará el control. Y mientras esperas, pasa más y más tiempo con el Señor y cada vez que pienses en eso, sigue entregándoselo a Él. Y hazte un favor, y resiste la tentación de ayudar a Dios—yo misma lo he intentado y no funciona.

El resultado de rendir mi peso fue el nunca tener que hacer dieta otra vez. Dios me mantiene en el peso en que yo debería estar y Él no se detiene allí. Mis hijos, en especial mis hijas, están encantadas de que Él también me mantiene dentro de la moda actual para demostrar Su gloria y no mi propia fuerza de voluntad. La gloria dentro de todo esto en mi vida está en que puedo usar el tiempo que normalmente usaría para concentrarme en hacer una dieta (cuidar lo que como, contar calorías o carbohidratos, pesándome, ejercitándome vigorosamente etc. etc.), para buscar más del Señor y estar libre para pasar más tiempo pensando en Él! Éste es mi versículo favorito que recitaba en mi mente y en mi corazón, y al cual me aferro:

“... no se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:25, 33).

Entonces, justo el año pasado, cuando se me dieron las finanzas y toda la deuda que traía el divorcio (como he mencionado en muchos capítulos anteriores), inmediatamente me sentí abrumada, así que simplemente le pasé esa carga a mi Amado Esposo. Sin embargo, cuando comenzó a tratar conmigo y a darme la sabiduría y el conocimiento que me faltaban, me encontré a mí misma razonando y trazando planes —sólo para terminar sintiéndome igual de abrumada y atemorizada que antes. Una vez más, y una y otra vez, tuve que rendirme y admitir que: “sin Él, nada se habría hecho” (Juan 1:3)! El resultado fue que la paz y el gozo volvían a surgir cada vez que entregaba esta área de mi vida, y mi único trabajo consistía en resistir el planear o siquiera el pensar en ello.

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:5-6).

La verdad es que—el pensar y razonar siempre llevarán a preocupaciones y temor, lo que quita tiempo y energía lejos de la intimidad con el Señor. Él me ha dicho una y otra vez que Él no necesita una esposa o una ayudante -Él es absoluto. Lo que Él anhela es una novia quien no está estresada o ensimismada con problemas.

Una de las muchas cosas que amo del Señor es que por Su gracia Él tan amorosamente me ha dado muchas cargas —todas al mismo tiempo durante el año pasado, solamente para que yo se las entregue a Él y disfrute de un año completo de una luna de miel de ensueño. Muchos, que no conocen o que no entienden el amor incomparable que Él siente por nosotros, piensan que cuando algo terrible sucede, o cuando muchas cosas ocurren a la vez, que de alguna manera es Dios Quien los está castigando o que Él no está allí para ellos —en especial cuando las situaciones los comienzan a abrumar, y no pueden ver una salida. Pero eso está muy lejos de la verdad! La verdad es que Él nos ama tanto que Él no quiere que luchemos ni carguemos con ninguna cosita que pueda fatigarnos con preocupaciones o angustias. Él sabe que a menos que se vuelva muy difícil de llevar, no lo entregaremos a Sus pies.

Mientras preparaba y reflexionaba en este capítulo, me di cuenta de que me había sentido muy agobiada en tantas áreas de mi vida que no tenía idea que todavía estaba intentando mantener todo bajo control y hacer que las cosas pasen por mi cuenta. Por favor comprende que en cada área de mi vida he buscado a Dios por ayuda, pero en el momento en que mi matrimonio restaurado colapsó con la declaración de que mi esposo buscaba el divorcio, yo me di cuenta de que (durante años) yo había intentado cumplir con lo que siempre había deseado para mi vida. Siempre había querido ser simplemente una buena esposa, una ama de casa que educa a sus hijos en casa, y simplemente encargarme de nuestro hogar. La verdad es que estaba muy feliz y contenta de estar en casa, y que cuando no salía de mi casa por más de una semana me sentía aún más feliz.

Pero un día mi vida cambió en un instante. No tuve opción, en realidad, más que buscar al Señor completamente y rendirle mi futuro por el de Él. En un momento, me encontré viajando, lo cual me aterrorizaba ya que no me gusta conocer gente nueva o estar en lugares desconocidos. En un momento me convertí en el sostén de la familia y la proveedora de mi extensa familia, e instantáneamente, me convertí en una pastora y administradora del ministerio de televisión a nivel mundial de una mega iglesia. Pero al ver hacia arriba, al rostro de mi Amado, fui capaz de “lograrlo todo” y hacerlo fácilmente, solamente porque rendí todo completamente a Él. En lugar de tener que intentar, fue Su fuerza, Su sabiduría, la esencia de Su amor lo que logró todo.

Han pasado nueve meses desde que todo eso sucedió, y he sido llamada a enfrentar una nueva área de mi vida a la cual le tengo cariño: educar en casa —es acerca de qué hacer con la educación de mis hijos menores. Debido a mis tantos viajes, los cuales no son una opción (si mantengo mi puesto dentro de la iglesia al igual que el puesto anterior de mi esposo), junto con las oportunidades que se han abierto para mis hijos mayores que ya no les permiten ayudarme en casa, mis hijos menores casi siempre trabajan solos en sus estudios. Esto sí trae beneficios, pero sin el seguimiento o por lo menos alguna guía, me doy cuenta que no están recibiendo la educación que se merecen. Se hizo claro hace unas pocas semanas, que debía entregar esta área de mi vida a Él, pero no sin antes que el enemigo gritara en mi oído: “qué pensará la gente si pones a tus hijos en la escuela pública!” Entonces el enemigo me recordó e insistió en que “la vergüenza que pasé cuando todos se enteraron del divorcio. Seguramente esto es prueba de que mis hijos van directo a la escuela pública.”

La verdad es que Dios no está diciendo nada de eso. Él simplemente desea liberarme y me ha pedido que le entregue este aspecto de mi vida —y me ha recordado de cuánto he intentado ser una esposa perfecta, sólo para que mi matrimonio se acabara. La misma gente quienes, como los amigos de Job, pensaron o me dijeron que debí haber fallado en seguir los principios encontrados en Una Mujer Sabia, probablemente tendrían mucho de qué hablar cuando se enteraron de que mis hijos comenzaron a asistir a la escuela pública.

Sin embargo, allí estaba, esta voz suave y dulce que me recordaba cómo Él me había llevado a través de ese período tan difícil y devastador de mi divorcio reciente y de cuánto GOZO tuve, esa alegría pura que nunca imaginé que fuera posible. Él me recordó que esta alegría vino mientras me movía hacia mi miedo en lugar de caminar hacia atrás, y que mi reputación se encontraba nuevamente en Sus manos.

Mirando hacia atrás, cuando comencé a viajar, yo quería echarme para atrás y esconderme; pero en lugar de eso, caminé hacia mi miedo, y fue allí cuando las cadenas que me ataban comenzaron a caer. No cayeron de una vez, pero mientras me rendía en lugar de intentar superarlo,fueron cayendo una por una. La Biblia dice que somos más que vencedoras, pero no es porque tengamos esa habilidad dentro de nosotros. Sino que es el Señor Quien nos hace más que vencedoras cuando ponemos nuestra confianza en Él.

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe” (1 Juan 5:4).

Las finanzas también se han presentado a agobiarme y a causarme temor. Pero mientras camino hacia mi miedo, y escojo DAR cuando Él me presenta la oportunidad, el Señor fielmente ha comenzado a tomar el control, y yo sé que pronto saldré de la deuda sobrenaturalmente.

Hoy me encuentro en un lugar en mi vida donde (finalmente) estoy convencida (debido a la prueba de Su amor en mi vida) que todo lo que Él me llama a hacer o a pasar, a la larga me llevan a libertad y a obtener bendiciones! Todo lo que debo hacer es esperar a que Él se manifieste.

Pero, permíteme ser completamente transparente. No pasa un día en el que yo no piense en que debo hacer algún tipo de plan para darles a mis hijos una mejor educación o me pregunte cómo puedo hacer un presupuesto, o calcular, o hacer algún gráfico para ver cómo salgo del desastre financiero en el que me encuentro. Pero gracias al Señor, yo me resisto para dejar espacio para que Dios demuestre Su gloria. Solamente debo permanecer inmóvil (en mente, cuerpo y espíritu) y saber que Él es Dios.

Querida lectora, no importa en qué área de tu vida estés luchando ahora, en vez de aferrarte, entrégasela al Señor. No uses tu fuerza o ninguna otra habilidad natural para manejarla o arreglarla (y por el amor de Dios, no busques ayuda en otro lado). En cambio, date cuenta qué tan cierto es este pasaje y medita en él.

“Yo soy la vid verdadera, y Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en Mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto... Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer” (Juan 15:1-5).

Entrega todo lo que te ha agobiado al Señor hoy, en este mismo momento, para que Él pueda darte más de la vida abundante de lo que tú has imaginado.

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